miércoles, 7 de junio de 2017

Annie Mae Patterson: La Bruja Blanca de Rose Hall

La historia que nos ocupa trata sobre la mansión Rose Hall, una casa embrujada de estilo gregoriano emplazada en la mística Jamaica. Según cuentan las leyendas locales que han perdurado a través de los años, en esta casa habitaba el terrateniente John Palmer, el cual contaba con una gran fortuna debido a sus prósperas plantaciones de azúcar en las que hacía trabajar a esclavos.
El señor Palmer comenzó un romance con Annie Mae Patterson, una chica procedente de Francia, con la que se casó en 1820. Lo que comenzó como un matrimonio feliz, terminó desembocado en un tortuoso final de terror que protagonizó la propia Annie Mae, a la que sólo le movía apoderarse de la fortuna y tierras de su esposo. Para ello, Annie no tuvo reparos en acuchillarlo en su propia cama hasta matarlo, con el fin de convertirse en la señora absoluta de la hacienda Rose Hall.
No se sabe si Annie siempre tuvo ese carácter pérfido, o lo desarrolló en Jamaica, pero sí se sabe que suspiraba añorando las luces y la algarabía de París, ya que la vida en Jamaica le parecía aburrida y penosa. También hay que pensar que en aquellos tiempos las mujeres estaban en clara desventaja social frente a los hombres, y una solitaria viuda podría ser una presa fácil para los delincuentes. Quizás por eso Annie desarrolló esa imagen de mujer fuerte y despiadada con una coraza para protegerse del peligro.
A su primer esposo le sucedieron otros 2 maridos, que también corrieron su misma suerte, aunque el segundo murió envenenado y el tercero estrangulado. Con estos fallecimientos la fortuna de Annie aumentó, ya que heredó todos los bienes de sus infelices cónyuges. Para deshacerse de los cadáveres, Annie ordenó a sus esclavos que sacaran los cuerpos empleando los pasadizos subterráneos hasta llevarlos a las playas cercanas donde serían enterrados.
Para no levantar sospechas, Annie contaba que la fiebre amarilla se había llevado a sus maridos, cosa que no pareció extrañar a conocidos y lugareños de Bahía Montego. Quizás no sospecharon nada, o no quisieron preguntar para evitar inmiscuirse en terrenos escabrosos. De todas formas eran tiempos en los que la ley brillaba por su ausencia, y no se realizaban investigaciones ante el fallecimiento de una persona.
Annie era una mujer envuelta en un halo de misterio a la que siempre había atraído el ocultismo y disfrutaba practicando magia negra y vudú. Se cuenta que realizaba sus perversos cultos en la hacienda y tenía sometidos a sus más de 3.000 esclavos a los que atemorizaba con su poder y trato despiadado. Posiblemente aprendió el arte del vudú de algunos de sus esclavos más experimentados, que para ganarse el favor de Annie y una vida más larga, la instruyeron en las técnicas de brujería. Esto le hizo ser conocida con el sobrenombre de "La Bruja Blanca de Jamaica".
Por la mañana, Annie comenzaba su día asomándose al balcón que hay en la fachada delantera, y dictaba las órdenes del día a los esclavos que se reunían en este patio de la casa. Sus ordenanzas incluían castigos e incluso ejecuciones.
En la parte inferior de la mansión se encontraban los sótanos, donde Annie torturaba impunemente a los esclavos indisciplinados. Y cuando sentía la llamada del deseo, bajaba a los barracones donde estaban sus esclavos y elegía a un compañero de alcoba. Cuando se hartaba de él, el pobre hombre era liquidado sin contemplación y se enterraba en una tumba sin marcar.
Aún así, pocos incautos intentaban escapar de la hacienda, ya que Annie había ordenado sembrar cepos escondidos por todo el perímetro de la plantación y eso era suficiente para disuadir a posibles prófugos. Los que no cumplían el toque de queda, eran perseguidos por la propia Annie, quien se lanzaba de cacería humana a lomos de su caballo acechando a los desertores. Luego las "presas" se encadenaban y eran marcadas con fuego para ser devueltas al barracón.
La hacienda de Annie poseía más de 24 Km2 y era una plantación colonial, que como todas las de Jamaica tenía extensos terrenos en los que destacaba un gran caserón edificado de forma que fuese visible desde varias millas a la redonda. El dueño del latifundio se asemejaba a un señor feudal, con dicha mansión como su castillo en el que moraba. Las clases sociales estaban muy marcadas, y una minoría apoderada explotaba a una mayoría oprimida, resultando en un sistema social conducido por el miedo, algo que Annie sabía explotar al máximo.
En la mansión de Rose Hall se infundía temor a los esclavos hasta límites que iban más allá de lo físico, ya que Annie podía acusar un daño peor que el estigma de un latigazo. Como decía, esta despiadada mujer había sido instruida en los secretos del vudú haitiano hasta convertirse en una poderosa hechicera. Empleaba sus poderes mágicos contra cualquier persona que se interpusiese en sus intereses, ya fuese una competidora en el ámbito amoroso o algún vecino que le resultase molesto.
La maldad de Annie no distinguía ni tenía límites, y en su finca de Rose Hall utilizaba su poder de forma cruel y sangrienta, llegando a matar niños si era preciso para emplear sus huesos en ceremonias demoníacas. Cuando se trataba de aplicar el mal, no existía ningún sacerdote vudú que igualase las energías mágica de Annie.
En 1831 se produjeron cambios importantes en la sociedad colonial de Jamaica, ya que el parlamento inglés decidió abolir la esclavitud. Los potentados jamaicanos aplazaron estas nuevas legislaciones todo lo que pudieron, lo que provocó una gran tensión entre la población negra, que finalmente se tradujo en agitadas revueltas por todo el país.
La revolución también alcanzó la hacienda de Rose Hall. Finalmente la cólera más fuerte que el temor, y un grupo de insurgentes se adentró en la finca, ascendió por las grandes escalinatas y asaltó los aposentos de Annie. Entonces liquidaron a la que ellos llamaban "La Bruja Blanca", y desfiguraron sus restos para luego lanzar los despojos por la ventana.
Un vecino sepultó a Annie en un túmulo sin identificar y se dispusieron 3 cruces en 3 de los lados de su tumba para encerrar el poder de la bruja blanca, dejando un lado libre sin cercar para que el espíritu de Annie pudiese salir y deambular cuando así lo desease.
Otra versión sobre la historia de su muerte nos cuenta que Annie tenía contratado un capataz que era un poderoso brujo vudú, un hecho que él le ocultaba aun a riesgo de su propia vida. El capataz tenía una joven hija a la que había concertado un matrimonio con un atractivo joven de la plantación. Desafortunadamente, la lujuria de Annie se fijó en este joven, y pronto se le llamó para complacer a la señora de la casa. Como el capataz sabía el destino que deparaba al joven, comenzó los preparativos para proteger al chico de los procedimientos de usar y tirar que empleaba Annie con sus amantes.
Pero Annie no siguió su patrón habitual, y ebria de sensación de poder, mató al joven esa misma noche, en vez de jugar con él durante una semana hasta cansarse como solía hacer. Quizás el chico se opuso a sus atenciones y declaró quien era su verdadero amor. Sea cual fuese la razón, el joven fue asesinado, su novia quedó consternada y el capataz entró en cólera, decidiendo acabar con La Bruja Blanca a toda costa.
Construyó una tumba en un bosque cercano, a la vista de la mansión, empleando rituales y señales de vudú. El capataz entonces entró en la casa, enfrentándose a Annie, y se enzarzaron en una lucha psíquica y física. El capataz pudo matar a Annie, sacrificando su propia vida en el proceso. Los esclavos, que conocían los planes del capataz, enterraron el cuerpo de La Bruja Blanca en una tumba especialmente preparada, diseñada para evitar que pudiese levantarse de ella para vagar por la plantación. Pero no realizaron el ritual correctamente, permitiendo que Annie pudiera escapar del hechizo. Se dice que ahora su fantasma deambula por la mansión a su antojo.
De esta manera finalizó el cruel recorrido de Annie Mae Patterson, de la que incluso se duda de su existencia. Según otras fuentes, Annie nació en 1802 y no era francesa, sino de madre inglesa y padre irlandés. Cuando Annie tenía 10 años, sus padres y ella se trasladaron a Haití para vivir, pero un años más tarde sus progenitores contrajeron la fiebre amarilla y murieron. La niñera adoptó a Annie y fue esta mujer quien le enseñó brujería. Cuando Annie tenía 18 años, la niñera murió, y como no podía volver a Inglaterra al no poseer allí familiares, buscó un marido acaudalado en Jamaica. Fue así como conoció a John Rose Palmer y se convirtió en la segunda señora de la mansión Rose Hall.

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