sábado, 10 de junio de 2017

El ventrilocuo que utilizaba el cuerpo de un niño como muñeco

La ventriloquia es el arte que practica la persona, llamada ventrílocuo, que es aquel que sabe modificar su voz, ya sea de forma real o con el timbre cambiado, de manera que parezca venir de lejos. El término proviene del latín "ventrilocuus", "el que habla con el vientre", pues se creía que la habilidad era resultado de algo no muy corriente, que durante la respiración se realizaba en el estómago y que el sonido se originaba allí.
Aunque en realidad, el sonido proviene de la garganta, creando la ilusión de que proviene de otro lugar. Por eso, son importantes los movimientos del muñeco: tiene que parecer que articula las palabras, su mirada es importante, para fijarse en el público cuando se dirige a él y al ventrílocuo cuando le contesta. Por supuesto, nadie piensa que es el muñeco el que está hablando, simplemente las personas se dejan maravillar por ese tipo de "trucos". En cualquier caso, nos dejamos llevar por la ilusión de que el muñeco tiene vida, y para que la ilusión sea total, es muy importante dominar el habla invisible.
Aunque hay que reconocer que el tema de la ventriloquia no deja de ser un poco "peliagudo", ya que siempre hay una pequeña posibilidad de que el muñeco sea real y no mentira, ¿verdad? Bueno, pues hoy vamos a explicar un caso que dejó a todo el mundo aterrorizado. Un tema que también trata de un ventrílocuo bastante famoso.
En la década de 1920, la ventriloquia se convirtió en un espectáculo muy concurrido, que llenaba las salas de los principales teatros de los Estados Unidos. Entre todos los ventrílocuos de la época, hubo uno en concreto que, a pesar de que decían que su espectáculo no era el mejor, consiguió hacerse famoso en muy poco tiempo.
Su nombre era McCarthy, un ventrílocuo cuyo acto era bastante simple, pero conseguía sorprender a todo el que lo veía. En su acto, hacía uso de un solo personaje durante toda la función: Edgar, un muñeco que representaba a un niño regordete entre los 9 y 10 años de edad, pero con rasgos muy extraños que no podían dejar de mirar.
Sus manos eran demasiado reales, tenía una boca muy expresiva, y su estatura muy distinta a la de un muñeco de ventrílocuo habitual. Edgar era más alto, y sus ojos, aunque eran lo de un muñeco de madera, reflejaban un vacío que era imposible dejar de mirar.
McCarthy nunca dejó que nadie se acercara a Edgar. Muchos creían que el muñeco hablaba sin mover los labios debido a brujería, y la fama en torno a la posible influencia demoníaca sobre McCarthy y Edgar llegó a tal punto, que muchos padres prohibieron a sus hijos asistir a sus espectáculos.
Una noche, cuando estaba de gira en Nueva York, alguien llamó a la puerta del camerino de McCarthy, pero no contestó nadie. Algunos preocupados, llamaron a la policía para que se acercaran y comprobaran el lugar. Al entrar, el cuerpo del ventrílocuo tenía el cuello destrozado, le habñian dado 27 puñaladas, le habían sacado los ojos y, junto a él, había un baúl cerrado.
Cuando abrieron el baúl, encontraron al muñeco Edgar, el cual provocó extraños escalofríos a los policías. Al examinar el muñeco de cerca, se dieron cuenta de que se trataba de un niño de verdad. O al menos su cadáver, con una horrible máscara de látex, que cubría su pequeño rostro pálido.
Nunca se llegó a descubrir quién pudo asesinar a McCarthy, ni cuál era la identidad del niño, ni tampoco cómo se las averiguó el ventrílocuo para conservar un cadáver en perfecto estado durante algunos meses. Sea cual fuera la verdadera identidad del muñeco, hay que reconocer que se trata de un caso verdaderamente espeluznante.

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