martes, 10 de octubre de 2017

Académico puede haber descubierto la tumba de Jack el Destripador

El enigma en torno a la identidad del asesino británico Jack el Destripador no solo ha tenido en vilo al Reino Unido, sino también a todo el mundo, ya que los asesinatos atribuidos a esta persona entre los años 1880 - 1890 destacaron por su crueldad.
Existen numerosas teorías que pretenden arrojar luz sobre el infame criminal. Una de ellas ha sido propuesta por el autor británico y funcionario de apoyo comunitario David Bullock, quien también asegura que se trata de Thomas Cutbush, y además sugiere conocer la ubicación de la tumba del presunto asesino en serie, informa el diario The Sun.
Bullock lleva estudiando los delitos de Jack el Destripador desde su adolescencia. En su nuevo libro "The Man Who Would be Jack: The Hunt for the Real Ripper" revela nuevos detalles que apoyan la teoría sobre Cutbush. El autor logró acceso a los archivos del hospital psiquiátrico Broadmoor Hospital, en el condado de Berkshire, y descubrió el sitio de la tumba familiar de Cutbush en el cementerio de Nunhead, al sureste de Londres.

El académico ha confesado que "LAS PERSONAS SIEMPRE DECÍAN QUE CUTBUSH MURIÓ EN BROADMOOR, PERO AL VER LOS ARCHIVOS PUDE VER QUE NO ESTABA ENTERRADO ALLÍ".
Las teorías han incluido hasta un centenar de sospechosos, pero Bullock sugiere que solo algunas de ellas son viables. Según ha señalado, Cutbush trabajaba en el barrio londinense de Whitechapel, donde fueron asesinadas la mayoría de las víctimas, y lo "conocía al dedillo". El hombre también "sentía odio hacia las prostitutas", lo que también confirmaría la versión, ya que las mujeres asesinadas eran prostitutas de áreas pobres.
Además, Bullock descubrió en los archivos que según los propios familiares y conocidos de Cutbush, el hombre podría estar vinculado con los asesinatos. El sospechoso se interesaba por la medicina, la cirugía y la anatomía: dibujaba imágenes de mutilaciones y mentía a las personas diciendo que trabajaba como médico. Según ha revelado el autor, el presunto delincuente alegaba que una prostituta le contagió una enfermedad. Poco después, Cutbush decidió curarse por sí mismo, pero quedó desfigurado.
Eventualmente, el hombre fue arrestado en 1891 por agredir a dos mujeres, después de lo cual la serie de asesinatos finalizó.
Según los registros médicos revelados y publicados en el diario The Independent en el 2008, Cutbush era "un joven raro, trastornado y violento", que fue diagnosticado como una enfermedad mental en 1891. En la época cuando se perpetraron los delitos, Cutbush trabajaba como recepcionista, y en 1888 "se volvió loco".

jueves, 5 de octubre de 2017

Leyenda de la doncella cierva Aldara

Se dice que hace muchos años, cuando todavía los abuelos de nuestros abuelos no habían nacido, vivía en un castillo de tierras de Cervantes (hoy de la provincia de Lugo, partido judicial de Becerreá) un señor llamado Froyás, de ya más que media edad que tenía dos hijos: el mayor, varón, tenía por nombre Egas y su hermana, Aldara.
Los dos hermanos se querían mucho, y aun cuando la tierra es muy fragosa, algunas veces iban juntos a dar un paseo a caballo.
Aldara, que era una hermosa doncella, tenía un enamorado admirador, el joven Aras, hijo del señor de otro castillo de la misma comarca, y como sus padres no se llevaban mal entre sí, parecía que el casamiento no habría de tardar mucho tiempo en efectuarse.
Pero una tarde, a la hora de la comida no apareció Aldara en su lugar habitual. Preguntó su padre por ella, y preguntó también el hermano. Nadie supo decir nada, nadie sabía dónde podría hallarse. Se registró todo el castillo de arriba abajo; pero Aldara no apareció. Al fin, un ballestero que había estado de guardia en la puerta del castillo, dijo que la vio salir, al mediar la mañana, y que le pareció que iba hacia el riachuelo que corría al pie del monte en el cual se asentaba el castillo.
Temiendo una desgracia, allá fueron padre e hijo, con escuderos y criados, a recorrer la ribera. Pero nada pudieron encontrar a pesar de sus detenidas y minuciosas pesquisas.
Enviaron entonces un mensajero al castillo de Aras. El muchacho se presentó desconsolado, acompañado de sus gentes, y todos juntos emprendieron una búsqueda general por los montes y bosques de los alrededores y por las pallozas y caseríos; pero sin obtener mejor resultado.
Después de algunos días de indagaciones inútiles, y ya dada por definitivamente perdida Aldara, pensaron que podía haber sido muerta por algún jabalí o por algún oso, o tal vez destrozada y comida por los lobos.
Transcurrió mucho tiempo; ya nadie se acordaba de Aldara, de no ser su padre y su hermano, que todavía la añoraban a pesar de considerarla muerta.
Un día Egas, andando de caza, llegó a un bosquecillo de la montaña en busca de algún urogallo. Cuando volvía hacia el castillo con una pieza colgada de la cintura, quedó sorprendido al ver una hermosa cierva blanca como el campo de la nieve que retozaba plácidamente.
Armó apresuradamente la ballesta y con certero tiro envió una flecha a la cierva que, herida de muerte, cayó derribada sobre la hierba.
Fue tan rápido el encuentro, que no pensó en que estando solo y a pie no podría llevar aquella preciosa carga. Entonces, con su cuchillo de monte cortó una de las patas delanteras de la cierva, la guardó en su zurrón y, observando bien el lugar en donde se hallaba, pensando en volver con los criados que pudieran recoger y transportar la cierva, siguió camino del castillo. Cuando llegó, contando a su padre tan extraordinaria caza, sacó del zurrón la pata de la cierva.
Ambos quedaron horrorizados: en lugar de la pata, lo que Egas halló en la bolsa fue una mano; una mano fina, blanca, suave; una mano de doncella hidalga. Y en uno de los dedos de aquella mano lucía un anillo de oro con una piedra amarilla. El anillo que llevaba Aldara.
Enseguida corrieron en loca cabalgada monte arriba, hasta el lugar donde Egas había derribado la cierva. Allí estaba, tendida en el suelo, la infortunada Aldara, con su vestido blanco en el que, junto al pecho, una gran mancha de sangre señalaba el lugar donde la flecha había herido el corazón de la joven. Y en un brazo faltábale una mano.
Aldara había sido, sin duda alguna, encantada en figura de cierva y sólo con la muerte recobró su cuerpo de doncella.
¿Qué gigante, qué mago la encantó y por qué? Jamás pudo saberse.

martes, 3 de octubre de 2017

Leyenda de la Dama del Monte Das Croas (Salcedo, Pontevedra)

En el monte "Das Croas" estaba encantada hace mucho tiempo, quizá siglos, una joven de gran belleza. Su morada era un pazo que existía en el interior del monte referido, en el cual se guardaba el tesoro del mouro o gigante que la tenía encantada. Eran muchos los que deseaban encontrar aquel tesoro, pero nadie descubría la caverna o entrada por donde se podía entrar en aquel pazo.
La dama, señora o hada encantada aparecía algunas veces a la vista de los hombres que iban por el monte antes de rayar el sol; pero tampoco nadie se le acercó jamás, porque como era cosa de encantamiento, sentían cierto recelo; así que huían de ella.
Una vez la vio un niño que conducía las ovejas de su padre, y parece ser que estaba aquella señora sentada sobre una piedra, peinándose los cabellos con un peine de oro. La hada le llamó y pidió que le diera un cordero; pero el niño no le respondió y huyó asustado. Llegó a casa y, tartamudeando por el miedo que llevaba y también por la carrera que se había dado, contó a su padre cómo había visto a la hada del monte y esta le había pedido un cordero.
Entonces, el padre dijo al muchacho que volviera al monte y le diera el cordero a aquella señora, no fuera que tomara a mal que se lo negase y después perdieran todo el rebaño o les viniese alguna otra desgracia.
El pequeño volvió entonces al monte; pero cuando llegó, ni vio las ovejas ni vio a la señora. Se echó a llorar; se dedicó luego a registrar todo el monte a ver si encontraba las ovejas y gritaba llamándolas. Después de mucho buscar, como no las encontraba, cuando se iba ya para casa, de pronto, vio delante de sí mismo al hada, que llevaba sus ovejas y esta dirigiéndose a él le dijo:
"NON TEÑAS MEDO POL-AS OVELLAS, QUE EU CHAS GUARDARÉI; MAS, VAS IRE OUTRA VEZ Â TUA CASA E DISLLE A TEU PAI QUE VEÑA, QUE TEÑO DE LLE FALAR".
(No tengas miedo por las ovejas, que yo te las guardaré; pero, ve otra vez a tu casa y dile a tu padre que venga, que tengo que hablarle).
Entonces el niño volvió junto a su padre y le dijo que el hada del monte Das Croas quería hablarle y que fuera en su busca. El padre, aunque muy receloso, fue hacia el monte pensando en lo que podría acontecerle, puesto que todo era cosa de encantamiento.
Pero la señora, cuando lo vio, le dijo que se acercara a ella sin temor alguno, que nada malo había de pasarle, sino que, por el contrario, si guardaba el secreto de lo que ella iba a decirle e hiciera lo que le ordenase, tendría muchos bienes y venturas.
El caso fue que desde entonces el hombre se hizo rico en poco tiempo, pues su hacienda aumentaba y las cosechas le producían unos rendimientos muy superiores a los de todos los demás. Se decía, que el hombre aquel era quien llevaba al monte Das Croas todo cuanto precisaba la señora encantada para su sustento, aun cuando él nada decía, ni cosa alguna respondía si le preguntaban algo que con ello se relacionase.
Un día aquel hombre enfermó; tan grave se puso, que ya no se contaba con él y todos le daban por muerto. Pero sucedió que mientras su mujer tuvo que salir de casa para atender su hacienda, sin que nadie supiera cómo, la hada del monte Das Croas le salió al paso y le preguntó cómo estaba su marido. La mujer no le respondió y como le tomó miedo; salió corriendo a todo correr. Pero cuando llegó a su casa vio con espanto a la señora junto a la cama y que su marido había mejorado de tal modo, que ya no parecía encontrarse en el grave estado de antes.
Cuando marchó la hada, la mujer preguntó a su marido cómo aquella señora había ido hasta allí y qué le había hecho para que se encontrara tan mejorado; pero él no quiso decirle nada acerca de eso. Pero tanto y tanto porfió la mujer, que al fin le contó cuanto había sucedido desde que la vio en el monte, así como los remedios que le aplicó con unas hierbas que había traído.
¡Desgraciado! Se dijo que tal vez por hablar de más quebrantando el secreto, al día siguiente apareció muerto; y parece ser que tenía todo el cuerpo como si hubieran estado apaleándole, lleno de magulladuras y cardenales.

Los secretos si no los guardas, traicionas al que te lo cuenta.

jueves, 28 de septiembre de 2017

El fantasma de Blick House Plantation

Construida en 1720, esta legendaria casa de ladrillo de Carolina del Sur (EE UU), parecía estar destinada a ser escenario de un trágico triángulo amoroso. Se cuenta que una joven muy bella llamada Amelia, llegó a la casa de ladrillo para visitar a sus parientes. Ella acababa de ser comprometida en matrimonio a un caballero de una familia prominente, pero por giros y vueltas del destino, conoció a un joven plantador de familia rica y de inmediato se enamoró. Le escribió a su prometido, informándole de que le liberaba de su compromiso, pero él se negó, y advirtió solo que se presentaría en Blick House en demanda de una explicación.
Amelia intentó explicarle que ya no lo amaba y que deseaba casarse con otra persona. El pretendiente despechado quiso hacer oídos sordos. Dejando la casa de ladrillo, montó en cólera, y gritó con ira:
"NUNCA TE CASARÁS CON ÉL. PREFIERO VERTE MUERTA".
Días de haberle dicho esto, la boda de Amelia llegó por fin, y la amenaza de muerte fue olvidada. Su tío costeó una lujosa boda de su sobrina. Un barco de vapor privado estaba esperando en su muelle para llevar a la pareja de recién casados a Charleston. Blick House se llenó de invitados y sirvientes. Se dedicaron horas en preparar una comida espléndida.
Amelia se estaba vistiendo para su boda, cuando ella escuchó una voz suave, que le llamaba por su nombre. Se acercó a una ventana abierta, y miró hacia el crepúsculo. De pronto, un tiro rompió en el aire mientras el júbilo de los invitados fue silenciado abruptamente. El novio corrió hacia el piso de arriba, atravesando desesperado entre la multitud: fue el primero en llegar a Amelia, pero ni él ni nadie podía ya ayudarla. Ella yacía muerta en el suelo, su vestido de novia blanco estaba empapado en sangre. Casi en el borde de la ventana, se veía una pequeña impresión roja, a la izquierda, cual una fotografía de la belleza asesinada, mientras caía al suelo. Y sentado allá afuera, en un enorme roble, estaba el villano, el galán olvidado, quien tras cumplir con su cometido usó su pistola sobre sí mismo: su cuerpo cayó con un ruido sordo en el suelo.
Muchos intentos se han hecho para cubrir esa extraña "fotografía de muerte", impresa en la ventana. Ninguno ha tenido éxito. La imagen escarlata continúa sangrando a través de capa tras capa de pintura oscura y gruesa puesta sobre ella. Cada año en la noche del 13 de Agosto, aniversario de la tragedia, según dice la leyenda, se pueden escuchar gritos procedentes del antiguo edificio - hoy en ruinas: el interior de la casa de ladrillo fue destruida por el fuego hace mucho tiempo, pero la fachada permanece intacta -; también los aromas de una suculenta comida pueden ser percibidos por los transeúntes y la música puede ser escuchada a través del viento.
Amelia se ve a menudo en la ventana de su piso de arriba, con su vestido de novia brillante luz de la luna, mientras que en el muelle, como las suaves olas, los motores de un inexistente barco de vapor se puede escuchar mientras se prepara para un viaje que nunca se realizó.
Así termina el relato de Amelia, el fantasma de la casa de ladrillo.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Angie Fenimore, la mujer que visitó el Infierno

Es un relato común que cuando las personas están al borde de la muerte se encuentran con un escenario brillante, un mundo de tranquilidad en el que parecen hallar la paz que nunca han tenido en su vida terrenal. Estas experiencias son consideradas por quienes las han estudiado extensamente como la prueba definitiva de que existe alfo más allá de nuestra realidad, y que hay un lugar al que vamos a parar cuando morimos.
Pero en ocasiones el escenario que visitan está lejos de ser este mundo idílico. Por el contrario, se trata de un lugar oscuro y cruento, uno lleno de desesperación y en el que la desolación parece ser un compañero constante.
Esto, claro, refuerza las nociones que tenemos sobre la existencia de un cielo y un infierno: el primero un lugar donde se premia la bondad, el segundo, uno en el que se castigan la maldad y el egoísmo. Al primero van a parar únicamente quienes son dignos de ello.
Angie Fenimore fue una mujer que intentó suicidarse en 1991. Afortunadamente para ella, el asunto salió mal y no pudo terminar con su vida de manera exitosa, sin embargo, pudo echarle un vistazo a lo que habría sido un futuro de haberlo hecho.


El suicidio de Fenimore ocurrió el 8 de Enero de 1991, tras años de una relación bastante problemática y nunca haber podido superar sus traumas de abuso infantil. La mujer consideró que no existía otra salida y decidió terminar con su vida.
De acuerdo con su relato, la clásica visión de un escenario lleno de fuego y lava no tiene nada que ver con la realidad. Ella se encontró, primero, con una especie de reproducción completa de su vida en la que pudo ver y evaluar cada una de sus decisiones pasadas y, sobre todo, cómo estas decisiones la habían llevado a aquel momento específico. Pudo ver, casi tocar, el momento preciso de su muerte, la culminación de su suicidio. Y entonces, todo cambió.
Cuando terminó su vida, llegó la oscuridad. Sus ojos pronto se adaptaron a ella, y pudo distinguir en la penumbra a un número importante de personas que se encontraban cerca de ella. Todas andaban lento, como pensativas. Todas parecían adolescentes.
Cuando pudo detallarlas se dio cuenta de que tenían rostros sin expresión alguna, observando absortos el suelo delante de ellos. Antes de que pudiese aprender mucho de ellos, fue "succionada" por alguna entidad o poder inexplicable y llegó a otro lugar de aquel mundo tenebroso.
De nuevo, había multitud de personas, pero ningún niño. Fenimore sentía que podía comunicarse con todos, que tenía la capacidad de conocer cualquier historia solo con desearlo. Pronto se dio cuenta que podría conocer todo sobre estas personas.
Pero que al mismo tiempo no podía esconderse de ellas. No tenía nadie con quien conversar. No tenía ninguna razón para saberlo.
Y entonces llegó la soledad.
De acuerdo con la mujer, nada puede compararse con el desespero que sintió en aquel momento. El hecho de saberse sola, abandonada y eternamente condenada a permanecer en aquel lugar le generó un vacío que ninguna persona podría jamás comprender. Todos quienes se encontraban allí parecían llevarlo dentro; sus rostros no mostraban expresión alguna, sus movimientos no parecían tener ningún objetivo.
Y entonces apareció Dios.

La conversación que la mujer narra con Dios consiste, básicamente, en un breve diálogo seguido de una especie de "iluminación", de su comprensión final de que hacía parte de un todo mayor y se había desviado de su misión divina al cometer suicidio.
Al final, queda claro para ella que creen en la posibilidad de ser salvada hizo toda la diferencia. Tras la experiencia despertó en el mismo lugar donde había intentado suicidarse, convencida de que debía darle a la vida una nueva oportunidad.

Hospital Manuel Lois - Huelva

En pleno corazón de la capital onubense se alzaba majestuoso uno de esos edificios encantados y a la vez malditos que aún perviven en la realidad y en el recuerdo de muchos. Se trata del antiguo Hospital Manuel Lois. En la actualidad, el edificio fue derruido pero durante más de 15 años de abandono se produjeron en él numerosos sucesos misteriosos, y es en sus últimas plantas donde muchos testigos aseguran haber presenciado toda una serie de fenómenos extraños, entre los que destaca la aterradora aparición de una enfermera o monja fantasma que paseaba por sus oscuros y destartalados pasillos.
Al ser desalojado, en el interior del hospital quedaron numerosos enseres y materiales. Una noche, sin saber cómo, unos cuantos colchones que todavía permanecían allí comenzaron a arder de forma inexplicable en la cuarta planta del edificio. El fuego alcanzó unas dimensiones considerables, por lo que los servicios de extinción de incendios de Huelva tuvieron que acudir para sofocar las llamas, tarea que resultó muy dura. Uno de los bomberos participantes en las tareas de extinción, explicaba: "ENTRE EL HUMO PUDE DISTINGUIR CLARAMENTE LA SILUETA DE UNA PERSONA; FUI HACIA DONDE SE ENCONTRABA, SIN EMBARGO SE ALEJABA DE MÍ. VESTÍA ROPA DE ASISTENCIA SANITARIA PERO DE OTRA ÉPOCA. RECONOZCO QUE EN ESE MOMENTO SUFRÍ AUTÉNTICO PÁNICO". En esa misma planta ya se han producido en los últimos años 6 incendios sin motivo aparente.
En los pisos del lugar se encontraron pentagramas, velas y tableros de Ouija, de jóvenes o incluso grupos que trataron de establecer comunicación con aquellas apariciones, en el lugar se sentía mala energía, tristeza, debido a tal vez las numerosas historias que nacieron en el lugar por los pacientes que allí murieron.
Varias personas que han entrado en el lugar, afirman a ver visto a una mujer de blanco que llora en las noches, incluso se han oído camillas y objetos que se mueven solos por el lugar, sonidos de ultratumba que se expanden por todo el lugar, de lamentos y de tristeza.

Son varios los testigos que afirman haber visto en esta última planta a una "dama blanca" que llora por las noches y cuyos quejidos crispan los nervios de los empleados de urgencias. Algunos de ellos han tenido que solicitar la baja por depresión, ataques de nervios e histeria. Hace años la zona de urgencias comunicaba con el resto del edificio mediante un pasillo que tuvo que ser tapiado, precisamente debido a la visión en los pisos superiores de esa extraña presencia que asustaba a los empleados. Aún hoy escuchan ruidos de camillas y sillas de ruedas en movimiento, como si estuvieran en funcionamiento, además de lamentos, gritos y sonidos propios de instrumental médico. Y esto sucede en un lugar que registró ya hace años la salida de su último paciente. En el interior del hospital, los trabajadores se dejaron instrumental y mobiliario. En este sentido, son muchas las voces que afirman, esta vez en forma de rumor, que una de las circunstancias que aceleró el proceso de deshabilitación del edificio fueron precisamente los extraños sucesos que relatamos.
Los acontecimientos paranormales se suceden y encontramos que también hay zonas donde los animales son propensos a sentirse amenazados o rehuyen entrar en las plantas señaladas. Tenemos, por ejemplo, la historia de "Danko", un perro que se sintió acechado por "algo" invisible, o la entrada de otros animales guardianes en este edificio que concluyeron con un acobardamiento del animal ante una presencia invisible, que primero provocó su agresividad, para luego inducirle a huir tembloroso.
Otro vigilante de seguridad pudo se partícipe, junto a su perro, de la aparición de la dama de blanco y sentir sus lamentos:
"ME ENCONTRABA EN MEDIO DE LA OSCURIDAD MÁS ABSOLUTA, SOLO PORTABA UNA PEQUEÑA LINTERNA. FUE ENTONCES CUANDO EL PERRO COMENZÓ A TIRAR DE MÍ Y, AL CRUZAR UNA ESQUINA, ME TOPÉ ANTE UNA PRESENCIA FANTASMAL FEMENINA QUE VENÍA HACÍA DONDE ME ENCONTRABA".
Nuestro protagonista sufrió de un ataque de nervios que, con el tiempo, provocó en él la caída del cabello.
Vecinos del coloso onubense también se atrevieron a entrar en su interior con el fin de sustraer algunos de los objetos abandonados en su desalojo. Así, una pareja tomó una lámpara de quirófano que instaló en su casa, llevándose la desagradable sorpresa de que ésta parecía tener vida propia y se accionaba o apagaba a voluntad, atemorizando a sus nuevos "propietarios". La lámpara no volvió a funcionar bien, hasta que finalmente la dejaron en el lugar de donde fue sustraída: la cuarta planta del hospital.

sábado, 16 de septiembre de 2017

El sanatorio de la Alfaguara - Granada

La alemana Bertha Wihelmi decidió dedicar su vida a los demás luchando contra la tuberculosis tras que su hermana falleciera de dicha enfermedad, que por aquella época era en muchos casos incurable. Como mal menor, los infectados por la mortal dolencia que eran tratados a tiempo, disfrutaban de una muerte digna y de cierta calidad de vida en el escaso tiempo que los separaba de su inexorable final. Aquel triste suceso marcaría para siempre a la alemana. Con la intención de prestar auxilio a aquellos que sufrieran con la enfermedad que se había llevado a su hermano a la tumba, se instaló en Alfacar. En este hermoso rincón de la geografía española construyó un sanatorio, obra en la que empleó todos sus ahorros.
El enclave, rodeado de bosques, sería el lugar perfecto para recuperación, aunque tan solo fuese parcial, de los pacientes. Los granadinos acogieron con entusiasmo la inauguración del hospital y la prensa de la época elogió ampliamente la iniciativa. Pronto sus instalaciones estuvieron repletas de afectados, que disfrutaron de las bondades de Bertha y sus enfermeros. Sin embargo, de la noche a la mañana sucedió algo extraño y el hospital fue clausurado. Los enfermos se vieron obligados a desalojar el centro, el cual desde entonces permanecen en un lamentable estado de abandono.
Cuenta la leyenda popular que Bertha no pudo soportar por más tiempo la ausencia de su hermano y se suicidó en una de las habitaciones del sanatorio, posiblemente ahorcada. Otras versiones, quizá más realistas, apuntan que su fallecimiento estuvo provocado por un derrame cerebral. El caso es que tras la desaparición de Bertha nadie continuó con la obra de la buena mujer. Hoy en día el antiguo hospital es poco más que unos muros viejos, decrépitos y destrozados, que tan solo nos permiten imaginar la estructura de lo que en su momento fue el edificio que colmó de esperanzas a enfermos condenados a morir. A partir de entonces, si atendemos a las declaraciones de diferentes testigos, entre las paredes del hospital continúan habitando "presencias invisibles".

Dos investigadores granadinos, Juanjo y Antonio Guzmán, llevaron el peso de la investigación sobre los extraños sucesos en el hospital de Bertha. Durante años convirtieron aquel rincón de la Sierra de Alfaguara en su centro de operaciones. Ambos sufrieron en el lugar un fenómeno de difícil explicación, cuando atravesaban en automóvil el pueblo de Alfacar. Su coche, como casi todos los que están en circulación desde hace años, posee un sistema electrónico en el que aparece la fecha y la hora. En un determinado momento observaron como los números de la pantalla de cristal líquido comenzaban a cambiar hasta reflejar una fecha y hora diferentes.
Los investigadores no le dieron mayor importancia al suceso. Sin embargo, tiempo después, los lugareños les narraron el caso de un hombre que se ahorcó en un árbol cercano al viejo sanatorio a mediados de los años 70 del pasado siglo. Sorprendentemente, la fecha y hora de la muerte del individuo coincidían con las que habían aparecido en la pantalla LCD del automóvil semanas antes. Este desconcertante hecho se repetiría en el caso de otros visitantes, tal como pudieron averiguar tiempo después los investigadores. Durante décadas, visitante y excursionistas experimentaron extrañas sensaciones en las inmediaciones del decrépito sanatorio. De hecho, existe una zona muy cercana al viejo hospital, tranquila y resguardada, que es muy frecuentada por campistas.
Éstos, en más de una ocasión han sufrido algunos "percances" que han provocado su huida. Por ejemplo, muchos de ellos han narrado que sus tiendas solían aparecer rajadas, cuando nadie más se encontraba en la zona. Otros visitantes ocasionales, en este caso senderistas, afirman haber percibido ciertos sucesos desconcertantes. Desde el curioso fenómeno conocido con el nombre de "sonido cero", consistente en la ausencia total de ruidos, hasta casos de individuos que, tras pasar junto al edificio, se desorientan y terminan perdidos en medio del bosque. Alguno de estos casos a punto estuvo de acabar en desgracia.
Son innumerables las noches que Juanjo y Antonio, junto con un nutrido grupo de amigos e investigadores, han pasado en el interior y los alrededores del hospital de Bertha Wihelmi, a la espera de lo imposible. Y, en más de una ocasión, lo absurdo se ha hecho realidad. Los investigadores lograron captar un buen número de psicofonías, en algunas de las cuales se escucha el nombre de Bertha Wihelmi o las propias voces de identifican como la holandesa. En otras, las grabaciones muestran lejanas y breves conversaciones relacionadas con el pasado del ruinoso edificio. El grupo de investigación inicial disminuyó su número de miembros a medida que los fenómenos se hacían más espectaculares. Así, algunos de los aficionados a los paranormal pudieron percibir como "algo" invisible tiraba de sus ropas o mochilas, por lo que muchos decidieron no volver al lugar.

Los investigadores sabían que algunas personas habían contemplado la aparición espectral de una enfermera que vagaba por las estancias de la construcción, acompañada por lo que los testigos identificaron con un gran perro negro. Los dos principales investigadores, Juanjo y Antonio Guzmán, pasaron muchas noches en vela con el objetivo de toparse con la presencia fantasmal. Una noche, junto a otra persona, comenzaron a escuchar unos pasos en la lejanía, cuyo sonido venía acompañado por una voz susurrante. Acto seguido, los tres vieron la imagen de una mujer de pelo blanco, con unas ropas del mismo color y una cara muy demacrada. Lo sorprendente es que la figura se desplazaba lentamente, pero a varios palmos del suelo. Antes de que ninguno de los presentes pudiese reaccionar, la mujer se volatilizó en el aire. Días después, los hermanos Guzmán, tras una intensa investigación en archivos y bibliotecas, dieron con una vieja fotografía en blanco y negro de Bertha Wihelmi. Cuando la contemplaron por vez primera, ambos se miraron con cara de asombro y cierto temor. Era el mismo rostro que habían contemplado en el interior del sanatorio encantado. ¿Aún vaga entre sus derruidos muros la figura espectral de Bertha Wilhelmi? Eso, al menos, es lo que nos confirmaron quienes han tenido el valor de adentrarse en el corazón de la Sierra de Alfaguara, en pos de uno de los fenómenos que continúan produciéndose y para los cuales no existe ninguna explicación racional.