lunes, 18 de julio de 2011

El gato negro


Hace unos años mi mujer y yo nos mudamos a una casa mas grande a las afueras de la ciudad. Mi mujer estaba embarazada y le faltaban 2 meses para dar a luz a nuestra hija.
Cuando terminamos de instalarnos mi mujer me dijo "Pedro" (nombre no real), se me ha olvidado la caja con las cosas de la cocina en el coche, ¿Por qué no vas a buscarlas? y fui.
Cuando abrí el maletero del coche me llevé un buen susto al ver que sobre la caja había un gato negro, mirándome, su mirada era tétrica ya que tan solo tenia un ojo. Intenté echar al gato de allí, pero no había manera, erizaba el pelo y bufaba con rabia. Fui al garaje a coger una escoba y cuando volví al coche el gato ya no estaba allí. Cogí la caja, entré en casa y no le conté nada a mi mujer porque estas cosas le dan mucho miedo. Nos fuimos a dormir y hasta el día siguiente.

Cuando me desperté vi que mi mujer no estaba en la cama, la llamé y me contestó desde la cocina: - Estoy preparando el desayuno cariño. - Me dirigí a la cocina y la noté extraña, nerviosa, le pregunté y con la voz temblorosa me contó lo que le había pasado:
- Anoche vi a un gato negro con un solo ojo mirándonos desde la ventana, su mirada me daba escalofríos, y noté que la bebé se movía, me asusté muchísimo. -
- Y ¿por qué no me llamaste? -
- No quería molestarte cariño, estabas cansado y pensé que solo serían paranoias mías, pero bueno "Pedro" vístete que llegarás tarde al trabajo. -
Así que me vestí, le dí un beso a mi esposa y me fui a trabajar. Eché mis ocho horas de rigor y me dirigí a casa. Al llegar a casa, ya oscureciendo, noté algo muy extraño, la luz del porche no estaba encendida y había un silencio raro, escalofriante.

Entré en casa llamando a mi esposa pero no contestaba, recorrí con preocupación cada habitación de la planta baja, al ver que allí no estaba me dispuse a subir a la planta superior. Cuando estaba frente a la escalera vi unas gotas de color rojo en la madera de los escalones, lo toqué, lo olí y aquello parecía sangre. Subí rápidamente las escaleras, recorrí a gran velocidad y muy nervioso las habitaciones. Pero cuando fui a abrir la puerta del baño, esta estaba cerrada por dentro, llamé a mi mujer una y otra vez pero no había respuesta. Le di un fuerte empujón a la puerta pero no se abría, así que tomé carrerilla, corrí hacia la puerta, le dí un fuerte golpe y la puerta se abrió. Allí en el suelo había mas gotas de sangre, pero ni rastro de mi mujer, abrí con cierta brusquedad las cortinas de la bañera y allí estaba mi esposa, pálida, con las manos llenas de sangre y unos extraños arañazos en brazos y tripa. Le pregunté que le había pasado pero no articulaba palabra, su mirada estaba perdida, ausente, la cogí en brazos para llevarla al coche cuando en la planta baja al pie de la escalera estaba aquel extraño gato, con la boca roja por la sangre, (supongo que por la sangre de mi esposa) y maullando con fuerza, como con rabia, con dolor, yo bajaba las escaleras poco a poco, sin separar la vista de aquel extraño animal.
Cuando tenía al gato a pocos metros de mi el gato se echó a un lado pero sin dejar de mirarme y de maullar con energía. Yo sin retirar la mirada de aquel demonio de animal me dirigí hacia la puerta, la abrí y salí al porche.

Me dirigí corriendo al coche, puse a mi mujer tumbada en el asiento trasero, arranqué el coche y cuando levanté la mirada aquel extraño animal estaba mirándome desde el porche, podría parecer que estoy loco, pero diría que en aquel momento el gato me lanzó una sonrisa con muchísima maldad.

Llevé a mi esposa al hospital y gracias a Dios no fue nada importante, ella y la bebé estaban bien.
Yo me quise interesar por ese gato y pregunté a los vecinos, nadie me quería hablar de aquel animal, pero una señora muy anciana me invitó a entrar a su casa y me contó la historia.

Allí antes vivía una señora muy mayor que según dicen se dedicaba a la magia negra, tenía como acompañante a un gato que según cuentan fue un regalo del mismísimo "Satanás". Un día para hacer un ritual cogió al gato y le sacó un ojo, el gato lleno de rabia y dolor atacó a la mujer matándola y sacandole los ojos. Desde aquel día el gato vive en esa casa, protegiéndola, y cuentan las malas lenguas que para regresar al infierno de donde vino, necesita el alma de un ser sin maldad, inocente, de corazón limpio, un bebé.

Desde entonces aquella casa aun sigue sin habitar, y dicen que cuando alguien se acerca a la casa se escucha un fuerte y desgarrador maullido.


Enviado por: Manuel M. Pedregosa

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