domingo, 16 de abril de 2017

"The Walking Dead"... medieval: Así se protegían de los zombis en la Edad Media

La Edad Media fue una época difícil en Reino Unido. Además de los vikingos y la peste negra, el miedo y la superstición hacían que se temieran también a vampiros, revinientes y gules. Tanto es así que un nuevo análisis de huesos demostró que los vecinos de una aldea al norte de Yorkshire tenían pánico a vivir una noche de los muertos vivientes.
En un nuevo estudio, publicado en el Journal of Archaeological Sciencie Reports, investigadores de la historia de Inglaterra de la Universidad de Southampton explican que han encontrado la "primera buena evidencia arqueológica" de que la Inglaterra medieval se creía en los no-muertos. El texto sugiere que los aldeanos en el asentamiento de Wharram Percy de Yorkshire solían cortar, desmembrar, mutilar y quemar los restos de sus muertos. Con un contraste de estos hallazgos con otros documentos históricos, creen que es muy probable que los cadáveres fueran mutilados por el temor a que los fallecidos pudieran surgir de sus tumbas.
La tradición folclórica europea (más tardía) ha registrado muchas veces el temor a los vampiros, y las creencias y supersticiones siempre han estado ahí, pero nunca se habría confirmado de forma antropológica, con un estudio tan minucioso. Los 137 pedazos de hueso exhumados en Wharram Percy son de por lo menos 10 individuos separados y se remontan a un periodo entre los siglos XI y XIV. Los restos mostraban signos de quemaduras y numerosas otras marcas que parecían haber sido hechas con un cuchillo.
Sin embargo, los cortes eran particularmente extraños: Se habían hecho alrededor del cráneo y el cuello, lo que sugiere que no fueron sacrificados, que podría asociarse a antropofagia debido a necesidad de carne durante una hambruna, sino que se muestra un proceso con ánimo de desmembrar el cuerpo tanto como sea posible. Los huesos también parecían carecer del racimo de marcas de cuchillo alrededor de músculos principales que se encuentran a menudo en casos de canibalismo.
Para constatar esto, tuvieron en cuenta que en algunas culturas se mutilan a los muertos de extraños e indeseables como una señal de falta de respeto. En este caso, se comprobó que estos cadáveres eran gente local gracias a los isótopos de estroncio en los dientes, que reflejaría la geología en la que un individuo vivió mientras sus dientes se formaban en la infancia. El fósforo entre los isótopos en los dientes y la geología alrededor de Wharram Percy sugiere que crecieron en un área cercana de donde fueron enterrados, posiblemente en el pueblo. Por ello, resulta chocante un tratamiento tan violento a un miembro de la comunidad. Por ello, está relacionado con estudios que confirmaban que, en la Edad Media, era una creencia popular común pensar que los cadáveres podrían salir de sus tumbas y causar estragos entre los vivos, tanto por propagación de la enfermedad como por ataques directos.
Los que habían llevado una vida dedicada al mal o tenían algo pendiente por resolver en el mundo de los vivos, al fallecer, eran los típicos especímenes sospechosos de levantarse y vagabundear. Algunos escritores medievales han documentado que popularmente se aconsejaba a las personas que decapitaran, quemaran o hicieran lo que fuera con el cuerpo para evitar que esto sucediera. La idea de que los huesos de Wharram Percy son los restos de cadáveres quemados y desmembrados para evitar que se levantaran de sus tumbas parece ser la teoría que mejor encaja con las muestras y estudios. Si fuera así, esta sería la primera evidencia arqueológica sólida en Inglaterra de la creencia en los muertos vivientes.
Este estudio recuerda al que unos arqueólogos expusieron en 2011 en Irlanda. Desenterraron 2 esqueletos del siglo VIII enterrados con grandes piedras pegadas en sus bocas. Igualmente, creyeron que podría haber sido una manera de asegurar que los muertos no se levanten como zombis. Los esqueletos aparecieron durante una serie de excavaciones realizadas entre 2005 y 2009 en Kilteasheen, cerca de Loch Key, en Irlanda, por un equipo de arqueólogos dirigido por Chris Read del Instituto de Tecnología de Sligo y Thomas Finan, de la Universidad de St. Louis. Uno de los hombres tenía entre 40 y 60 años y el otro, más joven, probablemente entre los 20 y los 30 años. Los dos hombres estaban puestos uno al lado del otro y cada uno tenía una roca de tamaño de bola de billar en la mandíbula, que aparecían dislocadas.
Lo primero que pensaron es que habían encontrado un cementerio relacionado con la peste negra. Pero las piedras insinuaban rituales de asesinato de vampiros ya que se creía que estos propagaban la plaga masticando sus sudarios después de morir. La piedra en la boca se utilizó entonces como un truco de bloqueo de la enfermedad. Pero el fenómeno de los vampiros no surgió en el folklore europeo hasta el 1500, por lo que los arqueólogos descartaron esa teoría para los esqueletos del siglo VIII y se asoció en este caso como una barrera para evitar que los muertos regresaran de sus tumbas. La boca se ve como una parte clave del cuerpo para tal transformación pues es el portal principal para que el alma abandone el cuerpo después de la muerte. A veces, el alma podría volver al cuerpo y volver a animarlo o bien un espíritu maligno podría entrar en el cuerpo a través de la boca y traerlo de vuelta a la vida.

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