sábado, 25 de octubre de 2014

Misterios de Córdoba: El ser de otro mundo

Con el sol tostando el valle del Guadalquivir, avanzaba el día 13 de Junio de 1952. En algún punto de la ciudad se firmaba en ese momento la compra de la finca llamada de "Rabanales", para construir en ella la futura Universidad Laboral.
Al mismo tiempo, en algún cortijo al sur de la capital, un muchacho se llevaba el susto de su vida. Encontraba en el campo, con aparentes signos de vida, un ser diferente a cualquier otro que hubiera conocido. Un animal totalmente deforme, morfológicamente inclasificable, que parecía incapaz de desplazarse y agonizaba en el suelo. Juzgándolo inofensivo, el chaval lo introdujo en una caja y se dirigió a Córdoba a la carrera.
Es muy posible que todavía haya personas que recuerden la entrada del chico por el Campo de la Verdad. La curiosidad y el miedo ante lo desconocido llenaban el ambiente, y acompañaban al muchacho hasta la calle de Gondomar, donde al fin se reunió un nutrido grupo de personas para admirar el fenómeno.
En pleno boom de los avistamientos de los entonces llamados platillos volantes (sólo cinco años después de que Kenneth Arnold los describiera por primera vez), un ser con un sólo ciclópeo, dos trompas y una masa informe como cuerpo iba a producir inevitablemente la temida conclusión.
Y así, el diario Córdoba tituló en su portada del 14 de Junio de 1952: "Un extraño fenómeno en Córdoba: ¿un habitante de otro planeta?". La noticia corrió como la pólvora, y la ciudad durmió aquella noche intranquila temiendo que, en cualquier momento, como sucedería años después en la película ET, los seres de otro mundo vinieran a buscar a un de los suyos.
Al amanecer del 15 de Junio, muchos cordobeses visitaron nada más levantarse la habitación de los niños
-seguían allí- y se asomaron a la ventana -nada había cambiado. La tranquilidad, para la mayoría, llegó con el diario Córdoba de esa mañana: "No hay nada que temer de otros planetas".
Algunos se habían precipitado ligeramente en su identificación del monstruo. Y así lo reconocía el periódico, con humildad y cierto sentido del humor. De la hemeroteca de Rabanales directamente al siglo XXI, aquí os dejo esta pequeña joya del periodismo local, para que os explique el misterio.

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