viernes, 18 de marzo de 2011

Día y noche de auténtico terror


La experiencia que os voy a relatar a continuación, es totalmente cierta, vivida en 1ª persona como las experiencias relatadas con anterioridad.

Era un día de verano, recuerdo que hacia un calor insoportable, mi hermana menor y mis dos primos vinieron a la casa donde yo vivía con mis padres. Jugábamos a las cartas y entre risas y pequeñas discusiones de juego, observé de reojo como una sombra atravesaba la entrada de la casa a mi derecha. Enseguida me quedé inmóvil, como si algo me estuviese sujetando allí mismo para que no me moviera. Mi primo que se dio cuenta de mi palidez me dijo: - Primo, ¿estás bien? estás muy pálido. - Yo aún no se el motivo de por el cual no podía articular palabra alguna, así que señalé con el dedo a un hombre que daba vueltas por la entrada, como si buscara algo o alguien.
Cuando pude soltar alguna palabra mis lágrimas caían por mis mejillas por el miedo y la incertidumbre, mirando a mi hermana y primos dije: - Hay un hombre en la entrada. - Se miraron unos a otros y mi primo dijo: - ¿Cómo va haber un hombre en la entrada si no se ha escuchado la puerta? - Yo me levanté muy despacio de la silla, y sin quitar la vista de encima de aquel extraño hombre dije entre sollozos: - No está vivo. - Y salí corriendo a refugiarme de no se que a la terraza, seguido de mis primos y hermana.
Una vez en la terraza todos comenzamos a llorar de miedo, cuando de repente vi aquel extraño hombre al cual nadie podía ver nada mas que yo. Escuché como nombraba algo, hasta que llegue a escuchar que decía: - Mamá, mamá, mamá... - Y lo repetía una y otra vez. Yo cerré los ojos y cuando volví a abrirlos ya no estaba, les dije a mis primos y hermana que aquel hombre ya se había ido y no tardaron ni 3 segundos en salir corriendo de casa.
Entonces llegó la noche y no podía quitarme aquel hombre de la cabeza, me quedé dormido enseguida. Pero de madrugada, noté una presión en los tobillos, como si alguien me agarrara de ellos, a la vez que un escalofrío recorría mi cuerpo, como si te pasaran un cubito de hielo por la espalda. Abrí los ojos y volví a quedarme paralizado al ver a los pies de mi cama a aquel hombre. Quería moverme pero no podía, quería gritar pero no podía, quería llorar y tampoco podía.
Aquel hombre me miraba fijamente sin mediar palabra, yo no podía quitarle los ojos de encima, cuando de repente alargó sus manos como si quisiera que le cogiera yo sus manos. Entonces alargué yo mis manos, no se de donde saqué la fuerza para hacerlo y para moverme, aun no me lo explico. Pero en el momento de que mis manos estuvieron apunto de rozar las suyas, una especie de niebla o nubes negras lo envolvieron y vi como esa especie de niebla se llevó como metiendolo dentro del espejo del armario que había a los pies de la cama.
No pude dormir en toda la noche tras aquella experiencia, unos dicen que estoy loco, otros que lo creen, pero yo sé perfectamente lo que vi y sentí.

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