lunes, 5 de septiembre de 2016

Moro, el perro de los entierros (Fernán Nuñez, Córdoba)

Moro, fue un perro vagabundo cuya historia se desarrolló en un pueblo de Córdoba, en España, concretamente en Fernán Nuñez.
Moro tenía una característica singular, podía "oler" la muerte y avisar de esto a la persona que iba a fallecer visitándola a su casa y permaneciendo ahí. Y no solo eso, cuando a los pocos días la persona fallecía, Moro acompañaba al difunto y sus dolientes durante el velatorio, durante el cortejo fúnebre y también el entierro.
Eran los 70 y Moro llamó mucho la atención incluso de la prensa internacional. Muchos intentaron explicar su comportamiento pero pocas explicaciones lógicas había. Se sabe que los perros suelen tener esa misteriosa intuición respecto a la muerte, pero avisar de forma tan precisa al futuro fallecido y acompañar a la familia en todos esos momentos difíciles luego de la muerte, era algo nunca visto.
Sobre el origen de este perro se sabe poco. Algunos dicen que unos camioneros lo abandonaron en un bar, otros dicen que lo vieron por primera bajo un olivo, junto al cadáver de un vagabundo que pudo haber sido su dueño. Lo cierto es que Moro era un perro callejero que vivía de la atención y comida que le regalaban las familias que agradecían su compañía durante los momentos difíciles cuando perdían un ser querido. Moro también era temido por mucha gente, temían verlo cerca de sus hogares por considerarlo "Mensajero de la Muerte", y en mas de una ocasión fue echado del pueblo, pero Moro siempre volvía.
Hasta sus últimos días, se contabilizaron unos 600 casos en los que Moro predijo la muerte, y realizó el mismo ritual de avisar y acompañar hasta sus últimos momentos al difunto en su sepelio.
Un día en 1983, Moro recibió una brutal paliza que no se sabe quien se la propinó y que le provocó la muerte. Varios hombres cavaron una fosa, en el lugar llamado las "Huertas Perdidas", cuyos muros se derrumbaron inexplicablemente luego de un tiempo, sellando así la tumba del animal.
Doce años después de su muerte, fue inaugurado en el pueblo una escultura donde le nombran "El perro de los entierros". En ella se refleja la tristeza y paz de este animal, que se ganó el cariño y temor de la gente.
A día de hoy, hay quien dice que en algunas noches se puede ver al perro pasear por las calles del pueblo.
Algo que por mucho que le demos vueltas no encontramos explicación.

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