martes, 3 de mayo de 2016

La leyenda del ataúd errante del vampiro

Siempre se ha dicho, que los vampiros reales, son asesinos en serie terroríficos. Mucho peores de lo que te puedas imaginar: sin empatía, carentes de escrúpulos, capaces de causar el dolor sólo para su disfrute y cuyo objetivo final es única y exclusivamente la de beber sangre.
Hay múltiples leyendas sobre ellos. Ni el mismísimo actor Bela Lugosi, que tantas veces había interpretado el papel de Drácula, se escapó de estas fábulas. Al final de sus días y ya víctima de su demencia, pensó que era un vampiro. Cuenta el imaginario popular, que tras su fallecimiento, un murciélago salió de su habitación.
Pero hoy os hablaré de otra historia fascinante, digna de la mejor película de vampiros. Se denominó "El vampiro de Cartagena" pero fue más popular con el sobrenombre del "Vampiro de Borox".
Cuenta esta leyenda, que en 1898, año en donde el agonizante imperio español perdía sus últimas colonias, un ataúd misterioso, hacía su presencia en el puerto de Cartagena en la provincia de Murcia (España).
Su origen era conocido, pertenecía a la antigua Yugoslavia, pero aunque el dueño confirmó su propiedad, nadie reclamó el féretro, que se quedaría en el puerto oculto entre los objetos olvidados.
Diecisiete años más tarde, sorprendentemente alguien reclamó el ataúd, cuyo destino debía ser Coruña. Para el que no conozca España, Cartagena y Coruña son los puntos más distantes de la geografía española.
Lo misterioso, es que ese ataúd no fue en línea recta a su destino. Por alguna extraña razón, fue recorriendo diferentes puntos de España. Entre ellos Alhama, Almeria, Toledo, Borox, Santillana del Mar y Comillas, antes de llegar a su destino a Coruña.
Pero lo peor es que en todos esos lugares, se produjeron desapariciones y anemias que causaban la muerte en extrañas circunstancias. Fue en el pueblo de Borox donde dicen que sufrieron mas muertes y personas que se esfumaban misteriosamente.
Cuando el féretro llegó a Coruña, su interior olía a tierra mojada, como los ataúdes de Drácula en la novela de Bram Stoker. A pesar de eso, ninguna persona se atrevió a abrirlo. Como tampoco fue nadie a buscarlo, decidieron devolverlo a Cartagena, lugar de donde venía.
En cuanto llegó, un personaje siniestro apareció en escena. Se trataba de un noble serbio que se hizo cargo del féretro. Los lugareños estaban atemorizados, ya que a ese individuo, sólo se le veía por la noche. Pero por arte de magia, el aristócrata al igual que llegó, desapareció y el ataúd fue finalmente enterrado en el cementerio de Cartagena.
Este caso fue citado por el autor Aracil en su libro "Vampirismo: magia póstuma de los muertos".
Sin embargo, tras investigaciones posteriores, no se descubrió entrada en 1898 de ningún ataúd en el puerto de Cartagena, ni registro de enterramiento del féretro, ni ninguna otra información que le diera credibilidad a la historia. Las únicas similitudes con el caso, se encuentran en un libro de Alfonso Sastre titulado "Las noches lúgubres", que en reiteradas ocasiones el autor la definió como una novela imaginaria.
Para los románticos del mundo vampírico esto era un duro golpe. De todas formas, no podemos olvidar que en aquella época, era muy común la tuberculosis. Entonces, había muchas personas que creían que al beber sangre se curarían. De ahí se pueden deducir muchas desapariciones y muertes por anemia. En ese contexto histórico, un asesino en serie, pasaría desapercibido.
Además, un nuevo investigador dice haber encontrado una tumba extraña en el cementerio de Cartagena. En donde no aparece la fecha de la muerte del difunto, ni nada que lo identifique, ni siquiera su nombre, solo se puede ver tallada en la piedra, la figura de un murciélago.

No hay comentarios:

Publicar un comentario