miércoles, 23 de septiembre de 2015

El barbero de la calle San Pablo (Córdoba)

No todos los personajes de esta Córdoba van a ser tiernos y entrañables, hay de todo. Según la época en que nos movamos, quizás estos sean los menos. Ha habido en esta ciudad bastantes personajes siniestros, a lo largo de la historia. De este que comentamos a continuación, sabemos poco. ¿Un asesinato? ¿Una ejecución? ¿Un robo? El móvil sólo lo sabría el protagonista.
Uno de los sucesos que más impactó a los cordobeses, llegando a tener difusión a nivel del país, fue sin duda el que se vino a llamar el crimen de la calle de San Pablo.Ocurrió en Enero de 1943, en una barbería que estaba ubicada en el número 6 de la calle de San Pablo, una vez pasado un bar que existe en la actualidad, y antes de llegar al constructor de guitarras.
Durante un tiempo, cuando pasaba por allí con mi padre, éste siempre me señalaba el lugar y creo recordar que hubo en él, cuando desapareció la barbería, un comercio de productos de cosmética.
El barbero propietario del establecimiento, se llamaba Francisco Reyes Serroche, y tenía 53 años. Una tarde, asesinó con una navaja barbera a un cobrador del Banco Español de Crédito, D. Enrique Gallego Gómez, robándole el dinero que portaba, producto de unos cobros que había realizado en esta tarde. Esa fue la versión oficial, sin que esto quisiera indicar que no hubiese otra.
Francisco Reyes, cerró la barbería y trasladó el cuerpo del infortunado cobrador a la trastienda. Con la mayor frialdad del mundo procedió a descuartizarlo, con un serrucho, un gran cuchillo y un hocino, que había adquirido previamente en una ferretería de la calle María Cristina.Todas las tardes bajaba hacia la Ribera camino de su casa - vivía en la Plaza de la Fuensanta -, con un pequeño paquete envuelto con papel de periódico debajo del brazo, que contenía parte del cuerpo del cobrador, para arrojarlo al río. La desaparición del Sr. Gallego, dio pábulo a múltiples historias misteriosas, entre las que destacaba, que pertenecía a una sociedad secreta. La sociedad y el gobierno de la época, eran muy dados a publicitar, esas cosas. Que si la Mano Negra. Que si la masonería. Que si... A colación de ello, en la época se hablaba de "una confabulación marxista - judeo-masónica", vamos una combinación explosiva de ser cierta. Luego al paso del tiempo se ha constado que los masones no pasaron se ser una sociedad gremial, y comparados con los citados gobernantes, unas hermanitas de la caridad. Los marxistas luchaban por la restitución de la República. No se puede decir lo mismo de los judíos, que por sus hehcos actuales conocemos, pero no se referían al actual gobierno de Israel, que aún no existía, sino a los judíos bíblicos o a una identificación con el pensamiento hitleriano que el régimen compartía.
La policía, dirigida por el Comisario Jefe Sr. Cortecero, y el Comisario Tarodo, de la Brigada Criminal, secundados por los Agentes, Llamas, Villareal, Gálvez y Rivas, lograron esclarecer el caso. El 28 de Enero llegaron sus pesquisas a feliz término, con la detención del presunto asesino, que pasó a la Prisión Provincial. En la trastienda de la barbería se encontraron unos bidones, todavía con restos humanos, que no le había dado tiempo a tirar. Decían los comentarios del momento que, la cabeza se le resistía, no había sido capaz de tirarla aún. Los restos fueron trasladados al Cementerio de la Salud. Se ordenó una búsqueda por la zona del Molino de Martos, lugar donde dijo Francisco había arrojado los restos, pero no se encontró nada. La fuerte corriente del río los llevaría río abajo o sus habitantes dieron cuenta de ellos.
El barbero fue juzgado el día 4 de Febrero, por un Consejo de Guerra, cuyo Tribunal presidió un coronel, que lo era del Regimiento de Artillería, Sr. Aguilar Galindo, actuando como fiscal el de la Audiencia, Sr. Mendieta, y como defensor un Alférez de Infntería, Sr. Guerrero Jurado. Fue condenado a muerte y ejecutado días después. Tenía dos hijos.
La prensa del momento, no fue muy explícita con el trágico acontecimiento, y a penas ocupó unas columnas en páginas interiores. Sí se dio una circunstancia casual curiosa, y a su vez también trágica.
Cuando el pelotón de fusilamiento regresó a su cuartel, al entrar uno de los guardias en el dormitorio de solteros, recibió un balazo de otro compañero que estaba limpiando el arma y se le disparó accidentalmente, hecho que llegó a la calle bastante tiempo después, y del que no se hizo eco ningún medio informativo.

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