miércoles, 19 de noviembre de 2014

4 Leyendas urbanas de terror

1-LA CHICA DE LA CURVA
Cuentan que esto sucedió una noche de niebla espesa, en las curvas de Garraf, una sucesión de curvas cerrada y muy peligrosas, hace muchos años, mucho antes de que se construyera la autopista queahora cruza las entrañas de la montaña de Garraf.
Era noche cerrada, caía una lluvia suave pero ininterrumpida y la niebla cubría la noche con su manto blanquecino, impidiendo ver más allá de unos pocos metros.
Un hombre iba conduciendo su coche por las curvas, deseoso de llegar a su casa y reencontrarse con su mujer y sus dos hijas después de un largo fin de semana de trabajo.
En una de las curvas del camino, vio a una autoestopista, una joven rubia, demacrada y pálida, empapada por la lluvia, con un largo vestido blanco desgarrado y sucio de barro, este hombre se apiadó de la joven y, pisando los frenos, decidió llevarla consigo y acercarla hasta el pueblo más cercano.
Durante gran parte del trayecto, el hombre y la joven fueron hablando de cosas triviales, cuando, en un momento dado, antes de llegar a una de las curvas más cerradas y peligrosas de las cuestas, la joven le avisa de que reduzca la velocidad hasta casi detenerse y que pase muy poco a poco.
El hombre lo hace, y comprueba, asustado que de no haber sido advertido por ella del peligro, probablemente se hubiera despeñado por un barranco con el coche, le da las gracias, agradecido por haberle salvado la vida, a lo que la joven contesta:
"No me lo agradezcas, es mi misión; en esa curva me maté yo hace más de 25 años, en una noche como ésta..."
Y después de pronunciar éstas palabras, desapareció, dejando como única prueba de su espectral aparición, el asiento húmedo del acompañante por sus ropas mojadas...

2-LA PUERTA DEL BAÑO
Dicen que hace muchos, muchos años, en un pueblo llamado Carmona, en un colegio llamado San Blas, pasó algo horrible.
Era la primera mañana después de las vacaciones, y el conserje abría la escuela. Pero cuando se acercó al baño, no pudo contener el miedo.
Allí junto a la puerta del baño estaba tirada la limpiadora, Conchita. Tenía todo el cuerpo lleno de sangre, y le faltaban trozos en la cara. El conserje llamó a la policía hasta que se la llevaron de allí, y eso fue lo que pasó.
Ahora en la actualidad, dicen que si te metes en el baño a solas, puedes sentir como Conchita llama a la puerta, también dicen que si le abres te hace lo que alguien le hizo a ella. Pero aquí no acaba la cosa.
Cuando se celebraba la fiesta de fin de curso, se pudo comprobar que todo era cierto.
Dos chicos estaban allí en la fiesta cuando de pronto uno de ellos fue al baño solo y cerró la puerta... Justo cuando iba a salir escuchó como llamaban a la puerta, se acordó de l que la gente decía y le entró mucho miedo. Preguntó a ver quien era, pero nadie contestaba. Un gran silencio invadió el edificio, no se escuchaba nada, ni siquiera el ruido de la fiesta.
Dónde estaban todos? se preguntó, solo se podía apreciar el silencio y como alguien tocaba en la puerta, se decidió a mirar por debajo de aquella puerta, pero aun le dio más miedo al ver que no había nadie frente a ella.
Se armó de valor y abrió la puerta, pero fue entonces cuando escuchó una voz que venía detrás de él, se volvió y ya no recordó nada más, solo recuerda haberse despertado allí, solo y con una marca con sangre en su mano...
Y desde ese día, ya nadie entra solo allí, porque todos saben que allí está Conchita que quiere vengarse de lo que le hicieron.
Conclusión: Nunca habráis la puerta si veis que llaman al baño y estáis solos.

3-AMIGAS HASTA LA MUERTE
Era una noche de muchísimo frío, uno de esos días que está muy nublado y apunto de llover. Los padres de Elisa se iban ese día de segunda luna de miel y Elisa estaría sola en casa.
Elisa era una chica muy rebelde y festivalera, así que aprovechó la ocasión para hacer una fiesta pijama con sus amigas.
Elisa comenzó con "prenda o atrevimiento" la fiesta. Prenda o atrevimiento era un juego en que consiste en preguntar a una persona "prenda o atrevimiento?" si dice prenda tiene que quitarse algo que lleve puesto, si dice atrevimiento la persona elige a una de las jugadoras que elegirá su castigo.
Después del turno de Irene, era el turno de Elisa. Elisa dijo que prefería atrevimiento y dijo que quería el reto hecho por María. María era una chica gótica muy callada y con una mirada algo siniestra, María se lo pensó un poco y dijo:
"Ve hacia el cementerio del pueblo y grita: ATREVEOS, MUERTOS, MATADME!!!!"
"Atreveos muertos, matadme!!! Gritó Elisa a pleno pulmón bueno, "ya lo hice no? pues vámonos de aquí"
"No" dijo María, "ésta es sólo la primera parte del reto. Debes escupir en esa tumba de allá lejos".
"Está bien".
Elisa se acercó pero antes de escupir a la tumba leyó en la lápida:
"Elisa Ramírez Mendoza, tu familia nunca te echará de menos. Día de la muerte: Hoy"
Elisa lanzó un grito de terror, se giró para correr hacia sus amigas pero... habían desaparecido.
Justo donde ellas estaban había otras tres lápidas:
"María Sánchez Román, deseamos que estés en un lugar mejor. Día de la muerte: 3 de Marzo de 1894"
"Irene García Irasonda, sentimos todos tu muerte. Día de la muerte: 3 de Marzo de 1894"
"Rosa Martínez de los Risco, te deseamos lo mejor en tu nuevo lugar. Día de la muerte: 3 de Marzo de 1894"
Era el nombre de sus amigas. En ese momento oyó una voz:
"Murieron hace años, todas juntas. Murieron en la que ahora es tu casa, haciendo la Ouija. Estás condenada. Morirás, sí, lo harás. Ellas te odian, quieren que tú mueras. Por qué? porque necesitan más almas en pena para matar y matar".
Elisa se giró en mitad del discurso. Era una mujer vestida de época con su vestido manchado de sangre, un cuchillo clavado en la cabeza. No tenía pupilas.
"Nunca has visto a una mujer matada por su marido?" Dijo la mujer.
Elisa murió en el acto. Sus padres al volver a casa sólo encontraron cuatro nombres grabados en el suelo:
"María, Irene, Rosa y ahora Elisa".

4-TRES HERMANOS
Estos hechos acontecieron hace algunos años en las cercanías de Bétera, un pueblo valenciano en el que antiguamente había un manicomio. En él se encontraban personas enfermas de distintos males psíquicos, pero uno de sus pabellones estaba destinado en exclusiva a criminales ya que los jueces en algún caso habían decidido que era mejor que dichos criminales entrasen en una institución donde podían tratar sus problemas mentales antes que en la cárcel donde seguramente lo único que se conseguiría es agravarlos.
A unos 15 kilómetros del psiquiátrico vivían los hermanos García. Eran tres hermanos que se dedicaban al cuidado de una pequeñas tierras que habían heredado de sus antepasados, los cuales siempre habían vivido por la zona.
Juan, que así se llamaba el menor de los hermanos, siempre iba acompañado de su fiel perra Laika, que era un pastor alemán precioso que se habían encontrado perdida por una carretera cercana.
Los tres hermanos compartían una humilde casa de labradores con una sola habitación en la que habían colocado tres literas, un minúsculo aseo y una cocina de leña, típica de las zonas rurales. El poco tiempo libre del que disponían, pues como de todos es sabido a las labores del campo hay que dedicarles muchas horas, lo pasaban en un pequeño comedor en el centro de la vivienda jugando a las cartas o ecuchando un viejo transistor que tenían sobre la repisa de la chimenea.
Una tarde de Otoño después de haber pasado todo el día en el campo se dispusieron a volver a casa y cocinar unas patatas con un poco de carne que habían comprado hace unos días en el pueblo. Una vez en casa mientras Pedro preparaba la cena para Juan y Román que era el mayor de los hermanos, escucharon por la radio que Ricardo Ruiz Pérez se había fugado del psiquiátrico de Bétera y que podría andar por los alrededores.
Ricardo Ruíz era un peligroso psicópata, al cual encerraron por el asesinato y violación de 5 menores. Tardaron varios meses en descubrir los hechos pues él solía descuartizar a sus víctimas y echárselas de comer a una jauría de perros que tenía en una finca de Murcia. Los asesinatos de Ricardo fueron muy seguidos por el pueblo español ya que entre sus víctimas se encontraban tres hermanas de una misma familia y esto conmocionó a la opinión pública.
Los tres hermanos se sintieron angustiados por la noticia ya que ellos como el resto de españoles habían seguido las fechorías de Ricardo. Durante la cena el tema de tertulia fue el recuerdo de los asesinatos y la poca seguridad que había en el psiquiátrico, ya que era incomprensible que se hubiese podido escapar un asesino como éste.
Sobre las diez de la noche se prepararon todos para ir a dormir. En la habitación Pedro dormía en la litera superior, Román en la del centro y Juan en la de abajo. Debajo de la litera de Juan dormía Laika, a la que le encantaba que Juan por las noches antes de dormir le rascase el lomo y ella como muestra de cariño le lamía siempre la mano.
Media hora más tarde estaban ya todos acostados y prácticamente dormidos por el cansancio acumulado del día anterior. Pasaron las horas y de repente algo sobresaltó a Juan, había escuchado como el chirriar de la puerta, se mantuvo expectante durante unos segundos y luego introdujo su mano debajo de la cama para acariciar a su fiel amiga, ésta se lo agradeció como de costumbre, con unos lametones en la mano, esto tranquilizó a Juan ya que si alguien intentase entrar en la casa ella sería la primera en darse cuenta y se volvió a dormir profundamente.
Pasaron las horas y por la ventana del cuarto comenzaban a entrar los primeros rayos de luz a la diminuta estancia. Pero más que la luz del sol lo que despertó a Juan fueron unas pequeñas gotas que caían sobre su rostro, abrió poco a poco los ojos mientras se llevaba las manos al rostro donde notaba que caían las gotas y notó que tenían un tacto espeso, cuando finalmente abrió los ojos, vio que esas gotas procedían del colchón de Román y que ese color rojizo que desprendían sólo podía ser sangre.
Se levantó de un salto de la cama y miró a su hermano Román, se quedó paralizado de terror, estaba amordazado y con una infinidad de cuchilladas en su cuerpo y sobre él también caían gotas de sangre provenientes del colchón superior donde un cuchillo atravesaba el cuello de su hermano Pedro.
Juan, incrédulo ante la barbarie que estaba presenciando se arrodilló en el suelo llorando y allí pudo encontrar a su querida perra Laika con el morro atado y abierta en canal entre las patas de ésta una nota ensangrentada donde se podía leer "Los locos también sabemos lamer".
Juan aterrado notificó los hechos a la policía diciendo que Ricardo Ruíz había asesinado a sus hermanos y a su perra, pero la policía no le creyó.
Juan fue acusado del asesinato de sus hermanos en un desdoblamiento de personalidad y encerrado durante 20 años en el psiquiátrico de Bétera, donde pudo averiguar que Ricardo había sido detenido dos horas después de su fuga en una carretera con dirección a Barcelona.

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