viernes, 29 de agosto de 2014

El misterio del grito

Llegué a una estación de tren en medio de la nada, como si estuviera en un desierto.
Estaba sentado en el bordillo de la acera que separaban los raíles de un extraño centro psiquiátrico cerrado desde hacía 20 años por lo menos. Como decía, estaba sentado fumando un cigarrillo cuando de repente el viento comenzó a soplar, el sonido del viento era como gritos de enfermos que intentaban escapar de algo maléfico, y ese sonido penetraba en mi cabeza cada vez con más fuerza. Parecía como si esos extraños gritos vinieran del centro psiquiátrico abandonado. Cuando de repente se puso a llover con tanta fuerza que tuve que correr al único sitio que tenía cerca el centro psiquiátrico. Rompí una de las ventanas de la planta inferior para poder entrar, asomé la cabeza y solo vi un pasillo muy largo donde reinaba la más absoluta oscuridad.
De repente, una vez dentro, un tremendo escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba abajo, pero lo más extraño es que de repente y sin saber por qué, todas las velas que ahí había se encendieron dejando aquel oscuro pasillo totalmente iluminado. Entonces comprendía que en el interior de aquel lugar había algo extraño.
No pasaron ni dos minutos cuando de repente se empezaron a escuchar unos escalofriantes gritos, cada vez más y más cerca de mi, como si me estuvieran rodeando, las puertas de aquel pasillo que parecía no tener fin empezaron a abrirse y cerrarse solas sin ninguna explicación posible.
Muy asustado corrí hacia la ventana que rompí para entrar en aquel tenebroso lugar, con la sorpresa de que el cristal de la ventana estaba como nuevo, como si nada hubiese ocurrido, parecía como si aquel tétrico centro tuviera vida propia. No podía huir de los gritos y sombras que cada vez se acercaban más y más.
De repente empecé a sentir como si miles de afilados cuchillos me rasgaran la ropa y la piel empezando a sangrar. Sin poder gritar me desangraba poco a poco y las fuerzas cada vez me abandonaban más y más. De repente un grito ensordecedor hizo que todas las velas se apagaran y sumido en aquella total oscuridad perdí la consciencia.
Cuando abrí los ojos, ya no sentía esos afilados cuchillos que desgarraban mi piel ni aquellos ensordecedores gritos, pero pasaba algo extraño, me puse de pie y al girarme vi mi cuerpo despellejado, destripado y hecho pedazos en un gran charco de sangre. El suelo se abrió y mi cuerpo fue engullido en aquel agujero.
Entonces descubrí que a partir de ese momento formaba parte del centro y su historia.
Así que ya sabes, si te pierdes en ésta estación y de repente empieza a llover, no lo dudes... VEN A MI.

Escrito por Vicente Cervera Cordoba

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