miércoles, 18 de septiembre de 2013

Una mañana terrorífica

Como cada día Nuria se dispuso a abrir la cafetería para empezar su jornada laboral. Encendió las luces y acto seguido se dirigió a la cocina para preparar las tapas que con tanto cariño preparaba cada fin de semana. Estando en la cocina Nuria escuchó el sonido de la puerta del baño de caballeros como se cerraba, la joven salió de la cocina y dirigiéndose al pasillo donde se encontraban los baños dijo con una voz dulce y melodiosa:
- Hola, ¿hay alguien ahí? -
No obtuvo ninguna respuesta, la chica volvió a repetir alzando levemente la voz:
- ¡Hola! ¿hay alguien ahí? -
En esta ocasión no obtuvo respuesta pero si escuchó un ruido en la cocina, como si alguien estuviera revolviendo entre las ollas.
Nuria empezó a ponerse muy nerviosa y con curiosidad y cierto temor se dirigió a la cocina pensando que alguien le estaba gastando una broma. Asomó la cabeza poco a poco hacía en interior de la cocina pero allí no había nada ni nadie. La joven pensó que el sueño y el cansancio le estaba jugando una mala pasada y se dispuso a hacer las tapas como si tal cosa.
Pasaron un par de horas y entró el primer cliente, Joan, se sentó en uno de los taburetes de la barra y con una sonrisa y con la simpatía que siempre le caracteriza dio los buenos días a Nuria. Nuria respondió con una sonrisa al saludo de Joan.
Joan pidió un café solo mientras abría su pequeño portátil para preparar el guión de su programa de radio. Mientras Nuria hacía el café de Joan, éste vio entrar a un señor de facciones duras y muy serio, el caballero le dio los buenos días a Joan con una voz ronca y se dirigió al baño.
Pasó una media hora mas o menos y Joan con incertidumbre y preocupación le dijo a Nuri:
- Nuria, ha entrado hace ya media hora un señor al baño y no ha salido, mira a ver si le ha pasado algo -.
La joven fue hasta la puerta del baño de caballeros y preguntó:
- Hola señor, ¿va todo bien? -
Al igual que en el caso anterior no obtuvo ninguna respuesta, llamó a la puerta y la abrió muy lentamente, cual fue la sorpresa de Nuria al ver que allí no había nadie, el señor se desvaneció sin saber como.
Nuria miró fijamente a Joan con la cara algo descompuesta y le dijo:
- Joan, aquí no hay nadie. ¿Seguro que has visto entrar a un señor? -
Joan también con la cara pálida le respondió:
- Si si Nuria, te juro que ha entrado un señor y es mas, me ha dado los buenos días, estoy totalmente convencido -.
Nuria contó a Joan lo que le había sucedido esa mañana al abrir la cafetería y éste le dijo a Nuria:
- Nena, yo me voy para afuera porque esto me está dando muy mal rollo -.
Nuria apoyaba la decisión de Joan y se dispusieron a salir. Cuando se disponían a abrir las puertas éstas se cerraron de golpe y no había manera de abrirlas. Joan se giró porque notó que algo o alguien estaba tras ellos, cuando se giró vio al señor que el había visto entrar en los baños, tocó a Nuria muy tímidamente en el hombro pero sin decir absolutamente nada. Nuria se giró y al ver a aquel señor agarró fuertemente el brazo a Joan y con voz tímida y temblorosa le preguntó al extraño caballero:
- Buenas señor, ¿está usted bien? ¿que hace ahí? -
El extraño hombre levantó la mirada y cual fue la sorpresa de la joven y su amigo al ver que aquel señor tenía las cuencas de los ojos vacías, no tenía ojos. El extraño levantó el brazo y con el dedo señaló a los amigos y sin decir ni una sola palabra dio un grito terrorífico que hizo que Nuria y Joan cerraran los ojos y se taparan los oídos.
Cuando aquel terrorífico grito paró los chicos se destaparon los oídos y Joan con lágrimas en los ojos y paralizado por el miedo le dijo a Nuria:
- ¡¡Joder Nuria, ¿que puñetas eras eso? !!! -
Cuando se giró hacia Nuria vio que la chica se tapaba los ojos, la cogió por las muñecas y al retirarse las manos de la cara, ¡oh Dios mío! Nuria tenía las cuencas de los ojos vacías y sangraba en abundancia.
La joven como en éxtasis dijo a Joan :
- Yo he sido la primera, pero por mucho que corras, te escondas o huyas te encontrará -.
Joan salió corriendo hacía la calle tan rápido que no miró al cruzar la carretera, un coche que venía a toda velocidad lo atropelló y lo lanzó varios metros de distancia.
Estando moribundo en la carretera vio como se acercaba Nuria, la chica sin ojos se acercó a Joan y poniendo sus labios a la altura de su oreja le dijo al oído:
- Te lo dije, no escaparás de él, ahora somos sus esclavos, sus sirvientes, tendremos que matar y alimentarnos de sus almas por toda la eternidad -.
Tras escuchar eso la chica desapareció y Joan dio su último aliento y murió.
Aun hoy se dice que si paseas de madrugada por las calles de Vilafranca de Bonany, un pueblecito de Palma de Mallorca, podrías cruzarte con una chica sin ojos y un hombre ensangrentado y como si tuviera todos los huesos del cuerpo rotos paseando por sus calles.

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