6/04/2019

Leyendas del Lago Banyoles

Las historias fantásticas que se conocen de este lago situado en la población gerundense de Banyoles, son muy numerosas, algunas cuentan como se formó el lago, otras hablan de monstruos y santos, de dragones buenos y de ondinas que salen del agua...
La leyenda cuenta como se formó el lago. Antes de que el lago existiera, el municipio de Porqueres y Banyoles estaban unidos por un campo de maíz, en este campo labraba un hombre llamado Morgat. Cuentan que una tarde calurosa, mientras labraba con los bueyes, oyó una voz que decía: "¡Morgat, Morgat, coge los bueyes y márchate debajo del tejado!" pero como no sabía de donde provenía la voz, siguió trabajando en el campo con sus bueyes y con el arado. Pero de nuevo oyó la voz: "¡Morgat, Morgat, márchate a casa o serás ahogado!"  Esta vez no se lo pensó y salió corriendo, se oyó un ruido enorme que provenía de la tierra mientras él se alejaba, cuando consiguió llegar a su casa empezaron a salir de la tierra enormes olas de agua que se tragaban todas sus cosechas, y cuenta la leyenda que así se formó lo que hoy en día es el Lago de Banyoles.
Como en la mayoría de los grandes lagos, el de Banyoles también tiene una leyenda donde aparece un monstruo que habita en sus profundidades.
En la provincia de Girona, ubicada en Cataluña, existe un lago llamado Estany de Banyoles, que es el más grande de toda la comunidad y uno de los más extensos de España. Tal como ocurre en el Lago Ness, cuenta la leyenda que en el Banyoles existe un monstruo con forma de dragón (tiene piel gruesa, puas, alas, colmillos, grandes patas). Han sido varios intentos por encontrarlo y matarlo, desde Carlomagno hasta un emperador con ayuda del ministro francés San Emeterio.
Así mismo, contaban los vecinos que este dragón es el responsable de las desapariciones de ganado, de inundaciones y terremotos. En épocas más recientes, se atribuyen a este monstruo desapariciones de turistas e incluso de aviones.
Los cronistas de la época cuentan que escupía fuego por sus ojos y que su aliento era tan pestilente que podía envenenar el agua, secar los campos y transmitir enfermedades a animales y personas. Su gran apetito le llevó a devorar cientos de cabezas de ganado pertenecientes a los lugareños de la región e, incluso, empezaron a desaparecer algunos vecinos de la zona, hecho achacado a la acción del dragón, por supuesto.
Los vecinos, que se habían comenzado a refugiar en el interior de la muralla por temor a los ataques, solicitaron ayuda a las tropas de Carlomagno que se encontraban estacionadas en Gerona, durante una de sus incursiones contra los árabes.
Así, una columna de soldados llegó hasta la guarida del monstruo con el fin de deshacerse de él. Éste, sin embargo, mató a casi todos los guerreros. La noticia llegó a Carlomagno y decidió ponerse al frente de las tropas para vengar a sus hombres. A partir de aquí, existen dos versiones: en la contada por los cronistas del emperador, la lucha quedó en tablas. Para los campesinos que asistieron al combate, los soldados fueron derrotados nuevamente y la bestia perdonó la vida del ilustre guerrero.
Tras este intento fallido de eliminar al animal, los habitantes de la zona recurrieron a Mer, un conocido franciscano natural de Narbona que - al parecer - acompañaba también a las huestes del emperador. Sant Mer (como la historia le conoció posteriormente) se dirigió al encuentro de la Draga y se puso a rezar ante ella, con lo que logró calmar al animal y llevarlo mansamente hasta el pueblo.
Una vez allí explicó a los ciudadanos que, tanto las desapariciones de ganado como de hombres, estaban causadas por las tropelías llevadas a cabo por las huestes carolingias, que utilizaban a las reses para comer y a los hombres para enrolarlos forzosamente como soldados.
Se cuenta que, tras este suceso, el dragón volvió a su guarida en el lago y que, desde entonces permanece sumergido bajo las aguas, de las que emerge en ocasiones para saciar su apetito con los peces que pueblan el lago de Banyoles.
Este animal atacaba a cualquiera que se atreviera a navegar por el lago y en varias ocasiones se realizaron misiones para encontrar al monstruo y destruirlo, pero nunca dieron con él. Cuando la nieta de Sant Mer fue atacada, el santo se desplazó hasta el pueblo para acabar con el terrorífico animal. Rezó al cielo para que el monstruo saliera de su guarida y del agua surgió un enorme dragón. Sant Mer rodeó su cuello con una estola e hizo que le siguiera hasta la plaza mayor de Banyoles.
Entre finales del siglo XIX y principios del XX se produjeron diversos incidentes que reavivaron el interés por el monstruo del lago. Sebastián d'Arbó, en su libro Catalunya misteriosa, cuenta que "existen crónicas de tiempos relativamente cercanos, como finales del siglo XIX, de encuentros con el monstruo como, por ejemplo, el ataque a la diligencia que hacía el trayecto entre Olot y Banyoles, cuando salió del lago, se cruzó en la carretera y atacó a los viajeros".
El propio escritor nos ofrece una explicación, preguntándose si no se trataría de la presencia de una gran serpiente de agua buscando comida. Sin embargo, este tipo de ofidio nunca sobrepasa los dos metros de longitud y tiene hábitos alimenticios herbívoros.
Algunos expertos (como cita Josep Guijarro en su Guía de la Cataluña mágica de 1999) han relacionado este suceso con el tanystropheus, un gran reptil del triásico que disponía de un largo cuello de hasta 3 metros y se alimentaba de peces. Un ser que podría corresponderse con la descripción que suele hacerse de la Draga, un gran reptil vegetariano que vive la mayor parte del tiempo en el agua y que - en la superficie - se desplaza a 4 patas.

Este ataque a la diligencia de Olot no es el único suceso violento que se achaca a la intervención del monstruo. Nos trasladamos a la tarde del 26 de mayo de 1913. Con motivo de haber cantado misa un nuevo presbítero de Banyoles, un grupo de asistentes se dispone a dar un paseo por el lago en una lancha-automóvil, una embarcación de recreo.
A los pocos minutos, la lancha volcó sin causa aparente, pereciendo 10 de los 12 pasajeros. Los intentos de auxilio fueron inútiles, al igual que los esfuerzos por recuperar los cadáveres. Meses después aparecieron algunos miembros sueltos y troncos de algún fallecido, flotando en avanzado estado de descomposición, pero nada más. La imaginación popular identificó rápidamente al culpable de la desgracia: la Draga.
El miso culpable se ha querido ver en otro terrible naufragio ocurrido en época más reciente, concretamente el 8 de octubre de 1998. A las 10:30 de la mañana, L'Oca (un barco de recreo que navega el lago con fines turísticos) zarpó del embarcadero con 141 jubilados franceses a bordo.
A los 15 metros, el patrón descubrió que entraba agua por los respiraderos de popa. Quiso volver y poner rumbo a la orilla pero, en tan solo 2 minutos, el barco se hundió pereciendo 20 personas. En esta ocasión, la rápida intervención de un grupo de excursionistas que visitaban la zona, impidió que la tragedia alcanzara proporciones mayores. El exceso de pasaje fue la causa atribuida al hundimiento del barco... aunque especialistas consultados consideraban improbable que una embarcación de estas características naufrague por ese motivo.

Parece ser que la leyenda, la realidad (tal vez deformada) y la imaginación popular se han unido para hacer del lago de Banyoles un lugar cargado de misterio. De misterio o, más bien, misterios, porque a la supuesta existencia del monstruo, debemos añadir la presencia en el lugar de otros seres, procedentes del universo mágico, como son las alojes, unas inmortales y lascivas hadas capaces de encantar a los campesinos con su música y su presencia. O la famosa aparición de los niños verdes de Banjos en 1887, supuestamente procedentes de un mundo subterráneo, que causó gran sensación en la época.
También se han producido en el lago desapariciones de aviones durante la Guerra Civil española, recuperándose sólo el motor del aparato, apariciones de luces fantasmales en su superficie, extrañas corrientes submarinas, enormes fosas conectadas con otros lagos... En definitiva, nos encontramos ante un lugar tradicionalmente mágico y anómalo en el que la existencia (o no) de la Draga no es sino la guinda del pastel del misterio del lago de Banyoles.
También cuentan que en el fondo del lago está escondido desde hace muchos años el dragón del Lago de Banyoles (el monstre de Banyoles), un dragón bueno, sobre el que hay varias canciones infantiles.
Otra leyenda cuenta que en el fondo del lago habitan las ondinas en un palacio de cristal. Estos seres, también llamados mujeres del agua, salen a la superficie los días de luna llena, y al igual que las sirenas, las ondinas utilizan sus cánticos para atraer a los hombres de la zona  llevárselos a su palacio de cristal.


Fuente: leyendasmundo.wordpress.com

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