martes, 3 de octubre de 2017

Leyenda de la Dama del Monte Das Croas (Salcedo, Pontevedra)

En el monte "Das Croas" estaba encantada hace mucho tiempo, quizá siglos, una joven de gran belleza. Su morada era un pazo que existía en el interior del monte referido, en el cual se guardaba el tesoro del mouro o gigante que la tenía encantada. Eran muchos los que deseaban encontrar aquel tesoro, pero nadie descubría la caverna o entrada por donde se podía entrar en aquel pazo.
La dama, señora o hada encantada aparecía algunas veces a la vista de los hombres que iban por el monte antes de rayar el sol; pero tampoco nadie se le acercó jamás, porque como era cosa de encantamiento, sentían cierto recelo; así que huían de ella.
Una vez la vio un niño que conducía las ovejas de su padre, y parece ser que estaba aquella señora sentada sobre una piedra, peinándose los cabellos con un peine de oro. La hada le llamó y pidió que le diera un cordero; pero el niño no le respondió y huyó asustado. Llegó a casa y, tartamudeando por el miedo que llevaba y también por la carrera que se había dado, contó a su padre cómo había visto a la hada del monte y esta le había pedido un cordero.
Entonces, el padre dijo al muchacho que volviera al monte y le diera el cordero a aquella señora, no fuera que tomara a mal que se lo negase y después perdieran todo el rebaño o les viniese alguna otra desgracia.
El pequeño volvió entonces al monte; pero cuando llegó, ni vio las ovejas ni vio a la señora. Se echó a llorar; se dedicó luego a registrar todo el monte a ver si encontraba las ovejas y gritaba llamándolas. Después de mucho buscar, como no las encontraba, cuando se iba ya para casa, de pronto, vio delante de sí mismo al hada, que llevaba sus ovejas y esta dirigiéndose a él le dijo:
"NON TEÑAS MEDO POL-AS OVELLAS, QUE EU CHAS GUARDARÉI; MAS, VAS IRE OUTRA VEZ Â TUA CASA E DISLLE A TEU PAI QUE VEÑA, QUE TEÑO DE LLE FALAR".
(No tengas miedo por las ovejas, que yo te las guardaré; pero, ve otra vez a tu casa y dile a tu padre que venga, que tengo que hablarle).
Entonces el niño volvió junto a su padre y le dijo que el hada del monte Das Croas quería hablarle y que fuera en su busca. El padre, aunque muy receloso, fue hacia el monte pensando en lo que podría acontecerle, puesto que todo era cosa de encantamiento.
Pero la señora, cuando lo vio, le dijo que se acercara a ella sin temor alguno, que nada malo había de pasarle, sino que, por el contrario, si guardaba el secreto de lo que ella iba a decirle e hiciera lo que le ordenase, tendría muchos bienes y venturas.
El caso fue que desde entonces el hombre se hizo rico en poco tiempo, pues su hacienda aumentaba y las cosechas le producían unos rendimientos muy superiores a los de todos los demás. Se decía, que el hombre aquel era quien llevaba al monte Das Croas todo cuanto precisaba la señora encantada para su sustento, aun cuando él nada decía, ni cosa alguna respondía si le preguntaban algo que con ello se relacionase.
Un día aquel hombre enfermó; tan grave se puso, que ya no se contaba con él y todos le daban por muerto. Pero sucedió que mientras su mujer tuvo que salir de casa para atender su hacienda, sin que nadie supiera cómo, la hada del monte Das Croas le salió al paso y le preguntó cómo estaba su marido. La mujer no le respondió y como le tomó miedo; salió corriendo a todo correr. Pero cuando llegó a su casa vio con espanto a la señora junto a la cama y que su marido había mejorado de tal modo, que ya no parecía encontrarse en el grave estado de antes.
Cuando marchó la hada, la mujer preguntó a su marido cómo aquella señora había ido hasta allí y qué le había hecho para que se encontrara tan mejorado; pero él no quiso decirle nada acerca de eso. Pero tanto y tanto porfió la mujer, que al fin le contó cuanto había sucedido desde que la vio en el monte, así como los remedios que le aplicó con unas hierbas que había traído.
¡Desgraciado! Se dijo que tal vez por hablar de más quebrantando el secreto, al día siguiente apareció muerto; y parece ser que tenía todo el cuerpo como si hubieran estado apaleándole, lleno de magulladuras y cardenales.

Los secretos si no los guardas, traicionas al que te lo cuenta.

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