lunes, 5 de junio de 2017

Gremlins de la Segunda Guerra Mundial

Extraños seres propios de otros mundos vienen acompañando a la humanidad a lo largo de su historia y los relatos de encuentros con lo desconocido no son únicamente un evento moderno sino que se vienen dando desde los tiempos antiguos, dejándonos constancia en registros escritos.
Y parece que el fenómeno se manifiesta con mayor vehemencia durante evento de gran trascendencia para la sociedad, haciéndose más numerosos en aquellas situaciones que traen carga emocional, catástrofes y guerras.
No es sorprendente entonces, que fuera durante una de las más cruentas guerras que ha presenciado la humanidad: la Segunda Guerra Mundial, cuando se diera una gran cantidad de encuentros con extrañas criaturas que el folklore tuvo a bien bautizar como Gremlins.
Normalmente esta palabra se utiliza para definir a una entidad de carácter travieso, en ocasiones maligno, que busca traer consecuencias dañinas con sus actos, y trazando los orígenes de dicha palabra utilizada para dar nombre a tales criaturas, parece que se derivaría del inglés antiguo "greme" cuyo significado sería vejar o molestar. Culturalmente, el origen de estas criaturas de pequeño tamaño, parece haber derivado de la figura de Goblin si bien, son varios los que los describen con aspecto demoníaco.
La mayor casualidad que caracteriza a estos seres es su alta maestría en la creación y el uso de maquinaria de cualquier tipo.
Son muchas las figuras de pequeños entes maliciosos que se presentan en el folklore de diferentes culturas por todo el mundo, pero es entre el humo de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial cuando la presencia del Gremlin alcanza su notoriedad ya que fueron incesantes los reportes de avistamientos de estas extrañas criaturas por los pilotos británicos contendientes del conflicto.
Los relatos de pequeños seres presentándose ante desconcertados pilotos mientras realizaban misiones en pleno vuelo causando problemas en la maquinaria, de vuelo, tales como fallos de motor, mal funcionamiento de los equipos eléctricos, bloqueo de las comunicaciones, aterrizajes fallidos y extraños accidentes se sucedían frecuentemente durante la contienda.
Uno de los primeros reportes se dio en 1923, cuando uno de los pilotos británicos se estrelló en el mar. Al volver a su base, narró como unas pequeñas criaturas comenzaron a sabotear la maquinaria de su nave en pleno vuelo, que provocó que la máquina dejara de funcionar y causando así el fatal choque.
La gran cantidad de encuentros con estos seres por los pilotos de la Real Fuerza Aérea Británica no se dieron únicamente en el continente europeo sino que también existieron reportes provenientes de fuerzas desplazadas en la isla de Malta o en Oriente Medio, y llegaron a adquirir notoriedad pública. En una de las publicaciones del diario británico "The Spectator" se menciona:

"EL ANTIGUO SERVICIO DE LA FUERZA NAVAL AÉREA DE 1917 Y LA RECIENTEMENTE CONSTITUIDA REAL FUERZA AÉREA EN 1918 PARECEN HABER DETECTADO LA EXISTENCIA DE UNA HORDA DE MISTERIOSOS Y MALICIOSAS ESPÍRITUS CUYO ÚNICO PROPÓSITO EN LA VIDA ERA... LOGRAR EL MAYOR NÚMERO POSIBLE DE DESGRACIAS LAS CUALES, DE UN TIEMPO A ESTA PARTE, DESCONCIERTAN LAS VIDAS DE LOS PILOTOS".

El comportamiento de estas entidades llegaba a aterrorizar a los experimentados pilotos, que tenían la desgracia de encontrárselas en pleno vuelo. En el amplio abanico de relatos que surgieron, se les detalla vaciando los tanques de combustible, cortando cables, interfiriendo en los controles de radio, desenroscando tornillos o destrozando diversos elementos de la maquinaria aeronáutica. Incluso aparecen subidos al fuselaje de los aviones, amenazando a los pilotos mientras resisten tranquilamente las duras condiciones del exterior de la cabina y en la mayoría de las ocasiones los extraños problemas desaparecían al desaparecer estos seres.
E igualmente variadas son las formas con las que las criaturas se presentaban. Muchas eran las descripciones en las que estos seres se asemejaban a pequeños elfos vestidos de diferentes colores. En otras ocasiones, los Gremplins se manifestaban con características más animalescas y feroces entre las que destacan orejas puntiagudas, cuernos, largos colmillos, brillantes ojos rojos o con aspecto reptiloide. El color de la piel también variaba según el testigo, algunos tenían la piel verde y otros roja, si bien son muchos los casos en los que se presentaban incorpóreamente con forma de niebla o humo.
Un piloto de un B17 relató una experiencia de este tipo que tuvo cuando se encontraba en una misión de combate, en la que se encontró cara a cara con una de estas criaturas de un metro de altura y piel grisácea a las que describe con ojos profundamente rojos y enorme boca de dientes puntiagudos.

"ASÍ QUE SOY COMPLETAMENTE CONSCIENTE DE MI ENTORNO Y, MIENTRAS VOY GANANDO ALTITUD, PERCIBO UN INUSUAL SONIDO QUE PROVIENE DEL MOTOR. EL INSTRUMENTAL SE VOLVIÓ LOCO. MIRO HACIA MI DERECHA Y VEO UNA ENTIDAD MIRÁNDOME FIJAMENTE. ACTO SEGUIDO MIRO HACIA EL MORRO DEL AVIÓN Y AHÍ HAY OTRO COLGANDO. LAGARTOS BAILARINES (...) PARECÍAN REIRSE, CON SUS GRANDES BOCAS ABIERTAS, MIRÁNDOME, GOLPEANDO EL AVIÓN CON SUS LARGOS BRAZOS, TRATANDO DE ARRANCAR PIEZAS. NO TUVE DUDA ALGUNA EN MI MENTE DE QUE ESTABAN INTENTANDO ESTRELLARLO. CONTROLÉ EL AVIÓN COMO PUDE PARA ESTABILIZARLO Y VI A ESOS BICHOS CAER DEL AVIÓN. NO SÉ SI CAYERON Y MURIERON, O SI SALTARON DE MI AVIÓN A OTRO. NO TENGO NI IDEA".

Al volver a la base y transmitirle su relato a un amigo cercano, se encontró con la sorpresa de que éste también había tenido una experiencia similar pocos días antes durante una misión de entrenamiento.
Con cada campaña aérea que emprendían los ejércitos británicos, ascendía el número de casos de estos extraños y peligrosos encuentros e incluso el Ministerio del Aire reconoció el problema poniendo en marcha una investigación sobre el fenómeno, llegándose a escribir un manual en el que se definía un protocolo de actuación en el caso de un encuentro con estos seres en pleno vuelo, en el que se daban consejos sobre cómo evitar accidentes, cómo distraerlos o cómo evitar su manifestación.
Pero no fueron únicamente los británicos las víctimas de las travesuras de los Gremlins que parece que no tomaron partido en la guerra, pues también se dieron innumerables casos reportados por el bando enemigo e incluso por los aliados americanos a su llegada a las costas británicas.
Tampoco fueron únicamente los contendientes de la batalla quienes compartieron un viaje con estos seres. Uno de los encuentros más notables, fue el que tuvo lugar mientras el famoso aviador americano Charles Lindbergh, realizaba el primer vuelo transatlántico de Nueva York a París son escalas en 1927. En el histórico vuelo de 5.800 kilómetros, durante 33 horas, se dio un incidente en el cual Lindbergh reportó haberse sentido, de pronto, en una campana de irrealidad y viéndose a sí mismo rodeado de varios seres vaporosos dentro de la pequeña cabina de su monoplaza. Estos seres se comunicaron con el piloto que quedó muy sorprendido de los complejos conocimientos en aeronáutica que parecían poseer. Aseguraron al desconcertado piloto que llegaría a salvo a su destino y le mantuvieron despierto y concentrado durante el trayecto, según manifestó. Por supuesto el afamado piloto, guardó esta experiencia en secreto durante muchos años, pero gracias a ella, se revela una cara más benevolente de este misterioso fenómeno.
Resulta interesante el hecho de que se diera un aumento exponencial de casos relacionados con estos enigmáticos seres mientras se desarrollaba la guerra, e igualmente interesante resulta el hecho de que dejaran de darse manifestaciones una vez finalizado el conflicto, dando más fuerza a la sospecha de que son las situaciones de infortunios en las que se suceden eventos de calamidades y desdichas las que propician de alguna forma la aparición de lo irreal.

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