sábado, 18 de marzo de 2017

Seminario Ntra. Señora de los Ángeles (Hornachuelos-Córdoba)

El Parque Natural Sierra de Hornachuelos alberga una de las zonas de bosque mediterráneo y de ribera mejor conservadas de Sierra Morena.
Para ver los orígenes de este monasterio hay que remontarse al 14 de Abril de 1490 cuando fray Juan de la Puebla, segundo conde de Belalcázar, lo funda. El edificio sufre varios incendios durante su vida. En 1498 fue el primero de ellos, el segundo en 1543 y el último en 1655. Lo más antiguo que se conserva es la iglesia, de 1763, quedando abandonado en la década de 1970.
La leyenda cuenta que según la maldición, si alguien compraba o reformaba el Monasterio en la montaña de los Ángeles llovería fuego. Sería en Diciembre de 1845 cuando por fin se vendió a D. Agustín Díaz y Armero que lo restauró, pasando años más tarde en Abril de 1884 a los Marqueses de Peñaflor que lo reformaron de nuevo dejando únicamente los muros principales y construyendo en él una finca de recreo.
El Monasterio de Santa María de los Ángeles, situado en plena sierra Virgen de Hornachuelos (Córdoba), fue en sus orígenes un auténtico palacio que data del siglo XV aunque usado hasta principios del XX.
Alejado del mundanal ruido y aislado de la civilización, solo es accesible a pie por un angosto y escarpado sendero de 7 km por la ladera de una montaña bordeada de barrancos, como el "Barranco del infierno".
El lugar está rodeado de cuevas como la de la "Mujer Penitente" que pasó 10 años recluida en la cueva para redimir sus pecados y falleció en ella, justo debajo del Monasterio y cuyo espectro ha sido visto por muchos senderistas. La Cueva del Soldado, la del Copero de Carlos V o la del Hermano Diego al que encontraron muerto en su cueva de rodillas con las manos unidas y rezando con el rosario en las manos.
Lugar rodeado de viejas leyendas como la de Ecijano, creador por una promesa cumplida de la grandiosa cruz de granito blanca de 9 metros de altura ubicada unos metros antes de llegar al Monasterio, que falleció justo al terminar su obra; la de Antonio Roldán de Pozoblanco cuyo espectro se aparecía a las gentes del lugar pidiendo que se enterraran sus huesos hasta que un pastor los recogió y les dio cristiana sepultura, no volviendo a aparecerse nunca más y las tantas personas caídas por el barranco que salieron ilesas de la fatal caída, como fue el caso del anciano que se despeñó por el barranco con su carromato repleto de vajilla para el Convento y que a la mañana siguiente se presentó en el Convento sano y salvo y su vajilla al completo.
El edificio consta de 4 bloques diferentes y enormes de 5, 7, 8 y 9 plantas cada uno, con unas 20 habitaciones y sus respectivos baños y terrazas y en donde parte del mobiliario sigue a día de hoy casi intacto. Tiene 3 patios comunes, 2 de ellos con piscina.
Criptas talladas en cuevas naturales, con altares entre las estalactitas donde es fácil imaginar a oscuras a algún fraile meditando y escondido en mitad de la noche.
Entrar en el primer bloque y recorrer una habitación tras otra, los patios, las fuentes, es hacerlo mientras sientes como si muchas personas te miraran como a extraños desde sus salas. Todavía hoy quedan los colchones en las camas, los somieres y los armarios con sus puertas dentro de cada habitación como si en cualquier momento fuera a llegar su ocupante.
La cocina, con su gran horno antiguo con palancas de acero forjado y una habitación que parece ser una rústica cámara frigorífica. Las escaleras están en perfecto estado.
Los fenómenos que suelen observarse en el lugar y en el que todos los investigadores y senderistas coinciden es en los golpes en las paredes que responden al mismo número de golpes dados por los investigadores; ventanas que se abren y cierran solas; sensación de ser vigilado; pasos cuando el edificio está vacío y voces en el interior sin que haya nadie dentro; arañazos en las paredes e incluso fenómenos de aportes o materialización de objetos que no se sabe de donde vienen.
En la Capilla, los investigadores hablan de cambios bruscos de temperatura, en donde el tiempo parece haberse detenido y cuyo aspecto es más tétrico que en el resto de edificaciones. La sensación de incomodidad allí dentro se hace patente a todo aquel que entra.
La obra de Ángel de Saavedra "Don Álvaro o la fuerza del sino" una obra de teatro adaptada a una novela que hoy se considera un clásico de la literatura del romanticismo español del siglo XIX, tiene lugar una trama ficticia ubicada en este seminario y basada en un suicidio real ocurrido en éste.
De hecho, el precipicio donde este fraile acabó con su vida hoy en día se conoce popularmente como "el salto del fraile" a unos 200 metros del Seminario siguiendo por el sendero que bordea el barranco. Allí se encuentra una vieja casa sin techo, de muros de piedra y enorme chimenea. Junto a ella un saliente desde el que se tiró en la ficción "Don Álvaro" y en la vida real el fraile confesor de la mujer de Antonio Muñoz, vecino de Hornachuelos que enterado de los amoríos de su mujer y el fraile subió hasta el salto del fraile y apuñalando a éste le tiró por el barranco, el fraile salió ileso de la caída y Antonio fue entonces encarcelado por el alcalde de Hornachuelos Don Francisco de los Infantes.
Sin duda un lugar misterioso donde los haya, la impregnación de 6 siglos siguen entre sus viejos muros que han visto el sufrimiento, la penitencia y la durísima vida monacal de sus moradores en la que se les obligaba a ir descalzos, a no poder hablar entre ellos durante la semana y a comer pan sólo los Jueves y Domingos. Escenas de víctimas durante los incendios, que se lanzaban al vacío del barranco para en un último intento por sobrevivir alcanzar el río y apagar sus llamas.
No es extraño que ante tales vivencias el Monasterio parezca ocupado por aquellos que allí quedaron.

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