sábado, 23 de julio de 2016

Los fantasmas en la casa de Carl G. Jung

Carl G. Jung el creador de la psicología profunda, en el año de 1922, dio un paseo por el lago Zurich, y quedó fascinado con la población de Bollingen orilla norte del lago y decidió comprar un terreno allí. Luego construyó una extraña casa, que recuerda un pequeño castillo, y el el piso más alto, reservó un cuarto exclusivamente para él con el objetivo de escribir. En esa habitación aislada quedaba grandes ratos a solas consigo mismo y llevó la llave siempre con él. Fue en Bollingen, donde viviría experiencias aterradoras de encuentros con familiares fallecidos y con entidades del más allá. Experiencias todas ellas recogidas en su biografía "Recuerdos, sueños y pensamientos".
Si bien el lugar donde pasaba consulta y desarrollaba su vida familiar era en Kusnacht; donde daba rienda suelta a su personalidad oculta era en su torreón de Bollingen. Jung informa de que comenzó a edificar coincidiendo con el fallecimiento de su madre, en 1923, y la concluyó con el fallecimiento de su mujer, en 1955. Según sus palabras, "estas fechas son significativas porque el torreón, estaba dedicado a los muertos".
En 1923, Aghata, su hija mayor, se acercó a visitarle una tarde a la finca de Bollingen. Jung andaba enfrascado haciendo cálculos y estudiando el lugar donde irían los cimientos. Ella, al ver donde iba a edificar le advirtió horrorizada de que presentía de que allí mismo, bajo sus pies, había cadáveres.
Tiempo después, cuando Jung hacía una ampliación de la casa, los albañiles encontraron un esqueleto vestido con un harapiento del ejército napoleónico. El cuerpo pertenecía al de un soldado francés que en 1799 probablemente había perecido ahogado en el Linth y fue finalmente arrastrado hacia la orilla del lago. Jung construyó entonces una sepultura adecuada para el soldado y, bajo un ritual militar, disparó tres salvas al cielo y colocó una lápida con una inscripción.
No solo su hija tenía ese don paranormal. El abuelo de Jung acostumbraba a sentarse frente a una silla vacía y conversar durante horas con su esposa fallecida. Al menos eso era lo que siempre comentó su segunda esposa, que con gran disgusto veía como su marido la dejaba plantada con la mirada perdida en otro mundo. A su vez, su difunta esposa había demostrado en vida poseer ese don especial.
Con estos y otros antecedentes familiares parece justificado el interés del psiquiatra por el mundo de lo paranormal. Puede que sintiera el deber de dar respuesta científica a sus antepasados. En 1898, dos años antes de terminar los estudios de medicina, participó en sesiones de espiritismo junto a su prima Hellen Preiswerk, que a los 17 años ya entraba en trance espiritistas. Aquello había llamado sobremanera la atención del joven Jung, y la utilizó como modelo de observación para su tesis doctoral. En 1902 la publica bajo el título "De la psicología y la patología de los fenómenos llamados ocultos".
Pero en la vieja fortaleza del maestro sucedieron otras cosas extrañas, toda una serie de fenómenos parapsíquicos o paranormales presenciados por toda su familia. Las manifestaciones más impresionantes, fueron las siguientes:

  • Su hija mayor veía por la noche una figura blanca atravesando la habitación.
  • A su otra hija le levantaron la manta de la cama en dos ocasiones por la noche.
  • Su hijo de 9 años tuvo un sueño de carácter terrorífico al que llamó "el dibujo del pescador"; en él aparece representado como figura central un pescador que acababa de coger un pez del río. Frente a él se cierne, la figura de un ente maligno.
  • Sus dos hijas y Jung mismo percibieron múltiples veces el sonido de la campanilla de la puerta, pero al abrirla, allí no había nadie.
  • La casa estaba sujeta al repertorio completo de un inquietante poltergeist a gran escala. Hubo golpes en las paredes, olores nocivos, y el misterioso goteo de líquido. Jung siempre experimentó una sensación de incapacidad cuando comenzaría el fenómeno, y el sudor frío le recorría la espalda.
  • Lo más inquietante fue cuando la cabeza de una mujer se materializó en la almohada de la cama de Jung muy cerca de la suya propia. La cabeza fantasmal tenía un ojo abierto, y quedó mirando al psicoanalista atónito. Jung logró encender una vela, y el espectro aterrador desapareció.
La conclusión a la que llegó Jung es que la casa estaba repleta de espíritus.

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