lunes, 26 de octubre de 2015

La leyenda de Melusina

Raimundo de Poitou se casó con una doncella llamada Melusina a la que conoció en medio del bosque durante una noche aciaga al principio de la cual, accidentalmente, había matado a su propio tío. Melusina demostró mucha diligencia: calmó al caballero e ideó una manera de evitar las sospechas que inevitablemente recaerían sobre él. Como además era hermosa, Raimundo se enamoró de ella y le pidió matrimonio. Melusina aceptó, pero le hizo jurar que nunca intentaría verla durante un Sábado ni averiguar la causa de tal prohibición. De ello dependía la felicidad de ambos.
Melusina resultó tener muchas riquezas, y con ellas construyó a su marido un castillo, el Castillo de Lusignan, al lado de una fuente a la que el vulgo llamaba Fuente de la Sed o Fuente de las Hadas. La pareja se instaló en aquella fortaleza, entre cuyos muros tuvieron nada menos que 10 hijos. Por desgracia, cada uno de ellos nació con una extraña deformación; el primero era muy ancho y tenía unas enormes orejas; el segundo tenía un oído mucho más pequeño que el otro; el tercero, un ojo debajo del otro; la mejilla del cuarto estaba cruzada por lo que parecía el arañazo de un león; el quinto solo tenía un ojo, aunque su vista parecía sobrenatural; el sexto, al que llamaron Geoffroi el del colmillo, contaba con un único y gigantesco diente, y era muy feroz; el séptimo tenía una enorme marca peluda en la nariz; etc... Sin embargo, estas anomalías de su progenie no empañaba la felicidad de Raimundo, que seguía muy enamorado de su mujer.
Pero un día, un primo suyo, envidioso de la prosperidad del nuevo linaje, le insinuó que si Melusina no quería verle los Sábados tal vez fuese porque empleaba ese día para reunirse con un amante. A lo mejor esos a los que llamaba hijos no eran tales, lo cual explicaría sus marcas de nacimiento. Al principio Raimundo se resistió a creerlo, pero un sábado, corroído por las sospechas, se escondió detrás de un tapiz para espiar a su esposa. La vio bañándose en una gran cuba de mármol; se estaba peinando los cabellos como hacía habitualmente, pero de cintura para abajo, en lugar de piernas, tenía una gran cola de serpiente. En aquel momento Raimundo no sintió horror, sino una gran tristeza por haber roto el juramento que había hecho a su esposa. Decidió guardar el secreto y no decir nada de lo que había visto, ni siquiera a ella.
Sin embargo, el mal ya estaba hecho. Poco después, su hijo Geoffroi se peleó con uno de sus hermanos, Freimond, y cuando este se refugió en una abadía cercana le prendió fuego al edificio, causando la muerte de Freimond y de 100 monjes. Al enterarse, Melusina acudió a consolar al conde, pero este, presa del dolor, escupió las siguientes palabras: "¡Desaparece de mi vista, perniciosa serpiente! ¡Tú has corrompido a mis hijos!". Cuando escuchó estos reproches, Melusina se desmayó. Nada mas recuperarse, saltó al alféizar de una ventana y, tras desplegar unas alas de murciélago, se alejó volando del castillo de Lusignan.
Antes de abandonar el castillo, Melusina prometió que volvería a aparecer antes de la muerte de cada Señor de Lusignan para llorar y lamentar la desgracia de la Casa. Y son muchos los que aseguran haberla visto, volando por el aire o bañándose en la Fuente de la Sed, aun años después de que el último de los Lusignan hubiese fallecido.

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