11/23/2021

El fantasma de Cheltenham


 La casa de estilo victoriano llamada Garden Reach situada en la calle Pittville Circus Road fue construida en Cheltenham, en el condado inglés de Gloucester, durante la década de 1860. Fue una gran residencia de 4 pisos de doble fachada de estilo victoriano de la época, repartidas en 4 plantas.

Garden Reach fue comprado a su constructor por Henry Swinhoe, un abogado de Calcuta. Se había casado con Elisabeth Francis Higgins el 6 de febrero 1851 en la India y con el tiempo formó una familia de 5 hijos. Sin embargo, Elisabeth murió a los 35 años de edad, el 11 de agosto de 1866 y 4 años más tarde Henry Swinhoe se casó de nuevo. Su segunda esposa fue Imogen Hutchins de Clifton, Bristol, pero su relación se vio empañada por peleas frecuentes, al parecer sobre la crianza de los hijos de Swinhoe, así como la posesión de la joyería de la ex señora Swnhoe para el que Henry tenía un escondite secreto debajo de uno de los dibujos del suelo de la sala. El alcohol al que eran asiduos ambos cónyuges no hizo sino empeorar la situación. Henry e Imogen Swinhoe se separaron a principios de 1876 -Imogen volvió a Bristol mientras que Henry vivió en Garden Reach durante unos meses antes de morir el 14 de julio del mismo año. Imogen de hecho, sólo sobrevivió a su marido por poco más de dos años. Ella murió en Clifton el 23 de septiembre 1878. Tras la muerte de Henry Swinhoe la casa permaneció vacía hasta 1879 cuando pasó a llamarse Pitville Hall y fue comprada por Benjamín Littlewood de la cercana Shurdington, un pueblo en las afueras del suroeste de Chltenham. Su propiedad fue de corta duración ya que murió el 5 de agosto 1879 solo un mes después de mudarse y su viuda pronto se trasladó a una casa más pequeña en el mismo camino. La casa permaneció desocupada durante 2 años y medio hasta marzo de 1882 hasta que en abril de 1882 llegó una nueva familia a Garden Reach, los Despard. El capitán Frederick William Despard, recién retirado, su inválida esposa, Harriet Ann, y sus 6 hijos, 4 chicas y 2 chicos, con edades comprendidas entre los 19 y los 9 años. Una calurosa noche de mes de junio, cuando apenas llevaban 3 meses instalados en su nueva casa, Rosina Clara, la hija mayor de 19 años, escuchó unos pasos cerca de la entrada de su dormitorio cuando se desvestía para acostarse. Creyendo que era su madre, abrió la puerta, pero no había nadie pasillo. Miró a lo largo del mismo y vio, en el rellano de la escalera, la silueta de una mujer enlutada. Rosina la describía como una mujer alta, vestida de negro, con la cara cubierta con el pañuelo que llevaba en su mano derecha y con la mano izquierda metida dentro de la manga del vestido.

Parecía que secaba sus lágrimas con un pañuelo. A los pocos segundos, la visión bajó las escaleras, desapareció en el piso inferior. A partir de esa noche, el supuesto fantasma entró a formar parte de la vida de la familia Despard y Rosina decidió ser la cronista de todas y casa una de las manifestaciones paranormales que se sucedieron en la casa, en forma de cartas a una amiga, la señorita Catalina Campbell, que posteriormente serían estudiadas por la Sociedad de Investigación psíquica. Gracias a ella, el caso ha pasado a la historia como uno de los mejores y más documentados de la historia de la parapsicología. Fue entonces cuando se empezó a considerar que podía ser el espíritu de Imogen, movido quizás por el ansia de encontrar las joyas que Henry no le quiso dejar en vida.

Rosina intentó captarla con cámaras fotográficas de la época y colocó "trampas" como un hilo en la zona de la escalera por la que solía pasar, para comprobar si tenía cuerpo físico o era solo un espectro. Hasta el año 1884, el fantasma enlutado se apareció de forma muy esporádica ante Rosina. Curiosamente, la joven no contó a casi nadie lo que sucedía, tal vez pensó que no le creerían si no contaba con más testigos de las apariciones. Solo habló del fantasma a unos pocos amigos de su entera confianza. Pero hubo más testigos: Una de las hermanas de Rosina vio a la mujer descendiendo por las escaleras principales de la casa, pero pensó que sería alguna visita de sus padres. También una doncella divisó a la mujer pero ella, menos confiada que la joven Despard, alarmó a toda la casa, pero no encontraron a nadie. El otro testigo fue el hermano pequeño de Rosina que desde el jardín, mientras jugaba con un amiguito, vio claramente a una mujer vestida de negro, llorando desconsoladamente en una sala de la casa junto a una ventana. Cuando entró para ver quien era y qué sucedía, la mujer ya no estaba.

A partir del verano de 1884 el fantasma entró en una fase de hiperactividad; sus paseos nocturnos se multiplicaron y Rosina, en una ocasión, conmovida por la tristeza que veía en ella, trató de hablar con el fantasma, pero la figura desapareció instantáneamente. Fue entonces cuando decidió contar a su padre lo que estaba sucediendo. Las apariciones se hicieron más frecuentes y empezaron a ir acompañadas de toda la fenomenología que rodea a este tipo de eventos paranormales: bajadas bruscas de temperatura, ruidos de origen inexplicable. Cada vez eran más los testigos de aquellas apariciones, puesto que el espectro se iba desinhibiendo más y más; como si hubiera ganado confianza y ya no le molestara la presencia de los vivos. Incluso, según anotó Rosina, en varias ocasiones solo ellos o muy pocas personas podían ver al fantasma. 

El padre de Rosina, lejos de sentirse impresionado por las investigaciones de su hija, solo tenía un único deseo: expulsar a la figura errante, así que solicitó que se hiciera un exorcismo a la casa para librarse definitivamente de su fantasmal inquilina. La ceremonia, realizada en el año 1889, fue un éxito, al menos aparentemente, puesto que el fantasma no volvió a ser visto ni sentido en la residencia. Finalmente en 1892 la familia Despard abandonó la casa. El hecho había alcanzado una notoriedad enorme, no solo los curiosos rondaban la casa con la esperanza de ver al fantasma, la Sociedad para la Investigación Física, estudió el caso. Pero la desaparición radical del fenómeno, hizo que el tema cayera en el olvido y nadie volvió a acordarse del fantasma durante años.

Pero en 1898 se convirtió en internado infantil y las apariciones de la mujer enlutada comenzaron de nuevo. Bastantes años después, concretamente en 1958, un hombre que vivía en la misma calle en la que habitaron los Despard, aunque en otra casa, se despertó una noche sobresaltado, y notó que junto a la ventana se distinguía claramente la figura enlutada de una mujer vestida con ropa de la época victoriana, la cual apretaba un pañuelo contra su rostro como si estuviera sollozando. Su hermano y su hijo también llegaron a verla en varias ocasiones. El fantasma prodigó sus apariciones por la casa durante el tiempo que el hombre ocupó la misma, hasta el año 1961.

Otro incidente tuvo lugar en enero de 1970, cuando una residente de Cheltenham la señora Jackson estaba teniendo una clase de conducir a la hora del almuerzo y cuando pasaban justamente por delante de Santa Ana, su profesor se quedó comprensiblemente sorprendido cuando, el coche se paró de repente. No fue capaz de ver la figura de una mujer alta que llevaba un vestido negro largo que llegaba hasta el suelo, y que la señora Jackson dijo había bajado de la acera cerca de 20 metros por delante de ellos, en la trayectoria del vehículo en sentido contrario, desapareciendo rápidamente.

Otro incidente reportado ocurrió 15 años más tarde, en julio de 1985, cuando 2 testigos, un graduado de la Universidad de Oxford en música de unos 60 años y un amigo, caminaban a lo largo de Pitville Circo alrededor de la 10 de la noche, cuando vieron a una mujer alta vestida de negro con un miriñaque que se movía a lo largo del sendero cerca de Santa Ana hacia su cruce con la carretera principal, para de nuevo desaparecer de repente.

Hoy en día, aunque la casa sigue en pie, ha habido muchos cambios, una finca de pequeños bungalows conocidos como "St Anne's Close" se ha construido en el antiguo jardín y varios de los edificios de la zona han sido demolidos y reemplazados por bloques de pisos.

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