En medio del espeso bosque, a escasos kilómetros de la población de Vallcanera (Girona), se encuentra olvidada y sepultada por completo debido a la vegetación, una imponente casa que antaño era sinónimo de lujo y poder, de una gran familia catalana, pero que a día de hoy, es conocida por las innumerables leyendas e historias, de sucesos paranormales que cuenta la gente, suceden en ella. Voces de procedencia desconocida, susurros, sombras, luminarias, cambios bruscos de temperatura, e incluso objetos lanzados desde la más absoluta oscuridad, son algunos de los sucesos que envuelven este enclave, pero ¿por qué Villa Victoria María o como se la conoce Can Busquets, se ha ganado la fama de ser la casa más encantada de toda Cataluña?
Hay que decir que Can Busquets no es la gran casa señorial que vemos a día de hoy, sino un conjunto de edificaciones que estaban destinadas a la explotación agrícola, ocupando una extensión de 500 hectáreas. La edificación más antigua de todas, es una masía que está pegada a la gran edificación que todo el mundo tiene como referencia, y que data del siglo XV aproximadamente. Es un edificio de 2 plantas y buhardilla, estructura basilical, de puerta dintelada de medio punto y ventana central gótica, pero totalmente inaccesible debido a que la vegetación lo ha cubierto por completo y de cual a día de hoy, sólo quedan los muros exteriores ya que el interior, se vino abajo años antes.
Rebuscando en la historia, la primera referencia que se hace sobre el Mas Busquets es en 1947, cuando la adquiere un monje de una orden religiosa llamado Miquel Sabater. Después de esto, pasan casi 400 años en los que hay una laguna de información donde nada se sabe, hasta que ya en el siglo XVIII, se vuelve a encontrar referencia sobre el lugar.
A finales del siglo XIX, un respetable contable catalán Rafael Baster y Llagostera, afincado en la ciudad francesa de Marsella, se le ofrece gestionar varios inmuebles en Cataluña. tras varios viajes de la ciudad francesa a la capital catalana, decide junto a su mujer Victoria María de Robert y Suris, hermana del Marqués de Robert (Conde de Torroella de Montgri) y sus hijos, asentarse en Barcelona; concretamente en un piso situado en el nº 88 del Paseo de Gracia.
Al parecer, Can Busquets pasó por diversos propietarios. Algunos cuentan que perteneció a un adinerado cineasta de la población de Sant Feliu de Guixols, Antoni Vidal y Calzada, que éste se la vendió al matrimonio Baster y Robert; otros, que perteneció a la familia de Victoria María y estos fueron los vendedores; pero algunos cuentan, que era una de las muchas fincas que gestionaba el señor Rafael, y de esta manera fue como la adquirió. Sea como fuere lo único cierto es, que debido a que su poder adquisitivo había crecido considerablemente, fue adquirida como una finca de recreo y descanso, por los consortes.
Nada más obtener las 500 hectáreas, con sus enormes campos de cultivo y frondosos bosques, el matrimonio construyó la gran casa de color rojizo. Tres plantas y sótano de estilo eléctrico, de unos 2.000 metros cuadrados aproximadamente, con un tejado a 4 aguas y teja árabe, tal como podemos ver a día de hoy. La llamaron Villa María Victoria, en honor a la propietaria. La glorieta semicircular tan característica de esta casa, y que le otorga tanta personalidad, a la vez que un aspecto tétrico, cuenta con 3 niveles en la parte ventral de la fachada. Fue construida a posterior, al parecer, con la idea de que sostuviera la construcción, por miedo al derrumbe.
La Masía situada justo al lado de esta y que data del siglo XV, se les otorgó a los guardeses de la finca para que vivieran en ella, e hicieran su vida mientras cuidaban de la misma.
En el mismo año de la construcción del gran casería, se edificó a su izquierda, la capilla Neogótica que todavía está en pie a día de hoy. Compuesta por una planta rectangular y 3 ábsides cuadrados, con ventanas apuntadas y un rosetón central. Esta fue bautizada como Capilla de San Rafael, en honor a su propietario el señor Rafael Baster y Llagostera.
Años después, por su devoción por la religión y aportaciones económicas a la beneficencia, el Obispo de Girona les otorgó el título de Oratorio, para que pudieran celebrarse misas en la capilla. Con el tiempo, atendiendo las necesidades del matrimonio, fueron ampliando la gran residencia hasta conseguir la majestuosa edificación, tal como se puede ver en la actualidad. Quedando totalmente integrada en el bosque, que en cierto modo, era el destino que el señor Rafael siempre quiso para ella.
De este modo, mandó recubrir toda la fachada con un revestimiento de tierra cerámica rojiza, para que las enredaderas que recubrían los muros, la cubrieran por completo, y así dar la sensación de que el bosque, los jardines y Villa María Victoria formaban un solo lugar. Además, fue decorada con un gusto exquisito, con todo tipo de detalles realizados en vidrio, escayola, madera, cerámica, y muchos motivos religiosos, junto otros enseres, realizados por la misma señora de la casa. Hoy aún se puede ver en las molduras que adornan las ruinas, de lo que antaño fueran las estancias de esta gran mansión.
Si nos situamos en el salón principal, a día de hoy prácticamente inaccesible, excepto para los más aventureros, se pueden ver los detalles de las columnas. Se conservan las vigas del techo, sus baldosas y las ventanas góticas prácticamente intactas. Hay una gran chimenea decorada con 2 figuras: un soldado del temple y un campesino, ambas sujetando la repisa, en la que descansaba la campana con el escudo heráldico de la familia. Decir que el fogaril de los Baster era un sello de su poder, sabiendo el que Sr. Rafael pertenecía a la logia masónica Catalana-Balear, y así lo dejó patente construyendo uno de estos enormes caloríferos en casi todas las construcciones que financiaba.
Tenían un gran número de personas trabajando a su servicio, como chóferes y jornaleros. Levantaron una escuela no oficial a pocos metros de la gran vivienda, mientras el colegio de la población se Sils, estaba en construcción. Después de las obras, ésta se siguió utilizando para que los hijos de los trabajadores y vecinos de la zona, no tuvieran que hacer grandes trayectos, y recibir una adecuada educación. Incluso se cuenta, que las hijas del matrimonio María Victoria, ejercieron como maestras.
Así que con el tiempo consiguieron tener una escuela, un oratorio y un hogar. Todo en el mismo recinto y siempre pensando en sus trabajadores. Debido a esto, la gente del lugar decía que Can Busquets era un pueblo pequeño. Cuentan las historias, que todo viajero que necesitara de cobijo o alimento, era bien recibido y sin ningún tipo de coste. Por todo esto y más, la gran familia se ganó el cariño del quien los conocía.
Pero el matrimonio no sólo uso todos sus esfuerzos en aumentar la gran lar, sino que dotó toda la finca con canalizaciones de hierro, para que llegaran a todas partes, algo muy costoso para la época. Construyeron caminos, dos lagos con muros de contención, de los cuales sólo queda uno a día de hoy. Un horno de cristal, fuentes, más de una decena de viviendas, establos, relojes solares, gallineros, preciosos jardines, repoblaron los bosques con más de 6.000 pinos, encinas, robles y palmeras, obteniendo por esto último un premio conmemorativo. Ayudaron a reconstruir la Vía Augusta que delimitaba con la gran finca, así como a canalizar la riera de Vallcanera, que con las lluvias del otoño se desbordaba, acabando con todo lo que se ponía en su camino.
Los arreglos en el feudo, las donaciones a las parroquias y escuelas cercanas nunca cesaron. Gracias a los negocios de el señor Rafael, como su posición en el Banco de Barcelona, donde ejercía de administrador y tesorero entre los años 1905 y 1906, y posteriormente como vicepresidente, en los años 1907 y 1908, hicieron que su fortuna fuera en aumento.
Además de Villa MAría Victoria, tenían varias residencias tales como en Barcelona, Marsella, Sant Feliu de Guixols y en Islas Baleares. Todo parecía sonreírles, hasta que en 1918 doña Victoria falleció. Cuatro años más tarde, en 1922, lo haría su marido. Ambos fueron enterrados en lugares diferentes. Ella recibió sepultura en el panteón familiar de el cementerio de Sant Feliu de Guixols y él, en el cementerio de Les Corts de Barcelona. Pero lo que más sorprende, ya no es que fuera separado el matrimonio, que tanto amor procesó en su familia y en las personas que los conocían, sino que el señor Rafael, con los años, fuera arrojado a una fosa común, que a día de hoy, no tenga un lugar de culto donde poder ser visitado.
Toda la herencia, incluida la gran hacienda, pasó a manos de sus progenitoras, ya que su hijo pequeño. Santiago, murió tiempo atrás. Las dos hermanas siguieron durante unos años con la labor que desempeñaron sus padres, incluidas las obras de beneficencia, pero un día abandonaron la finca. Los motivos de su marcha aún siguen siendo argumento de especulación. La teoría más popularizada, dice que se marcharon por miedo a ser acusadas de ser personas ricas y burguesas.
Una vez las descendientes Baster y Robert abandonan la mansión, ésta pasa a manos de un agricultor, llamado Josep Busquets Castellá. Al parecer, fue quién le puso el nombre de Can Busquets. Los siguiente que se sabe, es que se marcharon a las Islas Baleares. Se casaron, no tuvieron hijos y fallecieron en la década de los años 60. Hay quien afirma que durante este periodo de letargo, asistieron a varias fiestas de alta cuna en Barcelona, siendo su paso por la comunidad, más bien breve.
Las leyendas de quien frecuentan el lugar con curiosidad, dicen que Can Busquets, fue un orfanato, un hospital de campaña durante la guerra civil, que se abandonó en los años 50. Pero tanto la documentación como testimonios de gente de la zona, desmienten todas estas historias.
Otros aseguran que fue una gran masía, donde se mataron 2 familia de guardeses por una disputa familiar. Otra versión relata que 2 generaciones fueron asesinadas, desde los adultos, niños, hasta los caballos y animales domésticos.
También se ha extendido la historia del chico que perdió la vida, debido a un ritual satánico, que se llevó acabo delante de la chimenea del salón principal. Según cuenta otra de las leyendas, si en las noches de luna llena te quedas mirando fijamente el interior del fogaril, éste te atrapa llevándote al cementerio oculto, que hay debajo de la gran casa. Pero sin duda, la más popular y extendida de todas estas leyendas, es la de una chica que se ahorcó en el roble. A día de hoy, aún preside la entrada, por un desamor. También se habla de un túnel que tiene la casa, dividido en 3 partes. Uno dicen, que llevaba a la escuela, otro al establo y el último a la población cercana de Vallcanera. Pero la realidad e nuevo es más simple, y es que dicha galería bajaba hacia la bodega de la casa .
De todas estas historias no existe documentación alguna. Sólo mentira tras mentira, de aquellos que intentan hacer de este lugar, un recóndito cobijo para seudo investigadores, atraídos por historias negras inventadas. Tal es así, que algunos curiosos que pasean cerca de la casa, se sienten molestos. Otros, nos contaron como en los años 90, antes de que se marcharan los últimos guardeses que estaban en régimen de alquiler, venían al Mas Busquets, a comprar huevos, hortalizas y leche. Incluso decían, que las personas a cargo del mantenimiento de la gran casa, de vez en cuando les dejaban jugar y corretear por su interior. Una de estas transeúntes, llegó a relatar cómo se hizo sus fotos de boda. Justo en los jardines de la casa, mientras aún conservaba todo su esplendor, antes de ser abandonada. Recordaba perfectamente, cómo su padre, que conoció a la gran familia, se burlaba de todas esas historias, que todavía hoy se cuentan. Lo que sí existe y queda demostrado, es que este lugar tiene una patina misteriosa y que los fenómenos se dan.
Son muy pocas las personas que se atreven a adentrarse durante el día, aún teniendo unas extensión de tierra a escasos 20 metros de la entrada. Menos aún, cuando cae la tarde o noche, en la que el lugar adquiere una apariencia de mole sombría, bajo la luz de la luna. Los que sí lo hacen, afirman oír cadenas, sentirse permanentemente observados, escuchar caballos en los establos ahora vacíos, ecos de disparos, voces de niños, objetos que te golpean... los aparatos electrónicos se quedan sin batería en lugares determinados y, pasados unos segundos vuelven a funcionar. Cambios de temperatura bruscos, e incluso alguna persona, dice haber sido atacada por algo demoníaco. Varios médiums que han visitado la zona, afirman que algo vive entre sus muros, ¿Pero qué es?
Lo cierto es que Villa María Victoria, es un lugar propicio para la TCI. Se puede asegurar que Can Busquets, tiene una fama mal merecida. Se han obtenido muchísimas psicofonías inteligentes, más sonidos y voces paranormales, que demuestran que quién custodia la casa, la parecer, siguen siendo los miembros de la familia Baster.
Se han recogido miles de fotografía extrañas y experiencias muy diversas. A día de hoy no tienen explicación racional, pero para nada es un lugar habitado por el demonio, como muchos aseguran, y tampoco se puede decir que sea "La casa más encantada de Cataluña". Tan sólo es la sombra de lo que fue una impresionante forma de vida, que en su momento dio empleo a muchísima gente. En los días de verano, agrupaba centenares de personas de todas las clases en sus jardines, para dar grandes fiestas y eventos.
La única certeza y realidad es, que el sello de una gran época hoy es un lugar de peregrinaje, para quien busca un supuesto contacto con el más allá. Aún así el ambiente, la casa y el lugar, tiene un aura especial.
Hoy en día Can Busquets no es ni la sombra de lo que fue antaño. De esta impresionante mansión, sólo queda en pie los muros exteriores, tanto de la gran casa, como de la escuela, los establos, el reloj de sol, los gallineros, la glorieta semicircular, uno de los lagos, algunas estancias de la primera planta y la capilla neogótica de San Rafael. Varios temblores, el paso del tiempo y las leyendas volcadas sobre ella, han sido los ingredientes perfectos para que cada año y con la ayuda de las cientos de personas que allí se desplazan, hayan conseguido que su esqueleto sea lo único que aún se resista a ser una nota de pie, en una página en blanco.
Parte de los terrenos, con los años se fueron vendiendo a agricultores independientes que hoy, siguen sembrando y cultivando en ellos. Otros tantos vendidos a particulares, que edificaron allí sus hogares. Algunos ejemplos son los 2 chalets que encontramos en la travesía, mientras se recorre el imponente camino de entrada a la casa.
Fuente: quatrebarresblog.wordpress.com

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