Las calaveras de cristal están cortadas con la forma de una calavera humana, carían en forma, tamaño y tipo de cristal. Algunas son auténticas, talladas por los mayas y otras culturas, mientras que la mayoría que podemos contemplar en la actualidad, fueron talladas recientemente.
Los lugares en que se han hallado estos objetos están ubicados generalmente en Centroamérica, especialmente en ruinas aztecas y mayas, aunque han habido noticias y rumores de posibles hallazgos en Suramérica, pero no han sido confirmados.
Además de asombrarnos con la forma en que fueron talladas, o la incapacidad para determinar como lo hicieron, existen afirmaciones de que a su alrededor se producen fenómenos inexplicables y extraños.
La más conocida de estas calaveras, así como la más misteriosa es el "Cráneo del Destino" o "Calavera del Destino", descubierta por Mitchell-Hedges. Tiene características muy similares a la de una verdadera calavera humana, como dientes y una mandíbula con movimiento. Hasta ahora no se ha logrado determinar la forma en que fue tallada, ya que se trata de un trabajo imposible de realizar por los más talentosos escultores de su época.
Fabricada con cristal puro de cuarzo, tanto la mandíbula como el cráneo provienen de la misma roca. Exceptuando pequeñas anomalías, es anatómicamente perfecta, posiblemente la representación de un cráneo femenino debido a su pequeño tamaño, 12,7 cm. de altura, mientras que su peso es de 5 kg.
Tantos los prismas ubicados en la base, como las lentes pulidas a mano de los ojos, se combinan para producir un brillo muy intenso. El cráneo, perfectamente tallado en cristal de roca, presenta un alto grado de dureza (siete sobre diez, en la escala de Mohs), de lo que se deduce que sólo mediante fundición del mineral y utilizando un molde, el tallado con otras piedras preciosas de igual o superior dureza (como el diamante) o un láser podría obtenerse algo parecido. Pero los mayas no poseían la suficiente capacidad técnica como para enfrentarse a semejante empresa.
Fue el explorador británico F.A. Mitchell-Hedges quien afirmó que fue desenterrada por su hija, Anna, en 1924, durante una expedición realizada en las ruinas mayas de Lubaantum, Belize, mientras buscaban huella de la Atlántida, en uno de los templos, tras mover unas grandes piedras que cubrían un altar.
En 1970 la familia Mitchell-Hedges entregó el cráneo a los laboratorios de Hewlett Packard para su estudio, en los cuales pudo comprobarse que el cristal fue tallado en contra del eje natural del cristal, a pesar de que los modernos escultores no lo harían, porque esto provocaría la rotura de la pieza de cuarzo, ni siquiera utilizando la tecnología láser, ya que tendría idénticos resultados sobre el cristal. Otro de los hallazgos sorprendentes consistió en que no hallaron evidencia ni rastros de que se hayan utilizado herramientas metálicas. La calavera fue hecha de pura roca cristalina en un proceso de construcción que, generación tras generación, abarcó entre 150 y 300 años. Y dice que durante todos los días de muchas vidas rasparon la pieza cristalina original con arena.
Los expertos de British Museum hacen remontar la calavera a la civilización azteca, fechando el origen (con muchas dudas) alrededor del 1300/1400 después de Cristo. Sin embargo, los indígenas que acompañaron a Mitchell-Hedges en Lubaantum (lugar de las piedras caídas) y siempre según sus propias palabras, aseguraron que el "Cráneo del Destino" tenía más de 3.600 años de antigüedad.
Otras dos calaveras de cristal se encuentran en el Museum of Mankind, en Londres, Inglaterra, y en el Trocadero Museum, en París, Francia. Ambas fueron halladas por soldados en México durante la década de 1890, y están talladas sobre puro cristal de cuarzo, aunque no tan elaboradamente como la de Mitchell-Hedges.
La calavera expuesta en el Museum of Mankind se considera gemela de la de Mitchell-Hedges, salvo por un detalle. La calvera de Mitchell-Hedges, en efecto, tiene la mandíbula articulada, como en un cráneo verdadero; mientras que la llamada Calavera Británica tiene la mandíbula fija. Los investigadores están de acuerdo en afirmar que los dos objetos han sido construidos por las mismas manos. El Museum of Mankind lo adquirió de Tiffany's, el célebre joyero de Nueva Yrk, en el 1898, por 120 libras.El encargado de la transición fue cierto Kunz, que en un libro suyo sobre los minerales, cita la calavera. Los ejecutivos de Tiffany's no fueron capaces de (o no quisieron) dar explicaciones sobre su origen.
Unos 12 años después, sería el British Museum quien entró en posesión de esta calavera. La llegada de la calavera al British Museum, coincidió con una serie de extraños acontecimientos. A parte las afirmaciones, antes escasamente probadas, de repentinos desplazamientos de objetos o repentinas invasiones de perfumes diferentes e inexplicables, fue el personal de limpieza del museo en las horas nocturnas, quienes alimentaron las creencias que atribuyen a la calavera poderes ocultos. Finalmente consiguieron que la calavera fuera cubierta por un pesado paño durante las horas nocturnas.
El antropólogo Morant realizó un estudio comparativo de ambas calaveras, llegando a conclusiones que no son compartidas por otros estudiosos. Morant dejó constancia de que ambas eran similares en muchos detalles anatómicos, llegando a afirmar que, por su forma, ambas habían sido modeladas sobre la calavera de una mujer, que eran representaciones de un mismo cráneo y que la una era copia de la otra, siendo la de Mitchell-Hedges la primera.
En el 1950, la calavera del British Museum fue examinada de nuevo y de tal examen se descubrió que la calavera tenía su origen en México, que se remontaba 1400 - 1500 d.C. y que el material fue cuarzo brasileño.
Una tercera calavera de cristal expuesto al Musèe de El Homme de París, idéntica en el estilo a las otras dos pero de dimensiones menores, puede proveer informaciones particularmente interesantes. Los expertos del Museo afirman que hizo parte de un "cetro mágico" azteca del siglo XIII d.C., y que fue usado para alejar a las serpientes y prever el futuro. Tiene un agujero que la atraviesa de arriba abajo (supuestamente hecho por un grupo cristiano para colocar en ella una cruz) y el estilo, la forma y el corte son similares a otras calaveras descubiertas en diversas ruinas de México.
Existen incontables hipótesis acerca del origen real de las calaveras, llegando algunos a pensar que puedan ser el legado de inteligencias superiores o extraterrestres. La respuesta más obvia sería que los nativos de Centroamérica, aztecas y mayas, las tallaron por sí mismos, pero esta hipótesis no explica la de los medios con que fueron creadas, ya que ninguna de estas culturas, por lo menos hasta donde sabemos, poseían la tecnología o el conocimiento necesario para completar esta labor, a menos que realmente empleasen la técnica de fricción con arena, pero eso sería extremadamente pesado y costoso y como ya explicamos precisaría el trabajo de vidas enteras dedicadas a tan ardua labor ya que por este método se tardaría entre 150 y 300 años en conseguir tal perfección.
A las abundantes anécdotas y creencias surgidas alrededor de estas raras piezas, y a las originarias atribuciones de poderes utilizados en los rituales en los que, presumiblemente, fueron usadas, son sumadas muchas otras que van desde el ocultismo, lo paranormal y la ufología.
El misterio de las calaveras es enriquecido también por una leyenda que se remontaría a los mayas. Tal leyenda cuenta que en el mundo existen 13 calaveras de cristal a tamaño natural, y cuando todas sean redescubiertas y asociadas, les transmitirán a los hombres todo su conocimiento. La leyenda, en cambio, nos advierte que eso ocurrirá solamente cuando los hombres sean íntegros moralmente. Esta leyenda que se transmite como una tradición oral, ha contribuido al nacimiento de un mito, aquel de las calaveras malditas. Todo eso, además, no es inmune al atractivo que los mayas suscitan como pueblo.
El misterio de las calaveras es enriquecido también por una leyenda que se remontaría a los mayas. Tal leyenda cuenta que en el mundo existen 13 calaveras de cristal de tamño natural, y cuando todas sean descubiertas, transmitirán a los hombres todo su conocimiento.
10/16/2015
9/30/2015
Los Dragones
El dragón es un ser mitológico que aparece de diversas formas en varias culturas de todo el mundo, con diferentes simbolismos asociados.
Hay dos tradiciones principales sobre dragones: los dragones europeos, derivados de las tradiciones populares europeas y de la mitología de Grecia y Oriente Próximo, y los dragones orientales, de origen chino, pero conocidos también en Japón, Corea y otros países asiáticos. Las dos tradiciones surgieron probablemente de forma independiente, pero en su desarrollo se han influido mutuamente.
La palabra aparece también en la tradición cristiana: el Apocalipsis se refiere a Satanás como el gran dragón, la serpiente antigua.
La palabra dragón deriva del griego (drákon), "serpiente, dragón", que se aplica a la mirada de las serpientes, las águilas, la Gorgona y los guerreros. Se cree, pues, que en origen el término hace referencia al poder fascinante e hipnótico de la mirada de la serpiente. Aunque aplicada en un principio a serpientes reales, pronto se utilizó también para referirse a aquellas dotadas de características imaginarias (enorme tamaño, capacidad de arrojar fuego por la boca, etc..) que aparecen en cuentos, leyendas y mitos.
La imagen y la figura del dragón varía en las diversas culturas que lo han representado. La cultura occidental ha imaginado a los dragones como reptiles gigantes y alados, inspirados en las serpientes y en otros reptiles, como los cocodrilos, caimanes y gaviales. Añaden a estas criaturas rasgos tomados de otros reinos animales (alas, cuernos) o fantásticos (un aliento de fuego). Los dragones orientales tienen también por lo general apariencia serpentina, pero mezclada con características de otros animales y casi nunca tienen alas.
A menudo desempeña un papel importante como dios o guardián, o como monstruo y poderoso enemigo. Se le atribuyen cualidades positivas, como una gran sabiduría y conocimiento, pero también defectos, como una avaricia y codicia insaciables que le conducen a devastar poblaciones enteras para apilar gigantescos tesoros.
La creencia en dragones se sustenta en las diversas tradiciones sobre ellos que aparecen en muchas culturas. Se ha planteado, como explicación de este fenómeno, el descubrimiento de fósiles de dinosaurio que llevasen a esas culturas a imaginar seres parecidos. A menudo, se ha creído que estos seres seguían vivos, generalmente en lugares de exposición de Europa presuntos restos de dragón, que eran en realidad cocodrilos procedentes de Egipto y Arabia.
El simbolismo alrededor del dragón es esencialmente el de la lucha. La lucha entre el dragón y un héroe o un dios tiene, sin embargo, distintos significados. En estos míticos combates el dragón asume dos papeles, el de devorador y el de guardián, que tienen finalmente una sola raíz: el de un ser cósmico en espera, cuya acción implica la muerte - o el nacimiento - de un orden universal.
Así, en un principio, los dragones fueron devoradores de dioses - algunos mitos se refieren a estas criaturas como la causa de los eclipses, por ejemplo -, o sus enemigos - caso de Apofis y Pithon, enemigos del Sol -; posteriormente los dragones fueron fuerzas a las que se les ofrecían doncellas en sacrificio y no tardaron en concebirse como comedores de hombres. De todos modos, ese papel no se aleja del de guardián, que implica la espera y el mantenimiento de un orden que preludia una reinvención del universo o el descubrimiento de un lugar sagrado. Justamente porque son guardianes de algo sagrado, es por lo que simbolizan el puente a otro mundo o la prueba de todo héroe.
Las actitudes tomadas en las culturas del mundo frente a la figura del dragón y la lucha que supone se distancian en ocasiones, particularmente si se compara la idea de dragón que existe en el lejano Oriente con la predominante en Occidente. Los dragones chinos, los japoneses y los coreanos son vistos generalmente como seres benévolos, mientras que los europeos son es su mayoría malévolos.
Sin embargo, los dragones malévolos no están restringidos a Europa: entre otras culturas, esta interpretación se mantiene también en la mitología persa. El tema es complejo y ha variado a lo largo de la historia. Como ejemplo, entre los romanos, típicos representantes del Occidente antiguo, el dragón era considerado un símbolo de poder y sabiduría.
En Oriente Próximo, la figura del dragón, simboliza el mal y la ruina. En Enuma Elish, una epopeya escrita alrededor del 2000 a. C. la diosa Tiamat era un dragón que simboliza los océanos y comandaba las hordas del mal, cuya destrucción previa era necesaria para crear un nuevo universo ordenado.
También en la Biblia hebrea el dragón representa el mal. En la mitología persa destaca el caso de Azi Dahaka, un dragón malévolo. En Rumanía, se habla del dragón geta-dacio, que tenía cabeza de lobo y cola de serpiente. Esta imagen era empleada en la guerra ya que en la bandera de Dacia aparece un dragón.
En muchas culturas orientales los dragones era, y en algunos cultos son todavía, reverenciados como representantes de las fuerzas primitivas de la naturaleza y el universo.
En Oriente, el dragón siempre se ha considerado una criatura benéfica y un símbolo de buena fortuna.
A diferencia de sus congéneres occidentales, los dragones orientales no escupen fuego ni tienen alas, aunque normalmente pueden volar gracias a la magia. Un dragón típico de oriente tiene cuernos de ciervo, cabeza de caballo, cuello de serpiente, garras de águilas, orejas de toro y bigotes largos como los de los gatos. En las leyendas chinas hay dragones que vigilan los cielos, dragones que traen la lluvia, y dragones que controlan los ríos y arroyos. En Japón, donde se los tiene por seres sabios, amables y siempre dispuestos a ayudar, los dragones han sido, durante siglos, el emblema oficial de la familia imperial.
Los dragones chinos y japoneses simbolizan el poder espiritual supremo, el poder terrenal y celestial, el comienzo y la fuerza, y por lo tanto son benévolos. El dragón es la insignia más antigua del arte de estos países. Proporcionan salud y buena suerte y viven en el agua. Según las antiguas creencias chinas, traen la lluvia para la recolección. Es por eso que el dragón se convirtió en el símbolo imperial de ese país.
Las tribus nórdicas de Europa asociaban su folclore con varios aspectos terroríficos del dragón.
La mitología germana incluye al dragón entre las fuerzas del inframundo. Se alimenta de las raíces de Yggdrasil, el fresno sagrado que extiende sus raíces a través de todos los mundos. Los antiguos escandinavos (los vikingos), adornaban las proas de sus barcos esculpiéndolas en forma de dragón. Usaban esta decoración en la creencia de que así asustarían a los espíritus (Landvaettir) que vigilaban las costas a las que llegaban. También los dragones aparecen en poemas germanos: en Beowulf, un poema épico-anglosajón, el más antiguo que se conserva. Un hombre llamado Beowulf, que había librado a su pueblo de un monstruo mitad hombre y mitad diablo, luego, ya convertido en rey, lucha contra un dragón, disputa en la que ambos mueren. En el Cantar de los Nibelungos, un poema épico-medieval anónimo, Sigfrido mata a un dragón, llamado Fafnir, y al ungirse con su sangre se hace inmune a todo mal.
Para los celtas, el dragón era una divinidad de los bosques, cuya fuerza podía ser controlada y utilizada por los magos. Entre los conquistadores celtas de Britania fu símbolo de soberanía, y durante la ocupación romana de la isla adornó los estandartes de guerra, convirtiéndose en un símbolo heráldico y luego militar.
En la mitología griega, existen varios dragones que fueron usados por los dioses, o eran temidos por ellos mismos. Existen en el mito antiguo el dragón Ladon, de cien cabezas que custodiaba el jardín de las Hespérides, además de Tifón, Lamia, el dragón de Delfos o Pitón, Amphisbaena (dragón de dos cabezas que nació de la sangre de Medusa cuando cayó una gota en el desierto de Libia), basilisco y la famosa Hydra de Lerna.
Entre los romanos, como se dijo más arriba, el dragón era considerado un símbolo de poder y sabiduría.
Para la mitología eslava, el dragón era una de las formas que adoptaba el dios Veles, señor del Mundo Subterráneo, adversario de Perún, dios del trueno.
Los cristianos heredaron la idea hebrea del dragón, que aparece en el Apocalípsis, del apóstol Juan, y en otras tradiciones posteriores. En el arte cristiano del Medievo simboliza el pecado y al aparecer bajo los pies de los santos y mártires representa el triunfo de la fe y los reinos cristianos sobre el diablo. La leyenda de San Jorge y el dragón por ejemplo.
En el simbolismo medieval la idea de lucha contra dragones sirvió para fortalecer la motivación de los reinos cristianos. Se presentaban a menudo también como representaciones de la apostasía, la herejía y la traición, pero también de cólera y envidia, y presagiaban grandes calamidades. Varias veces significaban la decadencia y la opresión, aunque sirvieron también como símbolos para la independencia, el liderazgo y la fuerza.
Los colores a menudo determinaron el simbolismo que un dragón tenía. En la pauta del viaje del héroe, los dragones representaron el obstáculo o el temor, y el paso necesario para volver al hogar, y como muchos dragones se presentan también como la encarnación de la sabiduría, en esas tradiciones matar a uno de ellos no sólo daba acceso a sus riquezas sino también significaba que el caballero había vencido a la más astuta de las criaturas. Otra faceta del dragón en la mitología clásica de la época caballeresca es el dragón como guardián que custodia o secuestra princesas en sus castillos.
En el accidente de la actualidad es casi siempre concebido como una criatura malvada, poderosa y cruel, estereotipo extraído tanto de las antiguas leyendas como de las más modernas películas.
La mayoría de los autores llaman serpientes a los dragones mesoamericanos, pero ya que etimológicamente la palabra dragón significa serpiente emplumada entonces tomaremos el término cóati como dragón en el caso de los seres mitológicos mencionados a continuación en lugar del significado literal "serpiente" para diferenciarlos de las serpientes y víboras, las que tienen sus propios significados.
En torno a Los Andes se creía en el poder que ejercían las "serpientes del abismo marítimo y de la montaña esplendorosa". Estas eran criaturas de grandes proporciones que también son considerados dragones. Así por ejemplo, las que se veneraban en los Andes centrales difieren de aquellas de los extremos del Imperio Inca.
Las bestias de la mayor parte de Sudamérica estaban ampliamente relacionadas con enormes serpientes que se remontaban con los orígenes de la humanidad, coincidiendo con otras regiones del planeta. Pero, a diferencia del viejo mundo, estos dragones no presentan unicidad ni en sus características predominantes ni en sus actitudes, aún siendo de aspectos semejantes. De hecho, tales dragones mantenían una historia de conflictos entre sí que se remonta al primitivo pasado de las culturas americanas. La leyenda de Tren Tren y Cai Cai Vilu refleja esto, al enfrentarse ambas serpientes (Mar y Tierra) por el futuro del pueblo Mapuche.
Los Muisicas, pueblo indígena de Colombia, creían en Chiminigagua, dios creador en forma de serpiente de fuego bajo la sagrada laguna de Iguaque, que creó a los padres de la humanidad, Bachue y su joven acompañante. Ellos vivieron y tuvieron hijos, que después de un tiempo los dejarían hasta convertirse en dos serpientes acuáticas para vigilar a su pueblo, dentro de la laguna de Iguaque.
Tiempo después el primer Zaque de la sabana de Bogotá, hijo de Sue o el Sol (o de Chia, la Luna o deidad maligna) era un hombre en forma de dragón de color verde.
La mitología moderna ha empleado repetidamente el símbolo del dragón, extendiendo su pervivencia en el imaginario; pero también ha usado su imagen reduciéndolo a un poderoso monstruo casi invencible. Las múltiples apariciones de dragones en la cultura y la ficción, sin embargo, hacen uso frecuente no sólo de elementos tradicionales sino también otros innovadores en la criatura, que amplían sus alcances y estimulan más la imaginación, dando así lugar a un sinfín de dragones con diversas cualidades y variantes. Como ejemplos representativos se pueden mencionar los dragones del legendarium de J. R. R. Tolkien, cuyo máximo exponente es el Smaug de El hobbit, o los dragones que constituyen uno de los elementos más relevantes del universo del juego de rol Dungeons & Dragons. También podemos encontrar a Fujur en La Historia Interminable o los dragones - montura de la serie de historietas El Mercenario. También es un buen ejemplo la película Cómo entrenar a tu dragón, en la que se pueden observar distintas formas de dragones.
Se ha especulado que las cobras pueden ser el origen de los mitos sobre los dragones que escupen fuego.
Los cocodrilos del Nilo, una especie reducida actualmente, fueron encontrados en tiempos arcaicos en el Sur de Europa, tras haber nadado a través del Mediterráneo. Estos cocodrilos desviados pudieron ser un elemento de inspiración para los mitos de dragones. Tanto esqueletos de ballenas como de dinosaurios, así como fósiles de mamíferos gigantes, puede de que hayan sido confundidos de igual manera por los huesos de estas criaturas aladas y otros seres mitológicos; por ejemplo, el descubrimiento en el año 300 a. C. en Wucheng, Sichuan, China, fue marcado como uno de ese estilo por Chang Qu. Adrienne Mayor ha escrito del tema de los fósiles como una inspiración para los mitos en su libro "Los Primeros Cazadores de Fósiles", y en una sección de la Enciclopedia de Geología ella escribió: "Los restos fósiles crearon una vasta variedad de geomitos especulando en la identidad de las criaturas, desde China e India hasta Grecia, América y Australia, contando historias de dragones, monstruos y héroes gigantes".
Para el caso de Australia, las historias de los dragones pueden tener su origen en la tierra de los cocodrilos Quinkana, los cuales eran terrestres y abarcaban medidas desde los 5 hasta los 7 metros de largo. Otro lagarto gigante que habitaba esa región era el Varanus priscus un reptil carnívoro que vivió en el Sur de Australia en el Pleistoceno hace 40.000 años y que también llegaba a medir 7 metros de largo con un peso de 1,940 kilogramos aproximadamente. O bien, las extintas serpientes arcoiris que posiblemente pertenecían al grupo de las Wonambi naracoortensis. Hoy en día el mismo reptil Varanus komodoensis es conocido en español como el Dragón de Komodo.
En el libro An Instinct for Dragons el antropólogo David E. Jones propone una hipótesis de que los humanos, al igual que los monos, hemos desarrollado reacciones instintivas contra las serpientes, los gatos gigantes y las aves de rapiña. Los dragones tienen caracteres que son la combinación de esas tres especies, por lo que ese instinto de miedo podría explicar el por qué los dragones con descripciones similares aparecen en historias de diferentes culturas en todos los continentes.
Finalmente en Eslovenia, el historiador natural Janez Vajkard Valvasor recopiló historias populares sobre el Olm (una salamandra subterránea) en The Glory of the Duchy of Carniola. Éste es mencionado como un bebé dragón que fue empujado a la superficie por las fuertes lluvias de Eslovenia dando origen a la creencia popular de que los grandes dragones vivieron en la corteza de la Tierra, y que los olms fueron los descendientes no desarrollados de estas míticas criaturas.
Hay dos tradiciones principales sobre dragones: los dragones europeos, derivados de las tradiciones populares europeas y de la mitología de Grecia y Oriente Próximo, y los dragones orientales, de origen chino, pero conocidos también en Japón, Corea y otros países asiáticos. Las dos tradiciones surgieron probablemente de forma independiente, pero en su desarrollo se han influido mutuamente.
La palabra aparece también en la tradición cristiana: el Apocalipsis se refiere a Satanás como el gran dragón, la serpiente antigua.
La palabra dragón deriva del griego (drákon), "serpiente, dragón", que se aplica a la mirada de las serpientes, las águilas, la Gorgona y los guerreros. Se cree, pues, que en origen el término hace referencia al poder fascinante e hipnótico de la mirada de la serpiente. Aunque aplicada en un principio a serpientes reales, pronto se utilizó también para referirse a aquellas dotadas de características imaginarias (enorme tamaño, capacidad de arrojar fuego por la boca, etc..) que aparecen en cuentos, leyendas y mitos.
La imagen y la figura del dragón varía en las diversas culturas que lo han representado. La cultura occidental ha imaginado a los dragones como reptiles gigantes y alados, inspirados en las serpientes y en otros reptiles, como los cocodrilos, caimanes y gaviales. Añaden a estas criaturas rasgos tomados de otros reinos animales (alas, cuernos) o fantásticos (un aliento de fuego). Los dragones orientales tienen también por lo general apariencia serpentina, pero mezclada con características de otros animales y casi nunca tienen alas.
A menudo desempeña un papel importante como dios o guardián, o como monstruo y poderoso enemigo. Se le atribuyen cualidades positivas, como una gran sabiduría y conocimiento, pero también defectos, como una avaricia y codicia insaciables que le conducen a devastar poblaciones enteras para apilar gigantescos tesoros.
La creencia en dragones se sustenta en las diversas tradiciones sobre ellos que aparecen en muchas culturas. Se ha planteado, como explicación de este fenómeno, el descubrimiento de fósiles de dinosaurio que llevasen a esas culturas a imaginar seres parecidos. A menudo, se ha creído que estos seres seguían vivos, generalmente en lugares de exposición de Europa presuntos restos de dragón, que eran en realidad cocodrilos procedentes de Egipto y Arabia.
El simbolismo alrededor del dragón es esencialmente el de la lucha. La lucha entre el dragón y un héroe o un dios tiene, sin embargo, distintos significados. En estos míticos combates el dragón asume dos papeles, el de devorador y el de guardián, que tienen finalmente una sola raíz: el de un ser cósmico en espera, cuya acción implica la muerte - o el nacimiento - de un orden universal.
Así, en un principio, los dragones fueron devoradores de dioses - algunos mitos se refieren a estas criaturas como la causa de los eclipses, por ejemplo -, o sus enemigos - caso de Apofis y Pithon, enemigos del Sol -; posteriormente los dragones fueron fuerzas a las que se les ofrecían doncellas en sacrificio y no tardaron en concebirse como comedores de hombres. De todos modos, ese papel no se aleja del de guardián, que implica la espera y el mantenimiento de un orden que preludia una reinvención del universo o el descubrimiento de un lugar sagrado. Justamente porque son guardianes de algo sagrado, es por lo que simbolizan el puente a otro mundo o la prueba de todo héroe.
Las actitudes tomadas en las culturas del mundo frente a la figura del dragón y la lucha que supone se distancian en ocasiones, particularmente si se compara la idea de dragón que existe en el lejano Oriente con la predominante en Occidente. Los dragones chinos, los japoneses y los coreanos son vistos generalmente como seres benévolos, mientras que los europeos son es su mayoría malévolos.
Sin embargo, los dragones malévolos no están restringidos a Europa: entre otras culturas, esta interpretación se mantiene también en la mitología persa. El tema es complejo y ha variado a lo largo de la historia. Como ejemplo, entre los romanos, típicos representantes del Occidente antiguo, el dragón era considerado un símbolo de poder y sabiduría.
En Oriente Próximo, la figura del dragón, simboliza el mal y la ruina. En Enuma Elish, una epopeya escrita alrededor del 2000 a. C. la diosa Tiamat era un dragón que simboliza los océanos y comandaba las hordas del mal, cuya destrucción previa era necesaria para crear un nuevo universo ordenado.
También en la Biblia hebrea el dragón representa el mal. En la mitología persa destaca el caso de Azi Dahaka, un dragón malévolo. En Rumanía, se habla del dragón geta-dacio, que tenía cabeza de lobo y cola de serpiente. Esta imagen era empleada en la guerra ya que en la bandera de Dacia aparece un dragón.
En muchas culturas orientales los dragones era, y en algunos cultos son todavía, reverenciados como representantes de las fuerzas primitivas de la naturaleza y el universo.
En Oriente, el dragón siempre se ha considerado una criatura benéfica y un símbolo de buena fortuna.
A diferencia de sus congéneres occidentales, los dragones orientales no escupen fuego ni tienen alas, aunque normalmente pueden volar gracias a la magia. Un dragón típico de oriente tiene cuernos de ciervo, cabeza de caballo, cuello de serpiente, garras de águilas, orejas de toro y bigotes largos como los de los gatos. En las leyendas chinas hay dragones que vigilan los cielos, dragones que traen la lluvia, y dragones que controlan los ríos y arroyos. En Japón, donde se los tiene por seres sabios, amables y siempre dispuestos a ayudar, los dragones han sido, durante siglos, el emblema oficial de la familia imperial.
Los dragones chinos y japoneses simbolizan el poder espiritual supremo, el poder terrenal y celestial, el comienzo y la fuerza, y por lo tanto son benévolos. El dragón es la insignia más antigua del arte de estos países. Proporcionan salud y buena suerte y viven en el agua. Según las antiguas creencias chinas, traen la lluvia para la recolección. Es por eso que el dragón se convirtió en el símbolo imperial de ese país.
Las tribus nórdicas de Europa asociaban su folclore con varios aspectos terroríficos del dragón.
La mitología germana incluye al dragón entre las fuerzas del inframundo. Se alimenta de las raíces de Yggdrasil, el fresno sagrado que extiende sus raíces a través de todos los mundos. Los antiguos escandinavos (los vikingos), adornaban las proas de sus barcos esculpiéndolas en forma de dragón. Usaban esta decoración en la creencia de que así asustarían a los espíritus (Landvaettir) que vigilaban las costas a las que llegaban. También los dragones aparecen en poemas germanos: en Beowulf, un poema épico-anglosajón, el más antiguo que se conserva. Un hombre llamado Beowulf, que había librado a su pueblo de un monstruo mitad hombre y mitad diablo, luego, ya convertido en rey, lucha contra un dragón, disputa en la que ambos mueren. En el Cantar de los Nibelungos, un poema épico-medieval anónimo, Sigfrido mata a un dragón, llamado Fafnir, y al ungirse con su sangre se hace inmune a todo mal.
Para los celtas, el dragón era una divinidad de los bosques, cuya fuerza podía ser controlada y utilizada por los magos. Entre los conquistadores celtas de Britania fu símbolo de soberanía, y durante la ocupación romana de la isla adornó los estandartes de guerra, convirtiéndose en un símbolo heráldico y luego militar.
En la mitología griega, existen varios dragones que fueron usados por los dioses, o eran temidos por ellos mismos. Existen en el mito antiguo el dragón Ladon, de cien cabezas que custodiaba el jardín de las Hespérides, además de Tifón, Lamia, el dragón de Delfos o Pitón, Amphisbaena (dragón de dos cabezas que nació de la sangre de Medusa cuando cayó una gota en el desierto de Libia), basilisco y la famosa Hydra de Lerna.
Entre los romanos, como se dijo más arriba, el dragón era considerado un símbolo de poder y sabiduría.
Para la mitología eslava, el dragón era una de las formas que adoptaba el dios Veles, señor del Mundo Subterráneo, adversario de Perún, dios del trueno.
Los cristianos heredaron la idea hebrea del dragón, que aparece en el Apocalípsis, del apóstol Juan, y en otras tradiciones posteriores. En el arte cristiano del Medievo simboliza el pecado y al aparecer bajo los pies de los santos y mártires representa el triunfo de la fe y los reinos cristianos sobre el diablo. La leyenda de San Jorge y el dragón por ejemplo.
En el simbolismo medieval la idea de lucha contra dragones sirvió para fortalecer la motivación de los reinos cristianos. Se presentaban a menudo también como representaciones de la apostasía, la herejía y la traición, pero también de cólera y envidia, y presagiaban grandes calamidades. Varias veces significaban la decadencia y la opresión, aunque sirvieron también como símbolos para la independencia, el liderazgo y la fuerza.
Los colores a menudo determinaron el simbolismo que un dragón tenía. En la pauta del viaje del héroe, los dragones representaron el obstáculo o el temor, y el paso necesario para volver al hogar, y como muchos dragones se presentan también como la encarnación de la sabiduría, en esas tradiciones matar a uno de ellos no sólo daba acceso a sus riquezas sino también significaba que el caballero había vencido a la más astuta de las criaturas. Otra faceta del dragón en la mitología clásica de la época caballeresca es el dragón como guardián que custodia o secuestra princesas en sus castillos.
En el accidente de la actualidad es casi siempre concebido como una criatura malvada, poderosa y cruel, estereotipo extraído tanto de las antiguas leyendas como de las más modernas películas.
La mayoría de los autores llaman serpientes a los dragones mesoamericanos, pero ya que etimológicamente la palabra dragón significa serpiente emplumada entonces tomaremos el término cóati como dragón en el caso de los seres mitológicos mencionados a continuación en lugar del significado literal "serpiente" para diferenciarlos de las serpientes y víboras, las que tienen sus propios significados.
En torno a Los Andes se creía en el poder que ejercían las "serpientes del abismo marítimo y de la montaña esplendorosa". Estas eran criaturas de grandes proporciones que también son considerados dragones. Así por ejemplo, las que se veneraban en los Andes centrales difieren de aquellas de los extremos del Imperio Inca.
Las bestias de la mayor parte de Sudamérica estaban ampliamente relacionadas con enormes serpientes que se remontaban con los orígenes de la humanidad, coincidiendo con otras regiones del planeta. Pero, a diferencia del viejo mundo, estos dragones no presentan unicidad ni en sus características predominantes ni en sus actitudes, aún siendo de aspectos semejantes. De hecho, tales dragones mantenían una historia de conflictos entre sí que se remonta al primitivo pasado de las culturas americanas. La leyenda de Tren Tren y Cai Cai Vilu refleja esto, al enfrentarse ambas serpientes (Mar y Tierra) por el futuro del pueblo Mapuche.
Los Muisicas, pueblo indígena de Colombia, creían en Chiminigagua, dios creador en forma de serpiente de fuego bajo la sagrada laguna de Iguaque, que creó a los padres de la humanidad, Bachue y su joven acompañante. Ellos vivieron y tuvieron hijos, que después de un tiempo los dejarían hasta convertirse en dos serpientes acuáticas para vigilar a su pueblo, dentro de la laguna de Iguaque.
Tiempo después el primer Zaque de la sabana de Bogotá, hijo de Sue o el Sol (o de Chia, la Luna o deidad maligna) era un hombre en forma de dragón de color verde.
La mitología moderna ha empleado repetidamente el símbolo del dragón, extendiendo su pervivencia en el imaginario; pero también ha usado su imagen reduciéndolo a un poderoso monstruo casi invencible. Las múltiples apariciones de dragones en la cultura y la ficción, sin embargo, hacen uso frecuente no sólo de elementos tradicionales sino también otros innovadores en la criatura, que amplían sus alcances y estimulan más la imaginación, dando así lugar a un sinfín de dragones con diversas cualidades y variantes. Como ejemplos representativos se pueden mencionar los dragones del legendarium de J. R. R. Tolkien, cuyo máximo exponente es el Smaug de El hobbit, o los dragones que constituyen uno de los elementos más relevantes del universo del juego de rol Dungeons & Dragons. También podemos encontrar a Fujur en La Historia Interminable o los dragones - montura de la serie de historietas El Mercenario. También es un buen ejemplo la película Cómo entrenar a tu dragón, en la que se pueden observar distintas formas de dragones.
Se ha especulado que las cobras pueden ser el origen de los mitos sobre los dragones que escupen fuego.
Los cocodrilos del Nilo, una especie reducida actualmente, fueron encontrados en tiempos arcaicos en el Sur de Europa, tras haber nadado a través del Mediterráneo. Estos cocodrilos desviados pudieron ser un elemento de inspiración para los mitos de dragones. Tanto esqueletos de ballenas como de dinosaurios, así como fósiles de mamíferos gigantes, puede de que hayan sido confundidos de igual manera por los huesos de estas criaturas aladas y otros seres mitológicos; por ejemplo, el descubrimiento en el año 300 a. C. en Wucheng, Sichuan, China, fue marcado como uno de ese estilo por Chang Qu. Adrienne Mayor ha escrito del tema de los fósiles como una inspiración para los mitos en su libro "Los Primeros Cazadores de Fósiles", y en una sección de la Enciclopedia de Geología ella escribió: "Los restos fósiles crearon una vasta variedad de geomitos especulando en la identidad de las criaturas, desde China e India hasta Grecia, América y Australia, contando historias de dragones, monstruos y héroes gigantes".
Para el caso de Australia, las historias de los dragones pueden tener su origen en la tierra de los cocodrilos Quinkana, los cuales eran terrestres y abarcaban medidas desde los 5 hasta los 7 metros de largo. Otro lagarto gigante que habitaba esa región era el Varanus priscus un reptil carnívoro que vivió en el Sur de Australia en el Pleistoceno hace 40.000 años y que también llegaba a medir 7 metros de largo con un peso de 1,940 kilogramos aproximadamente. O bien, las extintas serpientes arcoiris que posiblemente pertenecían al grupo de las Wonambi naracoortensis. Hoy en día el mismo reptil Varanus komodoensis es conocido en español como el Dragón de Komodo.
En el libro An Instinct for Dragons el antropólogo David E. Jones propone una hipótesis de que los humanos, al igual que los monos, hemos desarrollado reacciones instintivas contra las serpientes, los gatos gigantes y las aves de rapiña. Los dragones tienen caracteres que son la combinación de esas tres especies, por lo que ese instinto de miedo podría explicar el por qué los dragones con descripciones similares aparecen en historias de diferentes culturas en todos los continentes.
Finalmente en Eslovenia, el historiador natural Janez Vajkard Valvasor recopiló historias populares sobre el Olm (una salamandra subterránea) en The Glory of the Duchy of Carniola. Éste es mencionado como un bebé dragón que fue empujado a la superficie por las fuertes lluvias de Eslovenia dando origen a la creencia popular de que los grandes dragones vivieron en la corteza de la Tierra, y que los olms fueron los descendientes no desarrollados de estas míticas criaturas.
9/29/2015
Muerte (personificación)
El concepto de la muerte como una entidad antropomórfica ha existido en muchas culturas desde los albores de la humanidad.
En español además del nombre propio de La Muerte es común emplear La Parca proveniente de la mitología romana. A partir del siglo XV comenzó a ser representado como una figura esquelética que lleva capa y capucha. También se da el nombre del Ángel de la Muerte. En rigor no hay ninguna mención en la Biblia del Ángel de la Muerte, sin embargo, hay una mención de Abbaddon (El Destructor) un ángel cuya verdadera identidad es un misterio; y que corresponde al Ángel del Abismo.
En algunos casos, la Parca es quien causa la muerte de la víctima, lo que da origen a historias donde a esta se le puede engañar o sobornar permitiendo así que el condenado sobreviva gracias a su astucia, como en el caso de Sísifo. Otras creencias sostienen que el espectro de la muerte es sólo un psicopompo, que sirve para cortar los últimos lazos entre el alma y el cuerpo además de para guiar al difunto al otro mundo. De este modo la figura no tendría ningún control sobre el hecho de la muerte de la víctima. En muchos idiomas, como en las lenguas eslavas y romances (incluyendo el español), la muerte es personificada en forma femenina, mientras que en otros (como el inglés), se percibe como un personaje masculino.
La muerte es algo natural para los cristianos, ya que se considera un hecho que va a pasar o que sucedió. La muerte o la Parca la describen como un esqueleto.
Pero Dios le resucitó (a Jesús) de los muertos, liberándolo de la agonía de la muerte, porque era imposible que la muerte pudiera mantener su control sobre él.
Pasajes más tarde, sin embargo, son mucho más explícitas. Romanos 5 habla de la muerte como de "reina de la época de Adán hasta el tiempo de Moisés", y varios pasajes de las epístolas hablan de la estadía de Cristo en la cruz y su resurrección como una confrontación con la muerte.
Estos versículos son: Rom. 6:9 y 2 Tim. 01:10. La muerte es todavía vista en las Escrituras. 1 Cor. 15:26 afirma "El último enemigo que será destruido es la muerte", lo que implica que la muerte no ha sido destruida de una vez por todas. Esta afirmación resulta cierta más tarde en el libro del Apocalipsis.
El autor de la Epístola a los Hebreos dice que Satanás "tiene el poder de la muerte" (hebreos 2:14). Está escrito que el Hijo se hizo hombre porque su muerte podría destruir al diablo, que es la cabeza de la bestia a que se refiere el Apocalipsis.
Una de las cabezas de la bestia parecía tener una herida mortal, pero su herida mortal había sido curada. (Apocalipsis 13:3).
Así como la cabeza de la serpiente como forma preventiva a que se refiere en Génesis 3:15:
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: ella te pisará en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
Si la cabeza en la que fue fatalmente herido, pero curado, se refiere a la muerte, esto se corresponde con 2 Tim. 1:10, que dice que Jesús "ha destruido la muerte" y la implicación de que la muerte aún no se había destruido en 1 Cor. 15:26. La victoria sobre la muerte también se le conoce como Vida eterna.
De la destrucción final de la muerte hace referencia Pablo en el capítulo 15 de 1 Corintios, dice que después de la resurrección general, las profecías de Isaías 25:8 y 13:14 Oseas, "Destruirá la muerte para siempre", y "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?" (Septuaginta), se cumplirán. Según Pablo, el poder de la Muerte se encuentra en el pecado, el cual es posible gracias a la ley, y que Dios "nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo". La victoria sobre la muerte también se discute en el Apoclipsis de Juan.
En el Islam la muerte es observada como un evento a celebrar en lugar de un ser terrible. Es el paso del alma eterna en una dimensión más cercana a su creador que es visto como un punto de alegría, en vez de la miseria, el dolor o la tristeza. Según la tradición islámica, el profeta Mahoma señala que el dolor es una forma aceptable de lo que nos hace humanos, sin embargo prolongar el duelo a costa de la vida es inadecuado, especialmente a la luz de la transición de un mundo a otro.
La muerte es representada por Azra'il, uno de los arcángeles de Alá en el Corán.
En español además del nombre propio de La Muerte es común emplear La Parca proveniente de la mitología romana. A partir del siglo XV comenzó a ser representado como una figura esquelética que lleva capa y capucha. También se da el nombre del Ángel de la Muerte. En rigor no hay ninguna mención en la Biblia del Ángel de la Muerte, sin embargo, hay una mención de Abbaddon (El Destructor) un ángel cuya verdadera identidad es un misterio; y que corresponde al Ángel del Abismo.
En algunos casos, la Parca es quien causa la muerte de la víctima, lo que da origen a historias donde a esta se le puede engañar o sobornar permitiendo así que el condenado sobreviva gracias a su astucia, como en el caso de Sísifo. Otras creencias sostienen que el espectro de la muerte es sólo un psicopompo, que sirve para cortar los últimos lazos entre el alma y el cuerpo además de para guiar al difunto al otro mundo. De este modo la figura no tendría ningún control sobre el hecho de la muerte de la víctima. En muchos idiomas, como en las lenguas eslavas y romances (incluyendo el español), la muerte es personificada en forma femenina, mientras que en otros (como el inglés), se percibe como un personaje masculino.
La muerte es algo natural para los cristianos, ya que se considera un hecho que va a pasar o que sucedió. La muerte o la Parca la describen como un esqueleto.
Pero Dios le resucitó (a Jesús) de los muertos, liberándolo de la agonía de la muerte, porque era imposible que la muerte pudiera mantener su control sobre él.
Pasajes más tarde, sin embargo, son mucho más explícitas. Romanos 5 habla de la muerte como de "reina de la época de Adán hasta el tiempo de Moisés", y varios pasajes de las epístolas hablan de la estadía de Cristo en la cruz y su resurrección como una confrontación con la muerte.
Estos versículos son: Rom. 6:9 y 2 Tim. 01:10. La muerte es todavía vista en las Escrituras. 1 Cor. 15:26 afirma "El último enemigo que será destruido es la muerte", lo que implica que la muerte no ha sido destruida de una vez por todas. Esta afirmación resulta cierta más tarde en el libro del Apocalipsis.
El autor de la Epístola a los Hebreos dice que Satanás "tiene el poder de la muerte" (hebreos 2:14). Está escrito que el Hijo se hizo hombre porque su muerte podría destruir al diablo, que es la cabeza de la bestia a que se refiere el Apocalipsis.
Una de las cabezas de la bestia parecía tener una herida mortal, pero su herida mortal había sido curada. (Apocalipsis 13:3).
Así como la cabeza de la serpiente como forma preventiva a que se refiere en Génesis 3:15:
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: ella te pisará en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
Si la cabeza en la que fue fatalmente herido, pero curado, se refiere a la muerte, esto se corresponde con 2 Tim. 1:10, que dice que Jesús "ha destruido la muerte" y la implicación de que la muerte aún no se había destruido en 1 Cor. 15:26. La victoria sobre la muerte también se le conoce como Vida eterna.
De la destrucción final de la muerte hace referencia Pablo en el capítulo 15 de 1 Corintios, dice que después de la resurrección general, las profecías de Isaías 25:8 y 13:14 Oseas, "Destruirá la muerte para siempre", y "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?" (Septuaginta), se cumplirán. Según Pablo, el poder de la Muerte se encuentra en el pecado, el cual es posible gracias a la ley, y que Dios "nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo". La victoria sobre la muerte también se discute en el Apoclipsis de Juan.
En el Islam la muerte es observada como un evento a celebrar en lugar de un ser terrible. Es el paso del alma eterna en una dimensión más cercana a su creador que es visto como un punto de alegría, en vez de la miseria, el dolor o la tristeza. Según la tradición islámica, el profeta Mahoma señala que el dolor es una forma aceptable de lo que nos hace humanos, sin embargo prolongar el duelo a costa de la vida es inadecuado, especialmente a la luz de la transición de un mundo a otro.
La muerte es representada por Azra'il, uno de los arcángeles de Alá en el Corán.
9/28/2015
El Ave Fénix
El mito del Ave Fénix, alimentó varias doctrinas y concepciones religiosas de supervivencia en el más allá, pues el Fénix muere para renacer con toda su gloria. Según el mito, poseía varios dones, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas, fuerza descomunal, control sobre el fuego y gran resistencia física. En el Antiguo Egipto se le denominaba Bennu y fue asociado a las crecidas del Nilo, a la resurrección, y al Sol. El Fénix ha sido un símbolo del renacimiento físico y espiritual, del poder del fuego, de la purificación, y la inmortalidad. Para heródoto, Plinio el Viejo y Epifanio de Salamina, esta sagrada ave viajaba a Egipto cada 500 años, y aparecía en la ciudad de Heliópolis, llevando sobre sus hombros el cadáver de su padre, a donde este iba a morir, para depositarlo en la puerta del templo Sol.
Probablemente la leyenda del Fénix pasó de la tradición egipcia a la grecorromana a través del historiador Heródoto (484-425 a.C.), quien cuenta en sus historias que viajó a Egipto y también conoció a los sacerdotes egipcios de Heliópolis.
Otra ave sagrada hay allí que sólo he visto en pintura, cuyo nombre es el de Fénix. Raras son, en efecto, las veces que se deja ver, y tan de tarde en tarde, que según los de Heliópolis sólo viene a Egipto cada 500 años a saber cuándo fallece su padre. Si en su tamaño y conformación es tal como la describen, su mote y figura son muy parecidas a las del águila, y sus plumas en parte doradas, en parte de color de carmesí. Tales son los prodigios que de ella nos cuentan, que aunque para mi poco dignos de fe, no omitiré el referirlos.
Para trasladar el cadáver de su padre desde la Arabia al templo del Sol, se vale de la siguiente maniobra: forma ante todo un huevo sólido de mirra, tan grande cuanto sus fuerzas alcancen para llevarlo, probando su peso después de formado para experimentar si es con ellas compatible; va después vaciándolo hasta abrir un hueco donde pueda encerrar el cadáver de su padre; el cual ajusta con otra porción de mirra y atesta de ella la concavidad, hasta que el peso del huevo preñado con el cadáver iguale al que cuando sólido tenía; cierra después la abertura, carga con su huevo, y lo lleva al templo del Sol en Egipto. He aquí, sea lo que fuere, lo que de aquel pájaro refieren.
Heródoto.
En adelante, el mito aparece en obras de autores clásicos diversos: el naturalista Plinio el Viejo, el escritor Luciano, el retórico Séneca, y los poetas Ovidio y Claudio Claudiano, o los cristianos Pablo de Tarso, el Papa Clemente de Roma, Epifanio o San Ambrosio incluso se puede ver su mención en la saga de Harry Potter.
Según la leyenda cristianizada, el ave Fénix vivía en el Jardín del Paraíso, y anidaba en un rosal. Cuando Adán y Eva fueron expulsados, de la espada del ángel que los desterró surgió una chispa que prendió el nido del Fénix, haciendo que ardieran éste y su inquilino. Por ser la única bestia que se había negado a probar la fruta del paraíso, se le concedieron varios done, como el poder del fuego y la luz, siendo el más destacado la inmortalidad a través de la capacidad de renacer de sus cenizas.
Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido de especias y hierbas aromáticas, ponía un único huevo, que empollaba durante 3 días, y al tercer día ardía. El Fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma Ave Fénix, siempre única y eterna. Esto ocurría cada 500 años.
Hay un ave, llamada Fénix. Esta es la única de su especie, vive 500 años; y cuando ha alcanzado la hora de su disolución y ha de morir, se hace un ataúd de incienso y mirra y otras especias, en el cual entra en la plenitud de su tiempo, y muere. Pero cuando la carne se descompone, es engendrada cierta larva, que se nutre de la humedad de la criatura muerta y le salen alas. Entonces, cuando ha crecido bastante, esta larva toma consigo el ataúd en que se hallan los huesos de su progenitor, y los lleva desde el país de Arabia al de Egipto, a un lugar llamado la Ciudad del Sol; y en pleno día, y a la vista de todos, volando hasta el altar del sol, los deposita allí; y una vez hecho esto, emprende el regreso. Entonces los sacerdotes examinan los registros de los tiempos, y encuentran que ha venido cuando se han cumplido los 500 años.
Clemente de Roma. Epístola a los Corintios (XXV)
Para San Ambrosio, el Ave Fénix muere consumida por el Sol, convertida en cenizas de las que renace, después de arder su cuerpo, como un pequeño animal sin miembros, un gusano muy blanco que crece y se aloja dentro de un huevo redondo, como si fuera una oruga que se vuelve mariposa, hasta que dejando de ser implume se transforma en un águila celeste que surca el firmamento estrellado.
Durante el reinado del emperador Claudio, un supuesto Fénix fue capturado en Egipto y trasladado a Roma, donde éste mandó exponerlo. Nadie se lo tomó enserio.
Claudio Caudiano (siglo IV), considerado el último de los grandes poetas romanos, comentaba:
El Fénix es un ave igual a los dioses celestes, que compite con las estrellas en su forma de vida y en la duración de su existencia, y vence el curso del tiempo con el renacer de sus miembros. No calma su hambre comiendo ni apaga su sed con fuente alguna.
Claudio Claudiano.
En la mitología china, el Fenghuang, aunque no tiene similitudes con el Fénix, ha sido denominado el "Fénix chino" por algunos occidentales, siendo una criatura con cuello de serpiente, el cuerpo de un pez y la parte trasera de tortuga. Simboliza la unión del Yin y el Yang.
Probablemente la leyenda del Fénix pasó de la tradición egipcia a la grecorromana a través del historiador Heródoto (484-425 a.C.), quien cuenta en sus historias que viajó a Egipto y también conoció a los sacerdotes egipcios de Heliópolis.
Otra ave sagrada hay allí que sólo he visto en pintura, cuyo nombre es el de Fénix. Raras son, en efecto, las veces que se deja ver, y tan de tarde en tarde, que según los de Heliópolis sólo viene a Egipto cada 500 años a saber cuándo fallece su padre. Si en su tamaño y conformación es tal como la describen, su mote y figura son muy parecidas a las del águila, y sus plumas en parte doradas, en parte de color de carmesí. Tales son los prodigios que de ella nos cuentan, que aunque para mi poco dignos de fe, no omitiré el referirlos.
Para trasladar el cadáver de su padre desde la Arabia al templo del Sol, se vale de la siguiente maniobra: forma ante todo un huevo sólido de mirra, tan grande cuanto sus fuerzas alcancen para llevarlo, probando su peso después de formado para experimentar si es con ellas compatible; va después vaciándolo hasta abrir un hueco donde pueda encerrar el cadáver de su padre; el cual ajusta con otra porción de mirra y atesta de ella la concavidad, hasta que el peso del huevo preñado con el cadáver iguale al que cuando sólido tenía; cierra después la abertura, carga con su huevo, y lo lleva al templo del Sol en Egipto. He aquí, sea lo que fuere, lo que de aquel pájaro refieren.
Heródoto.
En adelante, el mito aparece en obras de autores clásicos diversos: el naturalista Plinio el Viejo, el escritor Luciano, el retórico Séneca, y los poetas Ovidio y Claudio Claudiano, o los cristianos Pablo de Tarso, el Papa Clemente de Roma, Epifanio o San Ambrosio incluso se puede ver su mención en la saga de Harry Potter.
Según la leyenda cristianizada, el ave Fénix vivía en el Jardín del Paraíso, y anidaba en un rosal. Cuando Adán y Eva fueron expulsados, de la espada del ángel que los desterró surgió una chispa que prendió el nido del Fénix, haciendo que ardieran éste y su inquilino. Por ser la única bestia que se había negado a probar la fruta del paraíso, se le concedieron varios done, como el poder del fuego y la luz, siendo el más destacado la inmortalidad a través de la capacidad de renacer de sus cenizas.
Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido de especias y hierbas aromáticas, ponía un único huevo, que empollaba durante 3 días, y al tercer día ardía. El Fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma Ave Fénix, siempre única y eterna. Esto ocurría cada 500 años.
Hay un ave, llamada Fénix. Esta es la única de su especie, vive 500 años; y cuando ha alcanzado la hora de su disolución y ha de morir, se hace un ataúd de incienso y mirra y otras especias, en el cual entra en la plenitud de su tiempo, y muere. Pero cuando la carne se descompone, es engendrada cierta larva, que se nutre de la humedad de la criatura muerta y le salen alas. Entonces, cuando ha crecido bastante, esta larva toma consigo el ataúd en que se hallan los huesos de su progenitor, y los lleva desde el país de Arabia al de Egipto, a un lugar llamado la Ciudad del Sol; y en pleno día, y a la vista de todos, volando hasta el altar del sol, los deposita allí; y una vez hecho esto, emprende el regreso. Entonces los sacerdotes examinan los registros de los tiempos, y encuentran que ha venido cuando se han cumplido los 500 años.
Clemente de Roma. Epístola a los Corintios (XXV)
Para San Ambrosio, el Ave Fénix muere consumida por el Sol, convertida en cenizas de las que renace, después de arder su cuerpo, como un pequeño animal sin miembros, un gusano muy blanco que crece y se aloja dentro de un huevo redondo, como si fuera una oruga que se vuelve mariposa, hasta que dejando de ser implume se transforma en un águila celeste que surca el firmamento estrellado.
Durante el reinado del emperador Claudio, un supuesto Fénix fue capturado en Egipto y trasladado a Roma, donde éste mandó exponerlo. Nadie se lo tomó enserio.
Claudio Caudiano (siglo IV), considerado el último de los grandes poetas romanos, comentaba:
El Fénix es un ave igual a los dioses celestes, que compite con las estrellas en su forma de vida y en la duración de su existencia, y vence el curso del tiempo con el renacer de sus miembros. No calma su hambre comiendo ni apaga su sed con fuente alguna.
Claudio Claudiano.
En la mitología china, el Fenghuang, aunque no tiene similitudes con el Fénix, ha sido denominado el "Fénix chino" por algunos occidentales, siendo una criatura con cuello de serpiente, el cuerpo de un pez y la parte trasera de tortuga. Simboliza la unión del Yin y el Yang.
9/26/2015
Los Amantes de Teruel
En un edificio a mitad de lo que hoy es la calle de los Amantes, vivía Don Martín de Marcilla, descendiente de Don Blasco de Marcilla, uno de los audaces capitanes que en 1171, con el permiso del rey Alfonso II conquistó la villa de Teruel a los musulmanes.
Don Martín estaba casado con Doña Constanza Pérez Tizón y del matrimonio nacieron 3 hijos: Don Sancho, Don Diego y Don Pedro.
La familia Marcilla era muy importante en el Teruel de aquel entonces, pues el propio Don Martín de Marcilla fue Juez de Teruel durante los años 1192 y 1193.
Poseía una gran hacienda, pero en 1208 quedó empobrecida a causa de una terrible plaga de langosta que asoló la comarca de Teruel.
Muy próxima a la casa de los Marcilla, en lo que siempre se le ha conocido como el edificio de Sindicatos, vivía la familia de Don Pedro de Segura, que aunque de menos linaje y nobleza que los Marcilla, había prosperado más por su dedicación al comercio, llegando a ser una de las familias más ricas de Teruel.
El matrimonio Segura tenía una hermosa hija, Isabel de Segura, con la que Diego de Marcilla jugó desde niño y entabló una gran amistad durante su adolescencia.
Con el transcurso del tiempo y casi sin darse cuenta, los juegos y la amistad se fueron transformando en un juego de amor. Y por fin llegó el día en que Diego, sintiéndose plenamente enamorado de Isabel, le declaró su amor y su ardiente deseo de tenerla por compañera por toda la eternidad. Isabel, que compartía tales sentimientos, aceptó la proposición y ambos comenzaron a imaginar planes maravillosos sin que nada se interpusiera en su camino por el momento.
Así, enamorados, y de mutuo acuerdo, llegó el momento en que Diego, confiado y esperanzado, consideró necesario proponer sus pretensiones al padre de Isabel.
Don Pedro, sopesando las ventajas e inconvenientes de tal enlace, y comprendiendo que económicamente no le beneficiaba la alianza de su hija con el segundón de los Marcilla, se negó rotundamente, anteponiendo la riqueza a la nobleza y el interés material al amor desinteresado, puro y limpio.Los Amantes de Teruel, 1884. Antonio Muñoz Degraín. Museo del Prado. El duro golpe y el menosprecio recibido por Diego truncó todas sus alegrías y esperanzas, pasando de la felicidad más pura a la desesperación extremada.
Comprendiendo que era imposible la terquedad del que podía haber sido su suegro y que el único camino que había para conseguir a su amada, era enriquecerse, decidió partir en busca de riquezas, luchando en la guerra contra el infiel. Y así se lo hizo saber a Isabel: "Volveré un día a Teruel cargado de gloria para conseguir tu mano, o bien moriré como buen vasallo en la lucha".
Llegado el momento de partir, Isabel, con gran amargura, le confesó sus miedos al peligro, la soledad, la tristeza y a la ausencia de noticias de él.
Comprendiendo Diego que el sacrificio de su amada era injusto si él moría en el campo de batalla, propuso establecer un plazo de espera durante el cual se guardarían ambos fidelidad mutua.
De mutuo acuerdo fijaron un plazo de 5 años, agotados los cuales Isabel quedaba libre, para que de esta manera no agotase su vida estérilmente.
La despedida debió ser enternecedora, y sucedió en la primavera del año 1212, año en que Diego de Marcilla se dirigió a Zaragoza para unirse al ejército del rey de Aragón Don Pedro II y comenzar así su calvario.
Entre tanto, triste y sola, se quedaba Isabel en Teruel, oteando día tras día los lejanos horizontes, esperando.
Los días fueron pasando, las esperanzas se perdían e Isabel desvanecía cual flor marchita; ni siquiera los regalos de su padre para levantarle el ánimo le alegraban el espíritu. Y bien que se preocupaba de saber de Diego mediante las gentes venidas de Castilla a las cuales escuchaba con ansiedad sus relatos, pero era inútil, pues nadie sabía darle razón de él. Imaginando lo peor, ya no preguntaba a combatientes regresados ni a viajeros y mercaderes, sólo rezaba por él en Santa María de Mediavilla, San Pedro o el Salvador.
Así transcurrieron los días y los años, hasta que un día su padre tomó la determinación de obligarla a aceptar los galanteos de un turolense rico e ilustre muy del agrado del padre: Don Pedro de Azagra. Isabel daba largas al asunto, pero su padre insistía cada vez más en el enlace matrimonial.
Habían pasado ya 4 años y tal era la insistencia del padre, que Isabel aceptó el deseo paterno, pero con la condición de que lo cumpliría tras agotarse el plazo de espera que había pactado con Diego.
Por fin llegó la boda, y se celebró el mismo día en que se cumplían los 5 años, y justo el día en que Diego regresaba victorioso y habiendo conseguido la fortuna deseada.
Era ya pasada la media tarde cuando Diego, montado a caballo, subía a galope tendido por la cuesta de la Andaquilla. Cruzó el portal de Daroca y se dirigió a casa de los Segura con intención de ver a su amada.
Al llegar a la puerta no salía de su asombro al ver tanta gente y semejante jolgorio. Acercándose a un grupo de jóvenes, preguntó por la causa de tal regocijo. Los jóvenes le informaron que se trataba de la boda de la hija de Don Pedro de Segura.
Amargura, dolor, rabia y pena es lo que sintió en aquel momento, pero aunque resentido ante tal ingratitud tomó la determinación de entrar para entrevistarse con Isabel y comprobar que efectivamente era cierta la noticia que acababa de recibir.
Se adentró en salas y estancias hasta encontrar a su amada. Ella al verle lo miró y tras leer en su mirada la acusación y el reproche, cayó desvanecida. Ya recuperada, pidió permiso a los presentes para retirarse a solas por unos momentos. Él la siguió disimuladamente hasta la alcoba nupcial y allí intercambiaron mutuos reproches. Diego le prometió marcharse para siempre de Teruel, a cambio lo único que le pidió fue un beso de despedida. Pero fue un beso que Isabel, fiel a su matrimonio, le negó por 3 veces. Ante tal crueldad Diego cayó muerto a los pies de Isabel.
Aterrorizada y sobrecogida ante aquella muerte repentina, quedó inmóvil sin saber qué hacer. Al momento reaccionó, se acercó a Diego e intentó reanimarlo, pensando que bien podía tratarse de un desvanecimiento, pero fue inútil: Diego acababa de morir.
Dada la tardanza de Isabel, su marido fue a buscarla. Al entrar en la estancia, quedó atónito al ver el cadáver. Al reconocer el difunto consideró que no era conveniente que los invitados se percatasen del suceso, así que organizó su plan: cuando los invitados ya se habían marchado y la quietud y las sombras de la noche invadían la villa, tomó el cuerpo de Diego, lo sacó de casa de los Segura y lo dejó abandonado en un callejón cerca de la casa de los Marcilla, cual si de un invitado poseído por el alcohol se tratase.
Al amanecer el nuevo día, Don Martín de Marcilla volvía a ver a su hijo tras 5 años de ausencia, pero... sin vida. Amargo momento para unos padres que después de 5 años de espera tenían que recibir la visita de su hijo en cuerpo inerte.
En casa de los Segura nadie daba crédito a lo sucedido, pues bien se encargaron Isabel y su marido de guardar silencio. Mientras tanto, Teruel, vestido de luto, acudía a casa de los Marcilla para expresar su condolencia.
Don Martín resolvió celebrar los funerales de su hijo en la iglesia de San Pedro, y allí, sobre un catafalco, y sin cubrir, fue depositado el cuerpo de Diego.
Isabel, presa de los remordimientos y agobiada por la angustia, tomó un manto, cubrió su rostro para no ser reconocida y se sumó a la comitiva.
Al llegar a la iglesia, tras clavar la mirada en el cadáver de su amado, atravesó la nave y, deseosa de reparar el mal causado, se dispuso a dar a Diego el beso que le negó en vida. Arrojándose sobre el cadáver, unió su boca a la de su amado, proporcionándole un beso intenso. Este fue su primer y último beso, pues con él acababa de exhalar en ese mismo momento su último aliento vital, toda vez que quedaba unida para siempre al hombre a quien tanto había amado y a quien no había podido unirse en vida.
Las personas más próximas intentaron apartarla creyéndola desmayada sobre el difunto, pero fue inútil, y mayor fue la sorpresa al comprobar que se trataba de Isabel de Segura.
Por indicación expresa de algún pariente respetado, se acordó enterrarlos juntos en la misma sepultura. Y así se hizo, se les dio sepultura en la capilla de San Cosme y San Damián de la Iglesia de San Pedro, donde en 1555 fueron halladas sus momias junto con un documento que atestiguaba el suceso.
Hoy en día todavía es posible visitar los cuerpos incorruptos de los dos amantes, tras muchos avatares de la historia, descansan definitivamente en un sepulcro de alabastro, Diego e Isabel seguirán juntos para siempre uno al lado del otro, sin embargo hay que ser observador y notar que aunque las esculturas de ambos féretros descansan una al lado de la otra, sus manos no llegan a tocarse. Permanecen como cuando vivían, juntos si, pero el uno sin el otro.
Don Martín estaba casado con Doña Constanza Pérez Tizón y del matrimonio nacieron 3 hijos: Don Sancho, Don Diego y Don Pedro.
La familia Marcilla era muy importante en el Teruel de aquel entonces, pues el propio Don Martín de Marcilla fue Juez de Teruel durante los años 1192 y 1193.
Poseía una gran hacienda, pero en 1208 quedó empobrecida a causa de una terrible plaga de langosta que asoló la comarca de Teruel.
Muy próxima a la casa de los Marcilla, en lo que siempre se le ha conocido como el edificio de Sindicatos, vivía la familia de Don Pedro de Segura, que aunque de menos linaje y nobleza que los Marcilla, había prosperado más por su dedicación al comercio, llegando a ser una de las familias más ricas de Teruel.
El matrimonio Segura tenía una hermosa hija, Isabel de Segura, con la que Diego de Marcilla jugó desde niño y entabló una gran amistad durante su adolescencia.
Con el transcurso del tiempo y casi sin darse cuenta, los juegos y la amistad se fueron transformando en un juego de amor. Y por fin llegó el día en que Diego, sintiéndose plenamente enamorado de Isabel, le declaró su amor y su ardiente deseo de tenerla por compañera por toda la eternidad. Isabel, que compartía tales sentimientos, aceptó la proposición y ambos comenzaron a imaginar planes maravillosos sin que nada se interpusiera en su camino por el momento.
Así, enamorados, y de mutuo acuerdo, llegó el momento en que Diego, confiado y esperanzado, consideró necesario proponer sus pretensiones al padre de Isabel.
Don Pedro, sopesando las ventajas e inconvenientes de tal enlace, y comprendiendo que económicamente no le beneficiaba la alianza de su hija con el segundón de los Marcilla, se negó rotundamente, anteponiendo la riqueza a la nobleza y el interés material al amor desinteresado, puro y limpio.Los Amantes de Teruel, 1884. Antonio Muñoz Degraín. Museo del Prado. El duro golpe y el menosprecio recibido por Diego truncó todas sus alegrías y esperanzas, pasando de la felicidad más pura a la desesperación extremada.
Comprendiendo que era imposible la terquedad del que podía haber sido su suegro y que el único camino que había para conseguir a su amada, era enriquecerse, decidió partir en busca de riquezas, luchando en la guerra contra el infiel. Y así se lo hizo saber a Isabel: "Volveré un día a Teruel cargado de gloria para conseguir tu mano, o bien moriré como buen vasallo en la lucha".
Llegado el momento de partir, Isabel, con gran amargura, le confesó sus miedos al peligro, la soledad, la tristeza y a la ausencia de noticias de él.
Comprendiendo Diego que el sacrificio de su amada era injusto si él moría en el campo de batalla, propuso establecer un plazo de espera durante el cual se guardarían ambos fidelidad mutua.
De mutuo acuerdo fijaron un plazo de 5 años, agotados los cuales Isabel quedaba libre, para que de esta manera no agotase su vida estérilmente.
La despedida debió ser enternecedora, y sucedió en la primavera del año 1212, año en que Diego de Marcilla se dirigió a Zaragoza para unirse al ejército del rey de Aragón Don Pedro II y comenzar así su calvario.
Entre tanto, triste y sola, se quedaba Isabel en Teruel, oteando día tras día los lejanos horizontes, esperando.
Los días fueron pasando, las esperanzas se perdían e Isabel desvanecía cual flor marchita; ni siquiera los regalos de su padre para levantarle el ánimo le alegraban el espíritu. Y bien que se preocupaba de saber de Diego mediante las gentes venidas de Castilla a las cuales escuchaba con ansiedad sus relatos, pero era inútil, pues nadie sabía darle razón de él. Imaginando lo peor, ya no preguntaba a combatientes regresados ni a viajeros y mercaderes, sólo rezaba por él en Santa María de Mediavilla, San Pedro o el Salvador.
Así transcurrieron los días y los años, hasta que un día su padre tomó la determinación de obligarla a aceptar los galanteos de un turolense rico e ilustre muy del agrado del padre: Don Pedro de Azagra. Isabel daba largas al asunto, pero su padre insistía cada vez más en el enlace matrimonial.
Habían pasado ya 4 años y tal era la insistencia del padre, que Isabel aceptó el deseo paterno, pero con la condición de que lo cumpliría tras agotarse el plazo de espera que había pactado con Diego.
Por fin llegó la boda, y se celebró el mismo día en que se cumplían los 5 años, y justo el día en que Diego regresaba victorioso y habiendo conseguido la fortuna deseada.
Era ya pasada la media tarde cuando Diego, montado a caballo, subía a galope tendido por la cuesta de la Andaquilla. Cruzó el portal de Daroca y se dirigió a casa de los Segura con intención de ver a su amada.
Al llegar a la puerta no salía de su asombro al ver tanta gente y semejante jolgorio. Acercándose a un grupo de jóvenes, preguntó por la causa de tal regocijo. Los jóvenes le informaron que se trataba de la boda de la hija de Don Pedro de Segura.
Amargura, dolor, rabia y pena es lo que sintió en aquel momento, pero aunque resentido ante tal ingratitud tomó la determinación de entrar para entrevistarse con Isabel y comprobar que efectivamente era cierta la noticia que acababa de recibir.
Se adentró en salas y estancias hasta encontrar a su amada. Ella al verle lo miró y tras leer en su mirada la acusación y el reproche, cayó desvanecida. Ya recuperada, pidió permiso a los presentes para retirarse a solas por unos momentos. Él la siguió disimuladamente hasta la alcoba nupcial y allí intercambiaron mutuos reproches. Diego le prometió marcharse para siempre de Teruel, a cambio lo único que le pidió fue un beso de despedida. Pero fue un beso que Isabel, fiel a su matrimonio, le negó por 3 veces. Ante tal crueldad Diego cayó muerto a los pies de Isabel.
Aterrorizada y sobrecogida ante aquella muerte repentina, quedó inmóvil sin saber qué hacer. Al momento reaccionó, se acercó a Diego e intentó reanimarlo, pensando que bien podía tratarse de un desvanecimiento, pero fue inútil: Diego acababa de morir.
Dada la tardanza de Isabel, su marido fue a buscarla. Al entrar en la estancia, quedó atónito al ver el cadáver. Al reconocer el difunto consideró que no era conveniente que los invitados se percatasen del suceso, así que organizó su plan: cuando los invitados ya se habían marchado y la quietud y las sombras de la noche invadían la villa, tomó el cuerpo de Diego, lo sacó de casa de los Segura y lo dejó abandonado en un callejón cerca de la casa de los Marcilla, cual si de un invitado poseído por el alcohol se tratase.
Al amanecer el nuevo día, Don Martín de Marcilla volvía a ver a su hijo tras 5 años de ausencia, pero... sin vida. Amargo momento para unos padres que después de 5 años de espera tenían que recibir la visita de su hijo en cuerpo inerte.
En casa de los Segura nadie daba crédito a lo sucedido, pues bien se encargaron Isabel y su marido de guardar silencio. Mientras tanto, Teruel, vestido de luto, acudía a casa de los Marcilla para expresar su condolencia.
Don Martín resolvió celebrar los funerales de su hijo en la iglesia de San Pedro, y allí, sobre un catafalco, y sin cubrir, fue depositado el cuerpo de Diego.
Isabel, presa de los remordimientos y agobiada por la angustia, tomó un manto, cubrió su rostro para no ser reconocida y se sumó a la comitiva.
Al llegar a la iglesia, tras clavar la mirada en el cadáver de su amado, atravesó la nave y, deseosa de reparar el mal causado, se dispuso a dar a Diego el beso que le negó en vida. Arrojándose sobre el cadáver, unió su boca a la de su amado, proporcionándole un beso intenso. Este fue su primer y último beso, pues con él acababa de exhalar en ese mismo momento su último aliento vital, toda vez que quedaba unida para siempre al hombre a quien tanto había amado y a quien no había podido unirse en vida.
Las personas más próximas intentaron apartarla creyéndola desmayada sobre el difunto, pero fue inútil, y mayor fue la sorpresa al comprobar que se trataba de Isabel de Segura.
Por indicación expresa de algún pariente respetado, se acordó enterrarlos juntos en la misma sepultura. Y así se hizo, se les dio sepultura en la capilla de San Cosme y San Damián de la Iglesia de San Pedro, donde en 1555 fueron halladas sus momias junto con un documento que atestiguaba el suceso.
Hoy en día todavía es posible visitar los cuerpos incorruptos de los dos amantes, tras muchos avatares de la historia, descansan definitivamente en un sepulcro de alabastro, Diego e Isabel seguirán juntos para siempre uno al lado del otro, sin embargo hay que ser observador y notar que aunque las esculturas de ambos féretros descansan una al lado de la otra, sus manos no llegan a tocarse. Permanecen como cuando vivían, juntos si, pero el uno sin el otro.
9/23/2015
El barbero de la calle San Pablo (Córdoba)
No todos los personajes de esta Córdoba van a ser tiernos y entrañables, hay de todo. Según la época en que nos movamos, quizás estos sean los menos. Ha habido en esta ciudad bastantes personajes siniestros, a lo largo de la historia. De este que comentamos a continuación, sabemos poco. ¿Un asesinato? ¿Una ejecución? ¿Un robo? El móvil sólo lo sabría el protagonista.
Uno de los sucesos que más impactó a los cordobeses, llegando a tener difusión a nivel del país, fue sin duda el que se vino a llamar el crimen de la calle de San Pablo.Ocurrió en Enero de 1943, en una barbería que estaba ubicada en el número 6 de la calle de San Pablo, una vez pasado un bar que existe en la actualidad, y antes de llegar al constructor de guitarras.
Durante un tiempo, cuando pasaba por allí con mi padre, éste siempre me señalaba el lugar y creo recordar que hubo en él, cuando desapareció la barbería, un comercio de productos de cosmética.
El barbero propietario del establecimiento, se llamaba Francisco Reyes Serroche, y tenía 53 años. Una tarde, asesinó con una navaja barbera a un cobrador del Banco Español de Crédito, D. Enrique Gallego Gómez, robándole el dinero que portaba, producto de unos cobros que había realizado en esta tarde. Esa fue la versión oficial, sin que esto quisiera indicar que no hubiese otra.
Francisco Reyes, cerró la barbería y trasladó el cuerpo del infortunado cobrador a la trastienda. Con la mayor frialdad del mundo procedió a descuartizarlo, con un serrucho, un gran cuchillo y un hocino, que había adquirido previamente en una ferretería de la calle María Cristina.Todas las tardes bajaba hacia la Ribera camino de su casa - vivía en la Plaza de la Fuensanta -, con un pequeño paquete envuelto con papel de periódico debajo del brazo, que contenía parte del cuerpo del cobrador, para arrojarlo al río. La desaparición del Sr. Gallego, dio pábulo a múltiples historias misteriosas, entre las que destacaba, que pertenecía a una sociedad secreta. La sociedad y el gobierno de la época, eran muy dados a publicitar, esas cosas. Que si la Mano Negra. Que si la masonería. Que si... A colación de ello, en la época se hablaba de "una confabulación marxista - judeo-masónica", vamos una combinación explosiva de ser cierta. Luego al paso del tiempo se ha constado que los masones no pasaron se ser una sociedad gremial, y comparados con los citados gobernantes, unas hermanitas de la caridad. Los marxistas luchaban por la restitución de la República. No se puede decir lo mismo de los judíos, que por sus hehcos actuales conocemos, pero no se referían al actual gobierno de Israel, que aún no existía, sino a los judíos bíblicos o a una identificación con el pensamiento hitleriano que el régimen compartía.
La policía, dirigida por el Comisario Jefe Sr. Cortecero, y el Comisario Tarodo, de la Brigada Criminal, secundados por los Agentes, Llamas, Villareal, Gálvez y Rivas, lograron esclarecer el caso. El 28 de Enero llegaron sus pesquisas a feliz término, con la detención del presunto asesino, que pasó a la Prisión Provincial. En la trastienda de la barbería se encontraron unos bidones, todavía con restos humanos, que no le había dado tiempo a tirar. Decían los comentarios del momento que, la cabeza se le resistía, no había sido capaz de tirarla aún. Los restos fueron trasladados al Cementerio de la Salud. Se ordenó una búsqueda por la zona del Molino de Martos, lugar donde dijo Francisco había arrojado los restos, pero no se encontró nada. La fuerte corriente del río los llevaría río abajo o sus habitantes dieron cuenta de ellos.
El barbero fue juzgado el día 4 de Febrero, por un Consejo de Guerra, cuyo Tribunal presidió un coronel, que lo era del Regimiento de Artillería, Sr. Aguilar Galindo, actuando como fiscal el de la Audiencia, Sr. Mendieta, y como defensor un Alférez de Infntería, Sr. Guerrero Jurado. Fue condenado a muerte y ejecutado días después. Tenía dos hijos.
La prensa del momento, no fue muy explícita con el trágico acontecimiento, y a penas ocupó unas columnas en páginas interiores. Sí se dio una circunstancia casual curiosa, y a su vez también trágica.
Cuando el pelotón de fusilamiento regresó a su cuartel, al entrar uno de los guardias en el dormitorio de solteros, recibió un balazo de otro compañero que estaba limpiando el arma y se le disparó accidentalmente, hecho que llegó a la calle bastante tiempo después, y del que no se hizo eco ningún medio informativo.
Uno de los sucesos que más impactó a los cordobeses, llegando a tener difusión a nivel del país, fue sin duda el que se vino a llamar el crimen de la calle de San Pablo.Ocurrió en Enero de 1943, en una barbería que estaba ubicada en el número 6 de la calle de San Pablo, una vez pasado un bar que existe en la actualidad, y antes de llegar al constructor de guitarras.
Durante un tiempo, cuando pasaba por allí con mi padre, éste siempre me señalaba el lugar y creo recordar que hubo en él, cuando desapareció la barbería, un comercio de productos de cosmética.
El barbero propietario del establecimiento, se llamaba Francisco Reyes Serroche, y tenía 53 años. Una tarde, asesinó con una navaja barbera a un cobrador del Banco Español de Crédito, D. Enrique Gallego Gómez, robándole el dinero que portaba, producto de unos cobros que había realizado en esta tarde. Esa fue la versión oficial, sin que esto quisiera indicar que no hubiese otra.
Francisco Reyes, cerró la barbería y trasladó el cuerpo del infortunado cobrador a la trastienda. Con la mayor frialdad del mundo procedió a descuartizarlo, con un serrucho, un gran cuchillo y un hocino, que había adquirido previamente en una ferretería de la calle María Cristina.Todas las tardes bajaba hacia la Ribera camino de su casa - vivía en la Plaza de la Fuensanta -, con un pequeño paquete envuelto con papel de periódico debajo del brazo, que contenía parte del cuerpo del cobrador, para arrojarlo al río. La desaparición del Sr. Gallego, dio pábulo a múltiples historias misteriosas, entre las que destacaba, que pertenecía a una sociedad secreta. La sociedad y el gobierno de la época, eran muy dados a publicitar, esas cosas. Que si la Mano Negra. Que si la masonería. Que si... A colación de ello, en la época se hablaba de "una confabulación marxista - judeo-masónica", vamos una combinación explosiva de ser cierta. Luego al paso del tiempo se ha constado que los masones no pasaron se ser una sociedad gremial, y comparados con los citados gobernantes, unas hermanitas de la caridad. Los marxistas luchaban por la restitución de la República. No se puede decir lo mismo de los judíos, que por sus hehcos actuales conocemos, pero no se referían al actual gobierno de Israel, que aún no existía, sino a los judíos bíblicos o a una identificación con el pensamiento hitleriano que el régimen compartía.
La policía, dirigida por el Comisario Jefe Sr. Cortecero, y el Comisario Tarodo, de la Brigada Criminal, secundados por los Agentes, Llamas, Villareal, Gálvez y Rivas, lograron esclarecer el caso. El 28 de Enero llegaron sus pesquisas a feliz término, con la detención del presunto asesino, que pasó a la Prisión Provincial. En la trastienda de la barbería se encontraron unos bidones, todavía con restos humanos, que no le había dado tiempo a tirar. Decían los comentarios del momento que, la cabeza se le resistía, no había sido capaz de tirarla aún. Los restos fueron trasladados al Cementerio de la Salud. Se ordenó una búsqueda por la zona del Molino de Martos, lugar donde dijo Francisco había arrojado los restos, pero no se encontró nada. La fuerte corriente del río los llevaría río abajo o sus habitantes dieron cuenta de ellos.
El barbero fue juzgado el día 4 de Febrero, por un Consejo de Guerra, cuyo Tribunal presidió un coronel, que lo era del Regimiento de Artillería, Sr. Aguilar Galindo, actuando como fiscal el de la Audiencia, Sr. Mendieta, y como defensor un Alférez de Infntería, Sr. Guerrero Jurado. Fue condenado a muerte y ejecutado días después. Tenía dos hijos.
La prensa del momento, no fue muy explícita con el trágico acontecimiento, y a penas ocupó unas columnas en páginas interiores. Sí se dio una circunstancia casual curiosa, y a su vez también trágica.
Cuando el pelotón de fusilamiento regresó a su cuartel, al entrar uno de los guardias en el dormitorio de solteros, recibió un balazo de otro compañero que estaba limpiando el arma y se le disparó accidentalmente, hecho que llegó a la calle bastante tiempo después, y del que no se hizo eco ningún medio informativo.
9/21/2015
Náyades
En la mitología griega, las náyades eran las ninfas de los cuerpos de agua dulce - fuentes, pozos, manantiales, arroyos y riachuelos -, y encarnaban la divinidad del curso del agua que habitaban, de la misma forma que los oceánidas eran las personificaciones divinas de los ríos y algunos espíritus muy antiguos que habitaban las aguas estancadas de pantanos, estanques y lagunas, como en la Lerna premicénica de la Argólida.
Aunque las náyades estaban asociadas con el agua dulce, las oceánides con el agua salada y las nereidas específicamente con el mar Mediterráneo, había cierto solapamiento debido a que los griegos pensaban en las aguas del mundo como en un sistema único, que se filtraba desde el mar a profundos espacios cevernosos en el seno de la tierra, desde donde subía ya dulce en filtraciones y manantiales. Aretusa, la ninfa de un manantial, podía abrirse paso a través de las corrientes subterráneas del Peloponeso para salir a la superficie en la isla de Sicilia.
En su calidad de ninfas, las náyades son seres femeninos, dotados de gran longevidad pero mortales. La esencia de una náyade estaba vinculada a su masa de agua, de forma que si ésta se secaba, ella moría. Aunque Walter Burkert señala que "cuando en la llíada (xx.4-9) Zeus llama a los dioses a asamblea en el Monte Olimpo, no son sólo los famosos olímpicos quienes acuden, sino también todas las ninfas y todos los ríos; sólo Océano queda en su puesto" (Burkert 1985), los oyentes griegos reconocían esta imposibilidad como una hipérboles del poeta, que proclamaba el poder universal de Zeus sobre el mundo natural antiguos: "la adoración de estas deidades", confirma Burkert, "está limitada sólo por el hecho de que están inseparablemente identificadas con una localidad específica".
Su genealogía cambia según el mitógrafo y la leyenda consultada: Homero las llama "hijas de Zeus", pero en otras partes se afirman que eran hijas de Océano. Es más común considerarlas hijas del dios río en el que habitan. Su genealogía, en cualquier caso, es variada. La ninfa acuática asociada con una fuente particular fue conocida por toda Europa, en lugares sin relación directa con Grecia, sobreviviendo en los pozos celtas del noroeste de Europa que más tarde fueron rededicados a los santos y en la Melusina medieval.
Todas las fuentes y manantiales célebres tienen su náyade o su grupo de náyades, normalmente consideradas hermanas, y su leyenda propia. Eran a menudo el objeto de cultos locales aracáicos, adoradas como esenciales para la fertilidad y la vida humana. Los jóvenes que alcanzaban la mayoría de edad dedicaban sus mechones infantiles a la náyade del manantial local. Con frecuencia se atribuía a las náyades virtudes curativas: los enfermos bebían el agua al que estaban asociados o bien, más raramente, se bañaban en ellas. Era éste el caso de Lerna, donde también se ahogaba ritualmente a animales. Los oráculos podían localizarse junto a antiguas fuentes.
Las náyades también podían ser peligrosas. En ocasiones, bañarse en sus aguas se consideraba un sacrilegio y las náyades tomaban represalias contra el ofensor. Verlas también podía ser motivo de castigo, lo que normalmente acarreaba como castigo la locura del infortunado testigo. Hilas, un tripulante del Argo, fue raptado por náyades fascinadas por su belleza. Las náyades eran también conocidas por sus celos. Tócrito contaba la historia de los celos de una náyade en la que un pastor, Dafnis, era el amante de Nomia, a quien fue infiel en varias ocasiones hasta que ésta en venganza lo cegó para siempre.
En el origen de muchas genealogías, como las de Icario, Erictonio o Tiestes, aparece una náyade. Cuando se creía que un rey mítico había desposado una náyade y fundado una ciudad, Robert Graves ofrece una lectura sociopolítica: los recién llegados helenos justificaban su presencia tomando como esposa a la náyade de la fuente, como en la historia anterior al mito de Aristeo en la que Hipseo, un rey de los lapitas, se casó con la ninfa Clidanope, con quien tuvo a Cirene. Entre los inmortales se da el paralelo de los amoríos y violaciones de Zeus, que según Graves registran la suplantación de antiguos cultos locales por otros olímpicos (Graves 1955). Aristeo tuvo una experiencia más allá de lo común con las náyades; cuando sus abejas murieron en Tesalia, fue a consultarlas. Su tía Aretusa le invitó a pasar bajo la superficie del agua, donde fue lavado en un manantial perpetuo y recibió consejo. Un mortal pero relacionado se había ahogado, siendo enviado como mensajero de esta forma para lograr consejo y favores de las náyades para su pueblo.
Aunque las náyades estaban asociadas con el agua dulce, las oceánides con el agua salada y las nereidas específicamente con el mar Mediterráneo, había cierto solapamiento debido a que los griegos pensaban en las aguas del mundo como en un sistema único, que se filtraba desde el mar a profundos espacios cevernosos en el seno de la tierra, desde donde subía ya dulce en filtraciones y manantiales. Aretusa, la ninfa de un manantial, podía abrirse paso a través de las corrientes subterráneas del Peloponeso para salir a la superficie en la isla de Sicilia.
En su calidad de ninfas, las náyades son seres femeninos, dotados de gran longevidad pero mortales. La esencia de una náyade estaba vinculada a su masa de agua, de forma que si ésta se secaba, ella moría. Aunque Walter Burkert señala que "cuando en la llíada (xx.4-9) Zeus llama a los dioses a asamblea en el Monte Olimpo, no son sólo los famosos olímpicos quienes acuden, sino también todas las ninfas y todos los ríos; sólo Océano queda en su puesto" (Burkert 1985), los oyentes griegos reconocían esta imposibilidad como una hipérboles del poeta, que proclamaba el poder universal de Zeus sobre el mundo natural antiguos: "la adoración de estas deidades", confirma Burkert, "está limitada sólo por el hecho de que están inseparablemente identificadas con una localidad específica".
Su genealogía cambia según el mitógrafo y la leyenda consultada: Homero las llama "hijas de Zeus", pero en otras partes se afirman que eran hijas de Océano. Es más común considerarlas hijas del dios río en el que habitan. Su genealogía, en cualquier caso, es variada. La ninfa acuática asociada con una fuente particular fue conocida por toda Europa, en lugares sin relación directa con Grecia, sobreviviendo en los pozos celtas del noroeste de Europa que más tarde fueron rededicados a los santos y en la Melusina medieval.
Todas las fuentes y manantiales célebres tienen su náyade o su grupo de náyades, normalmente consideradas hermanas, y su leyenda propia. Eran a menudo el objeto de cultos locales aracáicos, adoradas como esenciales para la fertilidad y la vida humana. Los jóvenes que alcanzaban la mayoría de edad dedicaban sus mechones infantiles a la náyade del manantial local. Con frecuencia se atribuía a las náyades virtudes curativas: los enfermos bebían el agua al que estaban asociados o bien, más raramente, se bañaban en ellas. Era éste el caso de Lerna, donde también se ahogaba ritualmente a animales. Los oráculos podían localizarse junto a antiguas fuentes.
Las náyades también podían ser peligrosas. En ocasiones, bañarse en sus aguas se consideraba un sacrilegio y las náyades tomaban represalias contra el ofensor. Verlas también podía ser motivo de castigo, lo que normalmente acarreaba como castigo la locura del infortunado testigo. Hilas, un tripulante del Argo, fue raptado por náyades fascinadas por su belleza. Las náyades eran también conocidas por sus celos. Tócrito contaba la historia de los celos de una náyade en la que un pastor, Dafnis, era el amante de Nomia, a quien fue infiel en varias ocasiones hasta que ésta en venganza lo cegó para siempre.
En el origen de muchas genealogías, como las de Icario, Erictonio o Tiestes, aparece una náyade. Cuando se creía que un rey mítico había desposado una náyade y fundado una ciudad, Robert Graves ofrece una lectura sociopolítica: los recién llegados helenos justificaban su presencia tomando como esposa a la náyade de la fuente, como en la historia anterior al mito de Aristeo en la que Hipseo, un rey de los lapitas, se casó con la ninfa Clidanope, con quien tuvo a Cirene. Entre los inmortales se da el paralelo de los amoríos y violaciones de Zeus, que según Graves registran la suplantación de antiguos cultos locales por otros olímpicos (Graves 1955). Aristeo tuvo una experiencia más allá de lo común con las náyades; cuando sus abejas murieron en Tesalia, fue a consultarlas. Su tía Aretusa le invitó a pasar bajo la superficie del agua, donde fue lavado en un manantial perpetuo y recibió consejo. Un mortal pero relacionado se había ahogado, siendo enviado como mensajero de esta forma para lograr consejo y favores de las náyades para su pueblo.
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